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Julio de la Rosa y la Sevilla universal

Por Alfonso Benitez 0

Tras una larga temporada sin pasar por Sevilla, volvía Julio de la Rosa con su último trabajo hasta la fecha bajo el brazo. La Herida Universal (Ernie Records, 2010) es el título del último disco de este jerezano nómada y músico de vocación.

El contexto temporal era una de las semanas más cargadas de conciertos en la agenda musical de la ciudad. Podría ser ese uno de los motivos por los que la sala no presentaba un aforo más allá de la media entrada. La crisis, la falta de costumbre, blablabla…

Julio de la Rosa. Rafael Tovar / El Enano Rabioso

Arropado por un grupo de músicos envidiable, con Abraham Boba como cabeza y peinado más reconocible, comenzó un concierto en el que no faltaron momentos de desafío a un público algo desangelado. Quizás sea esa explosión musical de la que se habla en la ciudad, y más aún fuera de ella, que llena los conciertos de músicos prometedores y observadores hasta la obsesión, del virtuosismo o no del que se sube al escenario. O será el otoño, o qué era jueves, cómo alguien en el público respondió ante la insistencia de Julio, que no dudó en preguntar varias veces si estábamos cortados.

La mitad del concierto se centró en los temas de su último disco, una nueva vuelta de tuerca a una carrera en la que el surrealismo, la tensión y la experimentación, que era una seña de identidad desde El Hombre Burbuja a su primer disco en solitario (M.O.S.), ha ido evolucionando a una búsqueda de la sencillez y la urgencia pop, dejando canciones más directas y desnudas.

Algo que también se hace patente en las letras, que ahora se dejan entender con mayor claridad y dejan al descubierto mucho de la vida cotidiana de quién las escribe. O al menos aparentemente. Eso sí, el nexo común de toda su carrera no ha cambiado: El amor en todas sus vertientes, sin dejar de lado un punto de vista incisivo que ya es marca de la casa.

Y en ese camino se encuentra Julio de la Rosa, menos atormentado y más cómodo que nunca en el escenario, del que se sabe perro viejo. Disfrutando cada canción y cada noche “como si fuera la última”, como bromeó, o no, entre canción y canción.

Tras una primera tanda en la que sólo Caradura no pertenecía a su último trabajo, el grupo al completo comenzó su marcha al backstage coreando el estribillo de Canción de guerra, la única que el propio autor recalca  “¿quién habla aquí de amor?”.

Tras una espera nada tensa, ya que pocos podían pensar que ese era el final del concierto, bajo y batería volvieron para empezar a tocar una canción de sobra conocida por todos los que estábamos allí: Kill the Mosquito, perteneciente a aquella maravilla atemporal que se llamó Nadando a Crol (Everlasting Records, 2000) de El Hombre Burbuja.

Y es que tras cuatro discos en solitario, el peso de El Hombre Burbuja sigue estando muy presente en el cancionero de Julio de la Rosa. Aparentemente no muy a su pesar. Al fin y al cabo son también, y en mayor parte, obras suyas. Así sonaron Rey Mugre, Mejor Fuera y Mi Rulot and ., En la recta final del concierto hubo sitio para canciones del M.O.S., como Otros de sus juegos y El Monstruo nunca duerme, más intensa aún en directo que puso los pelos de punta a más de uno de los presentes.

Alcanzandose así los momentos más emocionantes de la noche, dejándose a un lado la frialdad escenario abajo de los primeros momentos. Porque lo que no hay duda es que tanto Julio de la Rosa como su grupo disfrutan aunque toquen para la camarera. Y así terminó el concierto. Con Las Camareras, dedicada a esas psicólogas de barra y al amor incansable: “¿Acaso eres tú mejor que los que nos enamoramos sin parar?”.

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