banner WIR

El último quejío

Por Jose A. Rueda 0

Christophe Morisset | http://www.flickr.com/photos/starobs/

Adiós a las últimas voces más transgresoras del flamenco: Enrique Morente falleció el pasado 13 de diciembre en Madrid, donde se encontraba ingresado debido a las complicaciones surgidas tras una operación de úlcera. Estaba apunto de cumplir 68 años.

Los peores presagios se cumplieron. Pasadas las cinco de la tarde de aquel lunes fatídico, Enrique Morente fallecía en la clínica La Luz tras varios días en coma profundo. Nadie esperaba que la voz del flamenco revolucionario se fuera a apagar. Era impensable que una persona tan llena de vida nos fuera a dejar así, antes de tiempo. Pero ha ocurrido. Morente ha muerto. Un problema aparentemente menor: una úlcera de estómago lo llevó a la clínica La Luz un viernes 3 de diciembre. Dos días después, el granadino fue intervenido de nuevo. Un infarto cerebral lo tuvo postrado en una cama más de una semana. Aquella tarde, arrancó su último quejío.

Muere un genio. Nace una leyenda

Enrique Morente Cotelo nació en el barrio de El Albayzín, Granada, el 25 de diciembre de 1942. Después de trabajar como zapatero y en una platería, se mudó a Madrid para aprender el cante en la peña Charlot. Tenía tan solo 20 años y Enrique ya se impregnaba de las esencias de Valderrama, Pepe Marchena y Porrinas. Pronto haría de Pepe de la Matrona su principal maestro hasta acabar en la escuela del mismísimo Antonio Chacón. Desde entonces hasta sus últimos días Enrique firmó una obra musical de culto.

Estaba casado con la bailaora Aurora Carbonell con la que tuvo un hijo y dos hijas. Una de ellas, Estrella Morente, es otro de los nombre propio del flamenco actual.

Revolucionario del flamenco

La inquietud de Morente ha estado plasmada en cada una de sus obras. Sin duda alguna, el granadino ha sido el máximo exponente de la revolución del flamenco contemporáneo. Fue el primero en adaptar al cante jondo la poesía de los más grandes. Primero, la de Miguel Hernández. Luego llegaron otros nombres como Cervantes, San Juan de la Cruz y, por supuesto, Lorca.

Las músicas de vanguardia eran otra pasión del cantaor. El rock, el jazz y los ritmos cubanos y africanos le fascinaban tanto como el flamenco más ascentral. Morente puso compás a Lehonard Cohen y, junto con Lagartija Nick, firmó el colosal “Omega”. No es de extrañar que el mundo del rock alternativo también llore su muerte. Sus colaboraciones con Los Planetas y Sonic Youth lo llevaron a formar parte del cartel del Primavera Sound en 2008. Durante un concierto de Animal Collective, Enrique confesó “yo quiero algo así. Quiero esas guitarras, esos ambientes, esas texturas”.

Max Roach, Chick Corea, Pat Metheny, Sabicas, Chef Khaled o The Bulgarian Voices son otros de los artistas tan dispares con los que Morente quiso fusionar su flamenco.

Consternación y rabia

Enrique Morente acudió a la clínica madrileña La Luz para someterse a una operación rutinaria y terminó dejando sus entrañas en una cama de la Unidad de Cuidados Intensivos. ¿Negligencia médica? Así lo denunció la familia del cantaor, lo cual provocó la realización de una nueva autopsia de la cual se concluyó que Enrique podía padecer de cáncer de esófago. El miércoles 15 de diciembre, el cortejo fúnebre llegó a Granada, su tierra, donde yacerá para siempre.

Antes de su muerte, Enrique estaba inmerso en la grabación de su último disco, “El barbero de Picasso”, proyecto simultaneado con un documental del mismo título. Serán obras póstumas del que ya es una leyenda.

Descanse en paz, maestro.

banner WIR