El rincón

Dos minutos

Zuri
17/5/2013

Me dejo el móvil en mi habitación mientras ceno. Cuando vuelvo veo una llamada perdida, en ese momento, me permito fantasear dos minutos con que fueras tú quien no me había encontrado. Busco en mi memoria tu cara, que ya me queda algo difuminada por el tiempo y por las noches y salidas que necesité para intentar borrarla. Pienso en lo que te habría dicho de haberte cogido el teléfono y de la suerte y el margen que me dejaba el no haberlo hecho. Pero no eras. Es Julián quien quiere que nos juntemos un rato, en casa de Alejo. Comenzamos bien la noche, charla, cena y unas cervezas para olvidar todo lo pasado durante la semana. Damos una vuelta, unas copas y me despierto en un sobresalto, no me acuerdo en qué momento exacto caí inconsciente. En casa. No tengo conciencia de haberme dormido. De ayer me acuerdo de lo justo, con una chica a mi vera. Me permito fantasear dos minutos con que fueras tú…


Capitulo I

Zuri
2/5/2013

Una vez hube naufragado por toda clase de sentimientos, arribé a la orilla de una isla. Una pequeña isla, que formaba parte de un pequeño archipiélago. En ese momento, casi inconsciente, sentí que un flotador tocaba mi cuerpo y sentía una voz que me decía que me agarrara a él. Con la vista nublada y los brazos entumecidos intenté aferrarme como si fuese la piedra angular de mi existencia y solo conseguí anudarme la cuerda que lo sostenía a mi alrededor. Con la asfixia como una más de las sensaciones comunes, conseguí rehacerme y soltarme de aquel maldito nudo, pudiendo llegar a tocar el fondo con la punta de mis pies y respirar a la vez. En ese momento, caí en la cuenta de que todo lo había imaginado, fruto de la falta de oxígeno. Conseguí volver en mí. Conseguí ver la costa y el maravilloso oasis de tranquilidad que me aguardaba a solo unos pasos, todo al alcance de mi mano. Todo al alcance de mi esfuerzo.


Ignorancia

Zuri
2/3/2013

La intuí al ver su flequillo rojo asomar por el cristal de la puerta. Lo siguiente fue verla entrar con el gorro, la mascarilla, los guantes y la bata y todos nos dejaron solos. Todavía no sabía que podía esperarse, por lo que entró nerviosa y sin rumbo, hasta que conectó conmigo. En ese momento sonreí desde lo más profundo y mis ojos se arquearon haciéndose minúsculos. Mi sonrisa quedó cubierta por la mascarilla que me ayudaba a respirar. No sin esfuerzo, le dije que pusiera mi mano sobre su mejilla y así lo hizo, también pude notar como la besó y luego la dejó sobre mi pecho. No sé a cuál de los dos se le escapó la primera lágrima, pero en ese momento dijo que lo sentía y yo, poco a poco, que ya nada tenía importancia. Me acarició el pelo y la frente, sabiendo que no esa no debía de ser aun mi hora, continuando con su sonrisa solo cortada por los espasmos del sollozo. Sabía que no tendría otra, por lo que le solté de golpe lo que tanto tiempo había sentido, que la amaría más allá de toda vida. Se derrumbó y cayó sobre mí. Hice el mayor de los esfuerzos por tratar de acariciarla, pero mis dedos no se separaron ni si quiera un milímetro entre ellos, así que le dije un te quiero desde lo más profundo de mi ser y le obsequié con mi última sonrisa que llevará marcada a fuego en su retina hasta el día en que ella también pierda la razón. Yo nunca le dije cómo me llegué a enfermar. Ella no me dijo que se había vuelto a casar. Así pasé mi último momento junto a ella, el más feliz, sumido en la ignorancia.

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Ritual

Zuri
20/2/2013

Le gustaba su ritual. A su lacia manera se acercaba a la nevera, tiraba lentamente de la puerta y, tras la luz tenue de una exhausta bombilla, se agachaba hacia la balda más baja de esta y cogía una lata de cerveza. Tras el sonido inconfundible de la apertura de una bebida refrescante, cogía el pan de molde, la mantequilla y el queso en lonchas. Abría el cajón donde guardaba su sartén antiadherente y la ponía al fuego de gas. Con el mismo mechero con que encendía la hornilla se encendía un cigarro. Y lo posaba en el cenicero que tenía estratégicamente colocado cerca de la cocina. Ahora, con inusual rapidez, untaba el sebo sobre las dos rebanadas de pan y los colocaba al fuego con el queso como barrera. Tras una profunda calada tomaba el paquete de patatas fritas alargando su mano izquierda en la alacena. Tras una vuelta rápida para ver la parte baja de la dorada rebanada, terminaba su receta magistral y se servía el tentempié en un plato pequeño, que esperaba entre aquellos que aún permanecían limpios. Cigarro en la boca, en una mano la cerveza y en la otra una montaña de patatas sobre queso fundido entre pan. Tras la pitanza, limpiarse las comisuras de los labios con una servilleta doblada, cerrar el paquete de fritas y volver al fregadero a dejar los restos vanos de una comilona digna de un rey. Ese era su ritual. Y le gustaba.

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Perder la cabeza

Zuri
23/9/2012

Perder la cabeza es más fácil de lo que me gustaría poder reconocer. Empiezas duro como una de aquellas rocas de los montes yanquis con caras de presidentes muertos, pero poco a poco te reblandeces como un abuelo en un spa de circuitos termales. Poco a poco te olvidas de ti mismo y te vas dejando embelesar por esas curvas que parecen hechas por la misma mente perversa que traza las de una carretera de alta montaña. Te dejas llevar camino abajo con los ojos tapados y las manos atadas, pensando en que todo ser humano siente como tú lo haces, sin darte cuenta de que las mentes sangran más de lo que te gustaría entender. Al darte cuenta miras a otro lado y comienza la competición contra ti mismo al intentar dominar los sentimientos más bajos y que acabas perdiendo, batiendo tu propio record de pateticidad. Pero se pasa tan bien que lo comido compensa lo servido y el aguantar al camarero. Según estimes, puedes irte para volver y reventar la taquilla, dando un último espectáculo y comenzar de gira para no volver a repetir el espectáculo. Finalmente olvidas el guión y una nueva ficción está por empezar, date prisa, maquíllate, pon tu mejor sonrisa y no te olvides de dejarte llevar hasta perder la cabeza.

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Momento

Zuri
10/8/2012

En el momento justo de pararme a orinar en una de las pocas obras esparcidas en el camino a casa, a eso de las cuatro de la mañana, me adelantan dos chavales algo perjudicados, algo más que yo. Termino y sigo detrás de ellos a algo de distancia, van jugueteando con la intoxicación etílica que llevan encima y se dedican a dar tumbos, pegar patadas a lo que se encuentran y mover de sitio los cubos de basura. Incluso se permiten el lujo de cambiar de acera para vacilar a unas muchachas que se cruzan con ellos. En esos momentos me voy mordiendo la lengua, porque, todos hemos tenido la misma edad al fin y al cabo. Pero, un ruido y la cara de uno de ellos mirándome como único testigo me hace saltar y decirles que se comporten de una puta vez. De una patada habían tirado una Vespa contra otra que estaba aparcada. Les pido que pongan las motos de pie y que se dejen ya de rollos… para qué… uno de ellos, el más gordo y ancho, el que había tirado las motos, se viene hacia mí con cara de malote. En ese momento no me lo pienso, por muy flojos que fueran sus cerebros, eran dos y con edad de hacer daño… así que no me queda otra que andar tranquilamente hacia él y, cuando veo el menor atisbo de agresión, plantarle toda la suela mi zapato, recién estrenado, en el pecho de su camiseta, como el que abre una puerta en una redada de serie estadounidense. Entre esto y el golpe sordo que suena al caer su enorme espalda contra el suelo, me quedo casi igual de impresionado que su amigo que corre a levantar las motos. Me doy la vuelta y al escuchar al gordo intentar levantarse le piso el cuello y le digo que no se atreva a seguirme. Ahora sí, sigo camino a casa, callejeando todo lo que puedo y mirando hacia atrás, por si acaso.


Verte

Zuri
23/7/2012

Cada vez que cuento que te he visto, Álvaro se echa a temblar. Porque sabe lo que llegué a sentir por ti mientras estuvimos juntos, casi tan bien como tú, y es la única persona que realmente sabe lo que se me pasó por la cabeza después de que todo terminara. Esta vez, el verte, no ha dolido tanto, lo cierto es que ha sido incluso algo incómodo para mí. Todo el amor se ha vuelto indiferencia y ganas de salir de allí lo antes posible. Mi mente solo quería dejar de escuchar todas las tonterías que salían de tu boca para evitar reconocer tus errores. Aquellos pájaros que tenías por cabeza se hicieron demasiado pesados para volar, llevándote a una realidad que nunca pensaste tuya y que ahora intentas vender como el remedio milagroso… Pero, no es hora de hablar de tu vida. Es la hora de extender los brazos y saltar, a lo desconocido, sin red.

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Recuerdos

Zuri
8/7/2012

Qué difícil es vivir según con que recuerdos, incluso los de los buenos momentos se pueden volver amargos. Recuerdos con tristeza y nostalgia de aquellos días felices que parecían no poder acabar nunca. Esos que, en el momento que se forjan, parecen hacerte sentir invulnerable ante cualquier giro del destino, fuerte y con más ganas de vivir que nunca. Esos que ya pasaron y que nunca se volverán a repetir del mismo modo. Las ganas de enamorarse quedan a un lado cuando te surgen vagos en la memoria, pero a la vez hacen que lo eches en falta. Momentos que se graban en la memoria para hacerte ganar la experiencia y que justo cuando más los necesitas obvias, por querer experimentar el instante justo en el que te encuentras. Esos que se forjan y te hacen sentir invulnerable ante cualquier giro inesperado y que, cuando llega, pareces obviar.


V.O. Japonesa

Zuri
28/6/2012

Estoy seguro que los O’Funk’illo son los que han hecho la versión de estos muchachitos japoneses, pero solo es una intuición… este groove no puede no ser original…


Ponga

Zuri
1/6/2012

Ponga aquí su dignidad, ponga aquí sus razones. Plasme su persona en pocas líneas y expóngase al escarnio público. Dirima sus flaquezas y de paso a un nuevo consejo. Sea transparente, pida perdón por no haberlo sido. Siga trazando leves pinceladas de realidad pensando que nadie las tomará en cuenta, continúe abriendo la mente hacia la necesidad de profundas reformas. Haga un viaje programado en el tiempo desde hace meses y salga reforzado entre cámaras y grabadoras. Desaloje lo más profundo, las galerías llenas de trastos que en ninguna industria adquiriría. Hiérase. Ponga aquí su consideración ante la más difícil fiscalía. Siéntase culpable de tensar tanto la cuerda hasta provocar una guerra civil en el terreno. Siéntese en su despacho. Y mire. No se manche las manos. Participe. Ponga aquí su dibujo.

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Puro

Zuri
27/5/2012

Creo que lo que siento es tan puro que debe de ser verdad. Es algo que me quema por dentro, tan visceral como irracional. Una mezcla que me parece tan peligrosa como explosiva. Sé que este tipo de emociones no tendrían que estar permitidas por nuestro sistema nervioso, habríamos de poseer una respuesta bajo nuestro subconsciente que nos las reprimiera. Como el dolor excesivo. Pero no, no se puede controlar, guía mi serenidad hacia la puerta de salida y la invita, con un leve empujón, a que abandone la sala. Sigo sin comprender cómo una persona puede causar en mí tanto revuelo, lleva a mis hormonas a la locura y las siento revolotear a lo largo de mi torrente sanguíneo escenificadas en el aumento de pulso. La sangre se vuelve menos densa y corre a tal velocidad que mis venas queman y la sangre hierve. Es tal la sensación que solo puedo cerrar el puño. Y los ojos. Y pensar en romperle esa cara de prepotencia y superioridad contra una pared con granos de gotelé de a centímetro. Así, y solo así, consigo volver a calma. La otra opción es la de plasmar mi propia impresión política pero, eso, me da pereza.

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