Crónica del concierto de Russian Circles en Madrid

Por Cristina Castellanos 0

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Nueva cita con Russian Circles en Madrid, en lo que ya viene siendo una celebradísima tradición para los aficionados al post-rock y al post-metal de la capital. Y es que los de Chicago no son precisamente una de esas bandas esquivas que solo vienen por aquí de pascuas a ramos: prueba de ello son sus bolos en 2015 en Joy Eslava, 2013 en Shoko (la sala escogida para repetir en esta ocasión, y bienvenido sea), 2012 en Ritmo y Compás y 2010 en Siroco.

A la vista de los resultados, no es de extrañar que la sala estuviese hasta arriba y que los conciertos en Madrid de Russian Circles se cuenten ya por victorias casi seguras, y es que ninguna pega se le puede poner a su propuesta en directo.

Arrancaron pasadas las diez de la noche con ‘Asa’ y ‘Vorel’, el mismo tándem encargado de abrir su último disco, Guidance (2016). La delicadeza de la primera, con su ritmo pausado, vino perfecta para romper el hielo y hacer que el público se fuese metiendo en el concierto, pero fue la atronadora batería del segundo corte –con destellos de luz que acompañaban la música al compás- la que dio buena muestra de lo que sería la noche: una mezcla de intensidad, virtuosismo y paisajes sonoros con los que tan pronto cumplían casi escrupulosamente con las reglas fundacionales del post-rock como se pasaban con pasmosa facilidad al metal más contundente.

‘Deficit’ y ‘309’ fueron justo a continuación las encargadas de recuperar sus dos anteriores trabajos (Memorial -2013- y Empros -2011), desatando una epidemia de “headbanging” en la zona delantera de la sala que podríamos calificar casi como hipnótica.

Sin tregua alguna, llegó el ecuador del concierto con la excelente ‘Afrika’, una canción que aúna lo mejor de las diversas caras de Russian Circles en poco más de seis minutos, mientras los allí presentes seguíamos embobados con los impresionantes juegos de luces que servían como perfecto acompañamiento a su apabullante discurso musical. Impagable sobre todo resultó el efecto que provocaban los focos colocados bajo el batería apuntando hacia el techo, ya que solo dejaban intuir parte de su silueta, ocultando la cabeza y resaltando específicamente los brazos.

Tras ‘Harper Lewis, ‘1777’ y ‘Mota’ llegó el momento más celebrado de la noche, con una ‘Mlàdek’ encargada de cerrar el concierto a falta del único bis que caería, a cargo de una ‘Youngblood’ maravillosa que sigue demostrando las varias cabezas de ventaja que Russian Circles le sacan a otros compañeros de género.

Algo más de 90 minutos que se pasaron volando y que explican que la legión de fieles a la banda de Chicago no haya dejado de crecer y de asentarse a lo largo de la última década.

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