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Ryan Adams – Prisoner

Por Juanjo Rueda 1

Crítica del disco "Prisoner" de Ryan Adams

6.5

Nota
6.5
65%

Me da por pensar en Ryan Adams como en uno de esos futbolistas algo geniales pero cuya capacidad de gestionar su carrera por medio de sus decisiones no le ha hecho ganar un escalafón más alto dentro de su ámbito. Pienso en él como si fuera una especie de Anelka, Arshavin o Guti, una mezcla de evidente talento, actitud de enfant terrible y una indolencia en ocasiones hacia lo que hacen propia de la inmadurez. Si algún día a alguien le da por hacer una recopilación de canciones de Adams, nos saldrá un compendio de temas tan magníficos e increíbles que serán como esos montajes de highlights de ese tipo de futbolistas que antes he mencionado. Capaces dejar detalles de clase mayúscula y después desaparecer; de hacer un partido suyo para después desaparecer tres o cuatro. Adams tiene talento y lo más cercano que ha estado al estado de gracia absoluto fue ese debut en solitario que es “Heartbreaker” (2000), catálogo imprescindible para corazones rotos; diamante refulgente de su capacidad para destilar emoción y angst post-adolescente en 15 temas de alt-country que igual referenciaban a Dylan como a Neil Young. Después vino el éxito de “Gold” (2001), compendio de vicios y virtudes, Adams queriendo comerse el mundo para después vomitarlo, demostrando que podía aspirar a ser un émulo con cierta personalidad de Springsteen, Tom Petty y Keith Richards además de los nombrados Dylan y Young. Podía ser y no quería, o no sabía. La gestión de su fama y su carrera siempre ha sido fluctuante. Marcado por cierto estajanovismo (cerca de 15 discos en 17 años, no está mal) que le ha llevado a publicar un buen número de discos que se mueven entre el bien y el notable (“Cold Roses”, “Ashes and Fire”, “Easy Tiger”), alguno que raspaba ligeramente a la excelencia y el espíritu de su debut (como los EPs, luego refundados en LP, de “Love is Hell”), y otros que están claramente en lo prescindible (“Cardinology”, “Rock N Roll”). Pero siempre, siempre, en todos los discos ha dejado alguna pepita de talento, de esas que demuestran su habilidad para la melodía –apoyada por su magnífica capacidad vocal-, donde, en los mejores momentos, consigue mixtificar esos elementos de la Americana donde se funden una parte de los referentes arriba mencionados.

Prisoner” es un muestrario de lo que suele ser, de lo que desearíamos (o desearía) que fuera siempre y de lo que desgraciadamente también es Ryan Adams. Desgraciadamente este disco muestra en varios momentos a ese Ryan Adams que se le va la mano con el AOR: ya sea en el tema de apertura (“Do you still love me?”), en “We disappear” o “Breakdown”, quedándose algunas de estas canciones entre lo más olvidable del disco (a pesar de que la primera tiene un puntito guilty pleasure aplacado por los risibles riffs rock del final del tema). Luego tenemos una serie de temas que muestran la capacidad habitual de Adams para armar canciones más o menos resultonas con algunos de sus ingredientes ya habituales: “Prisoner” y “Anything I say to you” tienen esa influencia guitarrera del Johnny Marr de los Smiths (de hecho es esto lo que salva, en su tramo final, al segundo tema nombrado); “Doomsday”, “Haunted House”, “Tightrope” (ese saxo final…) y “Outbound train” muestran su gusto por Springsteen mientras que “To be without you” es el toque -light- a lo Neil Young. Y entre lo que uno desearía que fuera siempre Adams está “Shiver and shake”, una canción tan tópica en su letra (“I’ve been waiting here like a dog / You used to throw me scraps, You don’t do it anymore“) como sencilla en su estructura y en los elementos utilizados (guitarra, ligera percusión y sintetizador) pero que consigue activar mis resortes de la emoción como ningún otro tema del disco. Otra de esas pepitas de oro de Adams, de esas que si hicieran un recopilatorio de grandes canciones, debería estar. De esos momentos increíbles como los de las recopilaciones de ese tipo de futbolistas tan talentosos como erráticos.

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