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¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia

Por Marcos Gendre 0

Para no faltar a la costumbre, Editorial Contra prosigue con su ojo clínico para lanzarse a por esa raza en extinción conocida como libro “definitivo”; en este caso, de lo que se entiende como una escena musical, tanto a nivel musical como sociológico. Si en 2014 publicaban Energy Flash, el ensayo más nutritivo que se haya escrito jamás sobre música dance, ahora nos presentan ¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia, 1980-1995, su hermano pequeño estatal. Pero cuidado, lo de “pequeño” básicamente está determinado por centrarse en un único fenómeno, que bien se merecía un adentramiento como el que nos ocupa, uno mediante el que hacer justicia a lo que acabaría siendo prejuzgado de forma totalmente superficial con la acepción de esa maldita “k” de bakalao. Tal como explica Luis Costa -autor y una de las voces más fiables dentro de la música electrónica estatal-, cada vez que los entrevistados escuchaban esa “k”, su rostro tornaba en expresión severa. El efecto generado por la dichosa “k” se

Luis Costa, autor de ¡Bacalao!

entiende a las primeras de cambio. No en vano, aunque el subtítulo del libro centre sus años de acción entre 1980 y 1995, la historia oral aquí hilada parte de los años 60, del paso de una juventud que vivió el boom turístico en plena dictadura para luego entrar en los años de la transición, cuando se cocinó el cambio de las típicas discotecas guateque, con su obligada ración de “lentas”, acorde a la nueva música que llegaba mediante los discos de importación con denominación new wave british o tecno pop germano. En este trasvase de conceptos se coció el renovado rol dominante del DJ, como en las grotescas actuaciones ideadas por Toni “el gitano” o en las quijotescas andanzas de Juan Santamaría, gran pionero de todo lo que vino después. De hecho, conceptos como el de DJ residente se gestó en aquellos años en locales como Galaxy o Barraca. Porque, más allá de esa gran oda al desenfreno en la que se convirtió la denominada “ruta del bakalao”, sus verdaderos orígenes rezuman tanta inquietud como para haber organizado conciertos a Soft Cell o a unos imberbes Depeche Mode. Estamos hablando de principios de los 80, cuando traerse a esta clase de grupos era poco menos que la chifladura de un par de taraos. Detalles como éste definen la visión que Tony Wilson, gran ideólogo de Madchester, tenía de Valencia, la ciudad de Europa que más se parecía a la Mánchester del éxtasis y el brío house que se había inventado desde el Fac 1, tal como había denominado al club más cool de la gran capital de la Revolución Industrial. Las conexiones entre ambas escenas son más que evidentes, tanto como que Valencia se transformó en el gran gigante de las excursiones alucinadas de fin de semana y en la concepción de un estilo de vida definido por una mezcla alto voltaica de pirulas, rayas y tecno revolucionado a una reformulación bestial de beats per minute.

Leyendas urbanas, anécdotas imposibles, tragedia y gloria efímera, a lo largo de las 366 páginas que nutren este libro, Luis Costa no sólo ofrece un relato absorbente y revelador, sino que, a través de las decenas de voces invitadas, nos muestra un sinfín de pruebas concluyentes servidas en bandeja de plata para que el lector se haga su propio juicio sobre la dimensión real de todo lo que significó la explosión social y sonora mascada en aquellos años, los de una Valencia que parecía avanzar en perfecta simbiosis entre revolución musical rave y el contexto quinqui de las películas de Eloy de la Iglesia. Tal equilibrio, expresado entre el más genuino acento de la calle y la reflexión speedica, palpita entre cada una de las frases que aceleran su lectura a nivel molecular: como si cada página se tragase a la anterior. Lo que se entiende como un libro de lectura voraz. ¿El más brillante jamás escrito sobre un fenómeno musical en España? Pues eso y más. Para todo el que quiera saber el porqué de ese “más”, mejor que se evite spoilers y lo entienda por sí mismo; pocas veces la experiencia estará tan asegurada. Y sin necesidad de ayudas farmacológicas…

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