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South Pop 2008

Por Ignacio Sánchez 0

El Enano Rabioso estuvo presente en el South Pop sevillano. Cuarta edición para un festival que ha vivido una edición difícil, con un cartel hecho deprisa, pero que en líneas generales se ha disfrutado.

La cuarta edición del festival sevillano South Pop no creo que pase al recuerdo por su cartel, hecho con poco tiempo debido a problemas (financiación fundamentalmente) que casi causan la desaparición del festival, ni por el cambio de recinto, más grande pero con falta de zona de descanso. Este South Pop pasado debería ser recordado por la grandiosa actuación del músico José González, que tuvo lugar la primera de las tres noches de conciertos. Él, acompañado por su guitarra y a veces por dos compañeros más (coros y guitarra) mantuvo en vilo durante una hora al gran público asistente, desgranando temas de su dos álbumes publicado y un tercero en camino. Pero comencemos por el principio…

JUEVES 1

La primera jornada del festival nos deparaba la primera de las malas noticias, la cancelación de Pauline en la playa debido a que una de sus componentes se había caído durante las pruebas de sonido sufriendo una rotura en el tobillo. Todo esto provocó un gran retraso en la apertura de puertas y también de las actuaciones.

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Con un sol que todavía daba lo suyo subían en un escenario sevillano por primera vez Limousine, grupo cordobés que no goza de gran popularidad, pero que tiene bajo el brazo dos trabajos que para sí ya quisieran muchos grupos. Y al ser los primeros pues tuvieron que luchar contra el lastre de ser los conejillos de india tanto de público que iba llegando poco a poco, como de los técnicos. Una pena que no llegara a cuajar del todo ese sonido atmosférico que llena sus discos. Aun así, en el poco tiempo que duró su actuación dieron buena muestra de su buen hacer.

Tras ellos los americanos A Hawk and a Hacksaw no consiguieron levantar al público, con una fórmula que si bien no comenzó mal, llegó a resultar cansina y repetitiva. Cierto son las “limitaciones” que ofrece un concierto con acordeón, violín y batería, pero pasado el ecuador de su actuación el globo se deshinchó.

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Con Souvenir llegó una de las sorpresas desagradables para el que escribe. Esperando una actuación de pop delicado, lo que sobre el escenario se pudo ver fue un típico concierto de grupo electro pop de garrafón, con el giro que han dado a su música en el último disco. Mucha base programada y ni un solo rastro de su pasado.

Tras los pamploneses le tocó el turno al ya mencionado José González, que desplegó su sencillez y calidez, parando el tiempo. Repertorio centrado en los dos discos que posee, aunque concediéndonos la oportunidad de escuchar algún tema nuevo, y dejando como bis su versión de “Love will tear us apart” de Joy Division. Sinceramente para quitarse el sombrero.

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Tras el músico sueco, llegaron unos paisanos suyos, Friska Viljor, que ofrecieron todo lo contrario, pop desenfadado, con ciertos toques “hooligan”, ideal para ir cerrando la jornada musical. Para nada se encogieron a ver la espantada de público que hubo tras José González, ellos fueron soltando los temas de “Bravo!” sin descanso, incitando al personal y pasarlo bien, como muestra su música. Destacaremos al “personaje” que tocaba los teclados, corriendo de un lado para otro.

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VIERNES 2

Sin ningún percance a la vista, la segunda jornada del festival sufrió unos retrasos enormes, que hicieron que se rompiera el orden de las actuaciones, ya que Barry Adamson subió al escenario cuando le tocaba a los franceses Mobiil, aunque por hora cierto es que debería estar el ex Bad Seeds sobre las tablas. Además cabría destacar la bajada de público asistente si lo comparábamos con la jornada anterior.

Con poco público y mucho sol Pumuky dieron buena muestra de su pop delicado acompañados entre otros por Pepo de Grande-Marlaska. Quizás para actuaciones así se eche un poco de menos un espacio más íntimo como era el Teatro Alameda.

Tras ellos tuvo lugar una breve actuación de Abraham Boba, que debería haberse producido en la pequeña carpa donde Pin & Pon djs, el jueves y viernes, y Loops dj ,el sábado, se encargaban de amenizar al público entre concierto y concierto y para cerrar el recinto; pero que se realizó en el escenario. Nada que aportar, intrascendente sus escasos veinte minutos de los que disfrutó el compositor.

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Nisei forman parte de uno de los grandes sellos nacionales que mejores banda está aportando en los últimos años, B-Core, y la apuesta de este sello no podía fallar. Nisei dieron todo un señor concierto de rock, llegando por momentos a una intensidad sobre el escenario parecida a la de Lisabö, dando mucho peso a los temas en catalán de su aclamado “Continents”. Juegos con trompetas, grandes riffs y una potente voz. Un grupo al que tener muy en cuenta.

Otro grupo nacional era el encargado de recoger el difícil testigo entregado por los catalanes. Sin embargo Grande-Marlaska no supieron mantener dicho listón. Su pop dulce y melódico resultó demasiado insulso, y más aun tras el subidón que nos había dejado Nisei.

Ver a Aidam Moffat (ex Arab Strap) era también uno de los alicientes de este festival. Y no defraudó con ese look guiri playero pero esa música que te llega a lo más hondo.

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Con un gran retraso acumulado ya, debería ser el turno de Mobiil, pero de repente nos damos cuenta que el que sube al escenario es Barry Adamson, elegantemente vestido y acompañado por una gran banda ofreció a los presente un auténtico catálogo de clase, profesionalidad, con una voz prodigiosa y una tablas sobre el escenario propias de todo un ex Bad Seeds. Tocó casi todos los palos, del jazz al soul, pasando por toques rockeros. Conciertos así pocas veces se ven en nuestra ciudad.

Tras estas sensaciones difícil era poder mantenerlas, y los franceses Mobiil no lo consiguieron. Su rock francés del palo de Experience empezó bien, pero se fue disolviendo como un azucarillo.

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El Guincho aprovecha el tirón mediático que está poniéndolo en los altares de la música, cuando lo suyo no pasa de lo más simple, musicalmente hablando. Propuesta festiva, que encaja bien a esas horas si vas tocado, pero que carece de mérito ver como sobre bases programadas el chaval se dedica a aporrear un bombo y hacer ruiditos con la boca.

SÁBADO 3

La última jornada era la más esperada para el público amante del nuevo pop patrio, con Manos de Topo y La Casa Azul como máximos exponentes.

El día lo abrían V.O. que lucharon como pudieron con la temprana hora y el poco público allí presente. Növo intentaron encandilar a base de toques electrónicos con experimentación. Fórmula que quizás hubiera sido más acertada a una hora más tardía.

A continuación Centenaire pusieron su granito de arena dentro de los grupos que practican ese pop dulce, con canciones “bonitas”, con una influencia en Belle and Sebastián bastante palpable.

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A Manos de Topo o lo amas o los odias. No hay término medio. Su músico delicada y preciosista contrasta con la chirriante voz de su cantante que para un par de canciones pues puede que se le dé el pase, pero no para todo un disco, o como en este caso el concierto. Que sí, que tienen letras divertidas y sarcásticas, eso no se les niega pero no el intento de hacer llamar la atención a través de esa voz que rompe los tímpanos.

Como regalo llegaron Soy un caballo, que vinieron a servir de bálsamo para los doloridos oídos. Su pop intimista cautivó, aunque mucha gente ya estuviera prestando atención a otros menesteres.

Otro de los grandes nombres de este South Pop eran The High Llamas, que venían a presentar “Can cladders”, octavo disco dentro de una larga carrera que data del 1992. Su pop clásico aderezado con teclados fue un precioso preludio para el gran fin de fiesta que iba a ser La Casa Azul, que cumplió con su objetivo entretener a su público. Porque como puede pasar con Manos de Topo, Guille Milkyway aglutina casi el mismo número de seguidores que de detractores, y su pop híper azucarado es el culpable. Acompañado de un gran juego audiovisual con pantallas que simulaban más personajes, la “revolución sexual” de Guille invadió el recinto para alegría de sus fans y desesperación y saturación de los “diabéticos”.

Así acababa una edición más del South Pop, con un cierto sabor agridulce por el listón bajo de algunas actuaciones, habiendo demasiadas propuestas nacionales y echándose de menos algún nombre internacional que hubiera dado el toque que le faltó.

Fotos: Ignacio Sánchez (citizenbored)
Cristian Bohórquez

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