ZuriArt

Momento

10 agosto, 2012
Por Zuri

En el momento justo de pararme a orinar en una de las pocas obras esparcidas en el camino a casa, a eso de las cuatro de la mañana, me adelantan dos chavales algo perjudicados, algo más que yo. Termino y sigo detrás de ellos a algo de distancia, van jugueteando con la intoxicación etílica que llevan encima y se dedican a dar tumbos, pegar patadas a lo que se encuentran y mover de sitio los cubos de basura. Incluso se permiten el lujo de cambiar de acera para vacilar a unas muchachas que se cruzan con ellos. En esos momentos me voy mordiendo la lengua, porque, todos hemos tenido la misma edad al fin y al cabo. Pero, un ruido y la cara de uno de ellos mirándome como único testigo me hace saltar y decirles que se comporten de una puta vez. De una patada habían tirado una Vespa contra otra que estaba aparcada. Les pido que pongan las motos de pie y que se dejen ya de rollos… para qué… uno de ellos, el más gordo y ancho, el que había tirado las motos, se viene hacia mí con cara de malote. En ese momento no me lo pienso, por muy flojos que fueran sus cerebros, eran dos y con edad de hacer daño… así que no me queda otra que andar tranquilamente hacia él y, cuando veo el menor atisbo de agresión, plantarle toda la suela mi zapato, recién estrenado, en el pecho de su camiseta, como el que abre una puerta en una redada de serie estadounidense. Entre esto y el golpe sordo que suena al caer su enorme espalda contra el suelo, me quedo casi igual de impresionado que su amigo que corre a levantar las motos. Me doy la vuelta y al escuchar al gordo intentar levantarse le piso el cuello y le digo que no se atreva a seguirme. Ahora sí, sigo camino a casa, callejeando todo lo que puedo y mirando hacia atrás, por si acaso.