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Pony Bravo, más de un gramo de fe

Por Julia Córdoba 1

Ignacio Sánchez/El Enano Rabioso

Despuntaron como lo han hecho durante los últimos tres años en el panorama musical andaluz. Pony Bravo lo volvieron a conseguir en el Teatro Central con su nuevo y segundo disco ‘Un gramo de fe’ (2010), que ha recién sacado los pies de El Rancho, su propia productora y del democrático sello Creative Commons.

Desde aquella noche primaveral a primeros de junio en el festival Territorios los sevillanos Pony Bravo no se habían dejado ver más con su directo en casa, hasta la noche del miércoles. Tras llevar su primer disco ‘Si bajo de espaldas no me da miedo’ (2007) más allá de nuestras fronteras llegando a los límites nórdicos de Europa y al otro lado del charco, vuelven a la tierra que los vio nacer con una nueva apuesta que conglomera aún más estilos musicales si cabían, después de etiquetas como rock andaluz, reggae, ritmos etíopes, etcétera.

Ignacio Sánchez/El Enano Rabioso

Como el todo es más que la suma de las partes lo que los Pony obtienen es una mezcla explosiva que en un primer momento puede desconcertar, pero lo cierto es que engancha a muchos oídos intrépidos. Y así fue como ocurrió. El Teatro Central despojado de gradas se hacía más íntimo, modestamente lleno y con la presencia de algunos de sus progenitores, resultaba un amable foso para acoger el nuevo show.

Como prueba de que estaban dispuestos a ofrecer su calentito LP de principio a fin, abrieron el espectáculo con el primer corte ‘La voz del hacha’ y así fueron atacando uno tras otro cada uno de los trece temas que lo componen. Mucho menos comedidos que en estudio, los Pony se dejaron llevar como acostumbran por la experimentación y el momento. Y por eso sacaron brillo a temas esperados como ‘Noche de setas’ -todos en el bungalow se sabían la letra-, ‘El campo fui yo’ o la versionada niña de Manolo Caracol que de mano en mano va y ahora se ha convertido en la bien querida ‘Ninja de Fuego’.

Uno de los clímax se alcanzaron en ‘La rave de Dios’ con un sórdido pero acogedor ambiente ayudado por un resultón juego de luces y humo que hizo a todos probar de ese “fuego sanador”.

Ignacio Sánchez/El Enano Rabioso

También encontraron momentos en los que soltar el pico e introducir algunas canciones. El vocalista Daniel Alonso, contó la anécdota de cómo ‘Pumare-ho!’ nació de un registro real de la policía en la popular plazoleta sevillana. Extraños cortes del nuevo disco como ‘Mangosta’ o ‘Hipnosis Groove’ ganaron en encanto. En ellos incorporó su voz y sus sampleos con mucho arte el dj colaborador del disco, Fran Torres. Esta vez la banda se reconcilió con el auténtico ‘Pony Bravo’, su homónimo al que desplazaron en sus últimos directos y al que el público acogió como a un viejo amigo.

Ni Daniel Alonso (vocalista), ni Pablo Peña (bajo-guitarra), ni Darío del Moral (guitarra-bajo-batería) ni tampoco Javier Rivera (batería-bajo) se cortaron un pelo en el directo y se alargaron sin cansar con distorsiones y experimentación psicodélica. Se introdujeron con libertad en su mundo abstracto en el que se pasa de la tranquilidad a la euforia en segundos, quizás como el carácter andaluz que abanderan y dignifican.

Del concierto del miércoles se dedujo que a ‘Un gramo de fe’ y estos cuatro ponys desbocados les espera una larga ribera por recorrer.

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