La Distorsión Inteligente: Big Black

Big Black: 25 años sin la máquina infernal.
Un cuarto de siglo ya ha pasado desde que Steve Albini, Santiago Durango y Dave Riley separaron sus caminos, echando el cierre a uno de los proyectos más abrumadores de la historia de la música. Durante todo este tiempo su legado no ha dejado de crecer y crecer, pudiendo rastrearse su innegable huella en algunas de las bandas más excitantes de la época dorada del post-hardcore: Unsane, The Ex, The Jesus Lizard y Bastro son solo algunas de los grupos más importantes que han tomado su testigo con discos apabullantes que, sin embargo, nunca han podido acercarse lo suficiente a las excelencias promovidas desde las mentes insanas de Albini y compañía.
Buceando en los orígenes de Big Black, la formación del trío de Evanston, Illinois, nace del hecho fortuito que ocurre en 1979 el día que Albini se rompe la pierna al ser atropellado por un coche cuando iba en moto. Escayolado, e inmóvil, a Albini se le ocurre la feliz idea de aprender a tocar el bajo durante su convalecencia. A partir de este crucial momento, Albini se dedica a tocar con “collage bands” como Stations, sembrando la semilla que florecerá en un cactus salvaje llamado Big Black. Primero como un proyecto en solitario, Albini realiza en 1981 la primera grabación, “Lungs”, bajo el cuño de Big Black, en el dormitorio de su casa, tocando él mismo guitarra, bajo y la mítica caja de ritmos Tr-606 por la que el característico sonido de Big Black será siempre reconocido.Como los Beach Boys en el pop, Public Enemy dentro del Hip-hop, o Marvin Gaye en el soul, Big Black dejaron en los terrenos del post-hardcore un legado inigualable, al que solo los momentos más inspirados de Fugazi, Slint y Shellac – la última encarnación de Albini – pueden mirar de tú a tú.
Tras este apabullante campo de pruebas, Big Black se aprovecha de la llegada de Riley al bajo para dotar a su discurso musical con una nueva perspectiva rítmica de funk deshumanizado, ayudando a cumplir la promesa escrita por Albini en la contraportada de su anterior disco, “Racer X”, “The next one’s gonna makes you shit on your pants”. Dicho y hecho, no hay otra opción ante barbaridades como “Passing Complexion”, “Fists of Love”, “Jordan, Minnesotta y, sobre todo, “Kerosene”, un puñetazo en el bajo vientre de los que no se olvidan ni con una piedra al cuello debajo del agua. Sadismo, alcoholismo, asesinos a sueldo, el temario de Albini en “Atomizer” (1986) sigue recorriendo los temas más escabrosos, en los que las letras de las canciones parece que se han parido al unísono de la parte instrumental.

A raíz de “Atomizer” todo empieza a desmadrarse con un éxito, siempre underground, que traspasa fronteras y llega a Europa gracias al sello Blast First. Esto unido a giras nuevas por el viejo continente; las constantes borracheras de Riley – estropeando algún que otro concierto -; el repentino interés de sellos discográficos mayores; y una continua polémica sobre la, completamente falsa, homofobia Albini acaban por superar todas las expectativas sobre las que habían cimentado su trayectoria musical por los subsuelos del indie americano. Un descontrol que acaba con el grupo a finales de 1987, no sin antes pasar de Homestead records a Touch & Go desde donde publican el genial ep “Headache”, como complemento perfecto a la Biblia del post-hardcore, el devastador “Songs About Fucking” (1987).
Anunciado canto del cisne, “Songs about Fucking” sorprende por una, todavía, mayor agresividad que sus anteriores trabajos, siguiendo la línea ascendente, y dejando un botín de clásicos imperecederos – “L Dopa”, “Pavement Saw”, “Bad Penny”, “Fish Fry” – a mayor gloria de Albini y sus drugos, que, incluso, se atreven con una representativa reinterpretación del “The Model” de Kraftwerk, dejando para la posteridad una de las mejores versiones que se hayan hecho nunca. Una obra inmortal, aún no igualada, que añade más razones de peso a un culto que no ha dejado de crecer desde el día que Big Black dejó de ser una banda activa.
Tras el cierre de Big Black, Albini no ha perdido el tiempo como productor de renombre -Pixies, PJ. Harvey, Nirvana, The Wedding Present pasaron por sus manos- y cabeza visible del fabuloso proyecto de transición Rapeman, antes de embarcarse con Shellac desde donde, junto a Bob Weston y Todd Trainer, lleva dos décadas dando más motivos para una mas que justificada canonización, desde los más altos estamentos del Infierno, el triste día que su cuerpo en vida deje de seguir en busca del calambre definitivo.
Discos recomendados:
Lp “Atomizer” (homestead 1986)
-




