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Tú nunca morirás

Por Rafael Tovar 1

Hagamos restrospectiva. McEnroe es el apellido de un famoso tenista, sí, aquel que rompía raquetas y todo lo que encontraba a su alrededor y que luego ganaba partidos. Pero no. Yo hablo de McEnroe, el grupo de Getxo que hace unos años autoeditaron un disco llamado “El sur de mi vida” grabado en los magníficos estudios de Paco Loco en el puerto de Santa María. Hace poco despertaron el interés de Subterfuge y entonces editaron “Un mundo marino” (Subterfuge, 2008) en el que hablaban desde la perspectiva de las cosas rotas, de las promesas rotas, de todo aquello que el tenista, o la tenista, dejó a su paso, esparcidas por el suelo. Sabiendo que a veces el que queda por el suelo esparcido es uno mismo.

Ahora vuelven con “Tu nunca morirás” (Subterfuge, 2009) dónde vuelven a hacerlo. Si hace poco te han dejado tirado como a un juguete roto, cuidado, éste no es tu disco, o sí. La primera vez que puse el disco de McEnroe no pensé que fuera a estar entre mis imprescindibles, después de escucharlo era imposible que no lo estuviera. Y la escena fue más o menos esta: Un colega me pide que escuche el tema “Tormentas“, incluido en el álbum, lo busco, lo escucho y se me queda resonando en la cabeza todo el estribillo. Durante días. A partir de ahí todo fue rodado.

Esperé durante días a tener una copia entre mis manos y tirarme en el sillón a escucharlo entero. Cuando terminé la primera escucha recuerdo que me quedé sobre el sillón unos minutos parado, como tratando de recomponer todo lo escuchado, como tratando de quitarme de encima todo el peso del disco. Duro, muy duro. Crudo, pero a la vez adictivo. Y es que tal vez estemos ante uno de los discos más personales que he podido escuchar en años. El tema principal del disco es el desamor, la tragedia. Pero no un desamor al uso, sino el que desgarra, el que te coge por sorpresa, el que duele, el que siempre temiste, el del rencor, e incluso el del odio, el de la guerra. Ya en el segundo tema del disco, el que todavía nos coge desprevenido, hay sentencia: “El amor no existe, tu me lo destruiste”. Así, sin tiritas, sin paños calientes, sin haber escuchado los siguientes siete temas.

Y así nos adentramos en canciones que sacan a la luz recuerdos de días mejores como “Cuando suene This Night” con ese guiño a The Smiths, de añoranza como “Los Valientes“, de rencor como “El Alce“, de autoinculpación como “Naoko“, de miedos como “¿Por qué  combatimos?“… y así un puñado de canciones personales que seguro que más de uno le puede hacer sangrar como me hizo a mi, dónde podremos encontrar sentencias duras pero tan verdaderas como que la vida duele.

La voz de Miren Iza (Tulsa) sigue sonando en este disco como en los anteriores e incluso aparece como voz principal en el tema que da nombre al disco. Otro acierto, la producción a cargo de Abel Hernández (Migala, El Hijo) se nota en cada tema, con sus atmósferas que nos mete de lleno en esos sentimientos más crudos. Esas voces que a veces parecen susurros al oido, y ese slowrock rozando a veces el noise y el postrock. Pero sobre todo los de Getxo han sabido encontrar un estilo propio en una trayectoria poco conocida, pero que si la escuchas, quedarás atrapado sin piedad. Cuando sangres no vengas a decirme que yo te empujé. A partir de aquí ya es tu responsabilidad.

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