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Ebrovisión 2010, la crónica

Por Alex Álvarez 2

Marichispa - http://www.flickr.com/photos/marichispa2/

La tercera semana de septiembre acoge, en Miranda de Ebro (Burgos), un evento que marca, para muchos, el final de los festivales veraniegos, así que, en este sentido, no hay nada que perder. Y este año tocaba celebrar la décima edición a lo grande. Música festivalera para llegar a la ciudad burgalesa, en un momento se hicieron, como quien no quiere la cosa, unos cuantos clubes de fans de John Boy en el coche.

El jueves, y para no perder costumbre en el festival, se llega tarde. Esto de vivir lejos de todo no hace ningún bien a nadie, pero hay que lidiar con ello. Lo sentimos por los dos primeros grupos que nos perdimos, The Wildborns y The Haddock’s Orphans. Así que una vez llegados, e instalados, toca correr para no perderse al grupo “estrella” del jueves: The Wave Pictures, en su perenne estaticidad, sonaron correctos, sin más. Un grupo que cumple (que no es moco de pavo en los tiempos que corren) encima de un escenario, sin grandes derroches. Finalmente Stay puso la guinda al pastel de los conciertos de presentación de Ebrovisión 2010 en la Fábrica de Tornillos, donde, a pesar de ser jueves, estaba bastante llena de gente. Sólo quedaba que Chema Rey amenizara la madrugada en una sala Orosco que, así, sin darnos cuenta, cerró a las siete de la mañana. No está mal para ser el primer día, el de presentación, de esta edición del festival.

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El viernes levanta con el cansancio del día anterior pero con el pensamiento de que aún quedan dos días de música por delante. En un día gris y lluvioso (como durante casi todo el festival), había que esperar que nada se estropeara, y la verdad es que no lo hizo, ni siquiera por culpa del mal tiempo. Así que pusimos rumbo al recinto, sin prisa pero sin pausa. Y como no podía ser de otra manera, llegamos tarde y no pudimos ver a P.L.V. Havoc. Así que tocaba ver a L.A. y Second, que no hicieron grandes aspavientos en su espectáculo, quizás el hecho de verlos desde el fondo con una cervecita no ayudaba a apreciarlos bien. Iván Ferreiro, en esa eterna lucha entre grupo de pop y cantautor, y su look de “cateto” (como dijo una amiga mía), hizo que decenas de personas cantaran y corearan la mayoría de sus canciones, aunque estuvo algo deslucido. Acto seguido llegaron los valencianos La Habitación Roja, con un repertorio algo variado, y un sonido no demasiado bueno, por momentos rozaron de verdad el eje del mal. Les costó conectar con el público, quizás porque siguen creyendo que nunca ganaremos el Mundial. Los granadinos Lori Meyers pidieron paso después, encendieron las luces de neón y empezaron a tocar, en un concierto donde quizás no acabaron de enganchar del todo pero que fue bastante correcto, aunque si es cierto que han perdido ese “carisma” que habían adquirido cuando giraron con el Cronolánea. La jornada iba a terminar con DeVito, que no defraudaron al personal (y eso que nos esperábamos todos que un tipo bajito, gordete y calvo saliera a cantar), al menos como cierre en el Muntifuncional estuvieron acorde a las necesidades de la gente, sabiendo que tras el paso de los granadinos mucha gente iba a ponerle poco interés y salir a cenar o a beber. Y entonces, por segundo día, todos, como borregos, en masa a la sala Orosco, donde Amable y Optigan1 bañaron a la gente de sudor poniendo temazos pop-rock que encandilaron al personal mientras éste se tomaba una copa (siendo generosos) y movía su escultural cuerpo.

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El sábado, el día más “fuerte” del festival, empezó con una serie de conciertos y ambiente por toda la ciudad, como los de la fábrica de tornillos, el Ebro-peque, donde los cántabros Lazy tocaron para los más pequeños. o una paellada popular amenizada con música. Bueno, paellada, si técnicamente a lo que dan se le puede llamar paella, porque nunca la habría reconocido como tal con huevo y chorizo. Llega la tarde, y una vez duchados, acicalados, y vestidos de gala para la ocasión, toca ir al Multifuncional de Bayas por última vez en esta edición. Y allí empiezan The New Raemon, un grupo interesante y musicalmente muy agradable pero que, en cierta medida, tiene que cambiar un poco el chip para festivales donde sólo puedan tocar tres cuartos de hora, ya que poco se puede disfrutar de todo su potencial. Acto seguido llegaron los componentes del grupo Triángulo de Amor Bizarro, de los cuales nos quedaron dos cosas claras: que tienen un show extremádamente enérgico y voluminoso que consiguieron hacer vibrar a gente que, o bien esperaba a los de Santi Balmes o bien esperaba el partido del Real Madrid, y por otro lado, que le gustan las manzanas (debe ser cosa del año santo). A continuación, The Heavy consiguieron hacer saltar al público (que en ese momento abarrotaba más el bar del pabellón que la pista del escenario), sorprendiendo a la mayoría de gente que, probablemente, ni los conocía. The New Pornographers, por su lado, tuvieron un sonido algo mediocre (o al menos así se apreciaba desde las primeras filas) en algunos momentos del concierto pero demostraron por qué eran el “grupo franquicia” (haciendo alusión al mejor jugador de un equipo de la NBA), con un espectáculo firme y sobrio aunque quizás un poco decadente hacía el final (suponemos que la falta de Neko Case no ayudaba).

Love of Lesbian
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Llegaba el plato gordo para muchos, con los catalanes Love of Lesbian. Muy buen concierto, aunque la verdad es que no pecan de originalidad en cuanto a su espectáculo (temas escogidos a parte), por todo lo que montan, pero todos sabemos que un concierto de ellos resulta ser allí donde solíamos gritar. Finalmente cierra la tanda de conciertos We Are Standard, que no estuvieron hasta las 7:45 pero que bien hicieron vibrar a un público enfervorecido, no se sabe si por estar disfrutando del concierto de verdad o por dar los últimos coletazos al festival. Llega entonces la hora de coger el bus, ir a la sala Orosco y, nuevamente, mover el cuerpo a base de temazos y más temazos, para dar el broche final a un festival casi perfecto.

En definitiva, Ebrovisión consigue, año tras año, montar un festival humilde, sin grandes alardes (como si pueden tener FIB, Primavera Sound, SOS 4.8 o BBK Live), ni en el cartel ( no en vano, no suelen arriesgar demasiado con apuestas seguras como We are Standard o Love of Lesbian, y además muchos de ellos que actuaron en Miranda giran (giraron) por toda la geografía española y es (fue) relativamente fácil poder verles cerca de cada una de nuestras casas, ni en un macro-recinto lleno de stands, escenarios, etc. Pero consiguen hacerlo cercano, familiar y muy acogedor, con propuestas muy interesantes, eventos musicales casi a todas horas y con una organización digna de mención, donde a pesar de los problemas que pueden surgir nunca no se convierte en un festival caótico. Toca dar las gracias a todos aquellos que hacen posible que Ebrovisión siga siendo lo que es, bien sea organización del mismo, instituciones públicas, etc., por hacer que haya dejado de ser un evento “irrelevante” (en cuanto a cantidad de gente que mueve) y pase a ser un festival totalmente consolidado en el panorama musical español, donde visto que en este país empieza a estar de moda montar festivales y deshacerlos con una facilidad pasmosa, es algo de agradecer. Ebrovisión merece la pena, y mucho. Así que, si todo va bien, por su parte y por la nuestra, tocará repetir el año que viene…

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