Vivian Girls, aún por domesticar
Por 5 abril, 2011 8:350

Surgidas de las entrañas de Brooklyn, Cassie (vocalista y guitarra), Katie (bajo) y Fiona (batería), las chicas de Vivian Girls, arrastradas por la corriente de un pop ruidoso y descuidado, con la versatilidad de fluir desde el garage hasta sumergirse en las profundidades de los sonidos surferos, desembarcaban en la sala Malandar el último sábado del pasado mes para presentar su nuevo LP, Share the Joy (Polyvinyl, 2011), que será lanzado en España el próximo 12 de abril.
La noche, con una diversa oferta musical en la ciudad, abarcando desde la convocatoria multitudinaria a ritmo de electrónica justo cruzando el río, hasta los insistentes Hombres G y su tediosa revisión de pasados éxitos, nos invitaba a una anticipada celebración del equinoccio primaveral, preparándonos para la cálida estación que parece avecinarse. Los combates en el terreno indie se libraban entre las O Sister! en el Teatro a Alameda y el grupo neoyorquino, teniendo en cuenta la proximidad de dos pesos pesados nacionales, Klaus&Kinski y TAB, actuando en el Plátano Sónico Fest de Utrera, en estado de gracia tras sus lanzamientos del pasado año.

De ningún modo iban a amedrentarse estas descaradas chicas ante tal competencia, en definitiva, ellas encabezaban el cartel como únicas representantes del Heineken Music Selector en la ciudad, con un sólo concierto programado para Sevilla. Irrumpiendo en el bullicio de la sala, con un discreto aforo de público al inicio pero que se incrementó a lo largo del concierto, Never See Me Again, ya mostraba a la enfervorecida Fiona dejando claro a los asistentes su habilidad con las baquetas, dando a entender cual sería la tónica del concierto, una provocadora sucesión frenética de sonidos, la mayoría de las canciones no sobrepasarían los tres minutos, moviéndose desde las influencias lo-fi, imperantes en Everything Goes Wrong, su segundo disco, hasta la hibridación de shogeaze y twee pop hacia donde apuntan sus nuevas canciones.
Never See Me Again fue sucedida por una, más suave, Can’t Get Over You, en la que Katy acompañó a Cassie a los coros, dando muestras de una desenvoltura mantenida durante toda la noche, especialmente en su atrevimiento a la hora de practicar su español con los asistentes, cuyo manejo de sólo unas cuantas palabras no le fue impedimento para hacerse con el público, divirtiéndose con cada una de sus inconexas expresiones que seguían a los comentarios de Cassie.
Tras el inicio acelerado, y algo atropellado, llegó el turno para estrenar sendos temas de Share The Joy, indicados por Katy, con un improvisado español, como “Este canción es nuevo”. En Heard You Said, la voz de Cassie cambió hacia campos más suaves, para demostrarnos, a continuación, su manejo de la danelectro en The Other Girl, con un punteo sobre las cuerdas, cuya espontaneidad, carente de cualquier exceso virtuosista, funciona a la perfección en un repertorio que gana gracias a su concisión.
El ritmo se incrementó con Wild Eyes, Lake House y When I’m Gone, canciones rápidas y directas, lanzadas con ímpetu a los asistentes, que habían sintonizado, para entonces, con las chicas neoyorquinas, especialmente unos jóvenes grupies de primera fila, entregados en su baile al ritmo marcado por los impulsivos movimientos de las baquetas de Fiona, cuyo despliegue, unido a la temperatura en aumento del interior, le obligaron a secarse, en más de una ocasión, la frente con una pequeña toalla oscura. Estas chicas no se ajustan a los clichés de los grupos indie femeninos, y, como les resulta incómodo que las encasillen, iban a dejarlo claro en el escenario.

Death, deceleró el ritmo, pero a pesar de su lánguido estribillo, nos dejaba claro que aquel concierto iba a seguir muy vivo, y el vodka con naranja en la mano de la pelirroja Katie no dejaba lugar para las dudas. Tras Sixteen Ways y Survival, la progresión emprendida hacia una oscuridad acompañada de duros guitarreos, iba a servir de contraste a los primeros acorde de Take It As It Comes, cuya letra dialogada entre Katie y Cassie nos dejó con el sabor conformista de la frustración, expresada entre punteos pausado al ritmo de la batería.
Tras el descenso de intensidad, Out For The Sun, desató el lado más salvaje de las chicas de Brooklyn, cuya imperiosa búsqueda del sol, a ritmo desenfrenado de las guitarras, hizo saltar a Katie fuera del escenario, hasta un público que seguía sus movimientos, todavía sorprendidos por el descaro de la bajista. Nos esperaba una sucesión de cambios de ritmo, y con el final del concierto en ciernes, Before I Start To Cry mostró el amplio registro de graves de la versátil voz de Cassie, sabiéndose desenvolver en terrenos más abruptos, con tintes de shoegaze, que, sin embargo, mantiene ese aire de inocencia, o inmadurez, de unas letras que no van más allá de los titubeos emocionales de la adolescencia.
Continuaban la simpleza compositiva con Dance (If You Wanna), cuyo estribillo de un par de frases, como único texto dilatado con constancia sobre una base mínima de acordes, no evitó que no opusiéramos resistencia a movernos siguiendo el ritmo de la batería de Fiona, arrastrándonos despreocupadamente hacia Tell The World, que cerró el concierto ofreciendo la versión más grunge de unas neoyorquinas, que seguían en el escenario cuando los jóvenes grupies de la primera fila ya tenían en su poder los pequeños tozos de papel donde aparecía escritos, a modo de contraseña, la sucesión de temas del concierto, alternando letras y números.
La despedida fue rápida, dos breves temas del disco anterior, All The Time y No, fundidos en un amasijo de rasgueos de guitarra y golpes de baqueta sobre los platos y tambores de una elegante batería negra. La intención era no prolongarlo más, y, apenas terminado el dúo de propinas de rigor, se bajaron presurosas del escenario para atender las labores comerciales de la improvisada tienda instalada en el guardarropas de la sala, donde si satisficieron pacientemente los requerimientos de los compradores.
Dejó un buen sabor de boca el paso de las chicas rebeldes de Brooklyn por la ciudad, con un acertado concierto cuyas claves del éxito se sostenía en la concisión, brevedad y un punto de improvisación, aportando la frescura de todo aquello que, creemos, surge sin planificar, y que le sienta especialmente bien al estilo descarado de una banda que gana enteros en las distancias cortas de los pequeños escenarios, alejada de las grandes masas.





