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Ni indie ni pop… solo rabia generacional

Por Jose A. Rueda 3

Los Planetas
Los Planetas. Casi 20 años en el underground // Rafael Tovar

 «El 90% de la música interesante que se hace en este país se encuentra en el underground: en lo verdaderamente alternativo. Sin embargo, hay “otro” mundo alternativo que se ceba con estos grupos, a los que tacha de “poperos de mierda”»

En un país como el nuestro en el que la cultura del rock e, incluso, la cultura musical en general deja mucho que desear, se hace difícil clasificar los géneros musicales en la típica división “comercial y no comercial”. O, si se prefiere, “alternativa y no alternativa”. O, para aparentar ser más cool, “mainstream y underground“. El caso es que, como decía, dos clasificaciones se me antojan pocas. La razón es que, para que exista un movimiento underground, el público del movimiento mainstream debería saber de su existencia. Y el público del mainstream desconoce por completo la existencia de un rock’n’roll más underground que el que representan los inenarrables Barricada, Porretas o Sociedad Alcohólica. En pocas palabras: una banda que lleva casi 20 años en las catacumbas del rock como Los Planetas son unos completos desconocidos entre los fans de Alejandro Sanz y David Bisbal.

La otra razón de lo absurdo de esta desmembración de los géneros musicales es que, para que exista un movimiento underground, debería existir una “piña”, una confraternidad entre las distintas variantes musicales existentes en el mundo alternativo. De hecho, si ha de existir confrontación, ha de ser entre movimientos (los comerciales VS los alternativos), y no dentro de un movimiento. Sin embargo, el hip-hopero, el perroflauta o el viejo rockero urbano prefiere atacar a unos “poperos de mierda”, como a los mencionados Planetas, en lugar de a los productos comerciales para las masas (de esos de los que no hace falta que escriba más ejemplos).

¿Existe, por tanto, un movimiento mainstream y un movimiento underground? Definitivamente, no. Existe un mainstream, un pseudo-mainstream o pseudo-alternativeo y, por ultimo (y por fin) un puro y verdadero movimiento underground. No he venido aquí para dar lecciones de musicología, ni para encasillar a nadie, ni mucho menos para decir qué es bueno, y qué no lo es. Pero me decepciona, y mucho, que las personas que presumen de no escuchar “música para las masas” se dediquen a criticar géneros alternativos que no entienden porque ignoran. Y porque lo ignoran, lo desconocen y lo acaban despreciando precisamente porque lo desconocen. Por ello, y sin querer tacharlos de “casi comerciales”, los he colocado en un término medio que, más que suponer un puente o una vía de paso entre el mainstream y el underground, se presenta como una barrera. El mainstream ignora el underground (y, por lo general, es preferible que siga siendo así), y el pseudo-alternativeo, en lugar de apoyarlo, lo desprecia.

Lamentablemente, en este país, ésto es así, tal y como lo acabo de describir. Para el público mainstream, la única música alternativa de la que conoce su existencia es la siguiente: el hip-hop, el mestizaje (con deprimentes episodios como el del salto a las listas de éxitos de artistas que “antes molaban” como Macaco) y todo el espectro de punk-rock y rock urbano (los nombrados Sociedad Alcohólica y Porretas, más Reincidentes, La Fuga, Marea, y un largo etcétera). Este movimiento de músicas alternativas es el que yo llamo “pseudo-alternativas”. Pero no me refiero a que vendan más o a que vendan menos (últimamente, el pop alternativo catalán de Manel y Antònia Font se ha colocado en lo más alto de las listas de ventas, por ejemplo). Se trata de repetir unas mismas estructuras y de copiar unos mismos patrones hasta la saciedad, lo cual es más propio de los artistas superventas que de los alternativos. En definitiva, este falso alternativeo adolece de “innovación cero” y de una credibilidad artística cada vez más escasa (evidentemente, hay muchísimas excepciones).

Nudozurdo. El último gran nombre // Rafael Tovar

Tal es así, que el 90% de la música interesante que se hace en este bendito país se encuentra en el underground: en lo verdaderamente alternativo. Todos esos grupos y artistas que, tomando bases cuasi universales, como las del pop y del rock, las evolucionan, pulen el sonido, trabajan las letras, toman referencias de mil y una músicas,… y que, en definitiva, hacen arte (que es lo que a mucha gente se le olvida que significa la música), son los que se engloban meritoriamente en el underground. Con tal derroche de creatividad, sería imposible enumerar la cantidad de géneros y subgéneros que se encuentran en el verdadero alternativeo. Por poner algunos ejemplos, tendríamos desde el punk-rock de Triángulo de Amor Bizarro hasta el pop electrónico y latino de El Guincho; desde el rock psicodélico andaluz de Pony Bravo, hasta el folk en inglés de Alondra Bentley; desde el pop-rock oscuro de Nudozurdo, hasta la electrónica de masas de Delorean. Sin embargo, el falso mundo alternativo, en lugar de luchar contra el capitalismo musical, se ceba con todos estos subgéneros a los que tacha de “poperos”… ¿Poperos? Pasemos a este tema:

Ya dije que no era mi intención dar lecciones de nada a nadie. Así que evitaré entretenerme en definir qué es el pop y qué es el rock, y, por tanto, cuáles son sus diferencias. Se han escrito libros enteros sobre esto y no creo que sea yo la persona adecuada para hacer aquí una síntesis en un par de líneas. Sí que definiré “pop” como lo que es: un apocopado de “popular” y, por tanto, un adjetivo, y no un sustantivo. Así, entiendo que ser un “popero” significa ser un amante de la música pop, entendida como música popular y no como el género pop en sí (insisto en que no tengo ganas de defender ahora que Los Planetas son un grupo de rock, y no de pop). La polisemia del término “popular” hace que me confunda el hecho de ser tildado de popero

¿”Música popular” entendida como ‘la música de los pueblos’? Bueno… Bien es cierto que en el underground nacional se está notando un acercamiento a las músicas tradicionales de nuestro país: magistral fue el disco en el que Lucas 15 (proyecto paralelo de Nacho Vegas) versionaba el cancionero tradicional asturiano; o ese Sr Chinarro que cada vez suena más sureño y más mediterráneo. Pero mucho me temo que  los pseudo-alternativos no usan “popero” en este sentido…

 

Lori Meyers. Independientes en una multinacional // Marichispa

¿”Música popular” entendida como ‘la música que le gusta a la mayoría de la población’?

Si es así, está claro que los pseudo-alternativos se han equivocado de dirección, y, como dije antes, en lugar de atacar al “enemigo del norte” (el mainstream) han decidido pisotear lo que tienen abajo en el subsuelo. Puede que se deba a que se han basado en un equivocado argumento que se escucha mucho entre estos falsos amantes de la música no comercial, y es el siguiente: “lo que el indie pop quiere es, al fin y al cabo, salir en Los 40 Principales y vender millones de discos”. Y me dan ejemplos: “Vetusta Morla, Lori Meyers,…” Vamos por partes: si bien es cierto que estas bandas de música alternativa suelen llegar a más gente que otras por lo pegadizo de sus melodías, no es menos cierto que si de verdad quisieran hacer música con el único fin de vender, ¿no deberían repetir la fórmula del éxito una y otra vez, en lugar de estar reinventándose en cada disco? (como Lori Meyers) ¿O quizá no deberían haber ignorado alguna de las muchas ofertas que compañías multinacionales les ofrecieron para catapultar su música hasta las listas de éxitos? (como hicieron Vetusta Morla). Apuntaré una más a favor de Lori Meyers: los granadinos han conseguido lo que casi nadie ha hecho nunca en este país; y esto es, convencer a una compañía multinacional para que el mejor ingeniero de sonido de Los Ángeles les grabe un disco en el que Lori Meyers, y solo Lori Meyers, decidió el repertorio y el estilo final de las canciones. Y encima, firmaron, por segundo álbum consecutivo, el disco de rock español que mejor ha sonado de la historia -en lo que a la calidad de la grabación se refiere-. Que las canciones gusten o no gusten, es otro tema. Por lo demás, chapó.

¿”Música popular” entendida como ‘la música de las clases menos favorecidas’? Pues sí: podría ser, siempre que entendamos “clase” como ‘clase musical’, claro está. Si por algo más hay que admirar el movimiento puramente alternativo de este país es por el hecho de que muy pocos de sus artistas viven de hacer música. De hecho, grandes nombres como Manta Ray han reconocido sus dificultades de continuar grabando discos y tocando en directo por los compromisos laborales de sus componentes. Y si es así, ¿por qué los “poperos” son atacados por los pseudo-alternativos? ¿No se supone que estos falsos amantes de la buena música deberían apoyar a los colectivos -musicales, en este caso- con riesgo de exclusión social? De eso mismo tratan muchas letras hiphoperas, perrofláuticas o rockeras de izquierdas, ¿no? Ahora, más que nunca, subrayo el prefijo “pseudo” en mi particular denominación para el movimiento pseudo-alternativo.

Más cosas que se oyen desde las bocas de aquellos que se creen alternativos es que a ciertos grupos “poperos” no se les entienden cuando cantan. Y tienen una máxima para defender su teoría: “ya que cantan en español, por lo menos que se entienda”. Dudo muchísimo que los fans británicos y estadounidenses de Bob Dylan reclamen lo mismo -pero con el inglés- de su ídolo. Pero es que, para colmo, si las letras se entienden, resulta que “son ñoñas”. ¿Ñoñas? ¿En serio? ¿Compositores como Nacho Vegas, que ha editado sus letras en un libro, o Antonio Luque (Sr Chinarro), que ha sido alabado por el mismísimo Luis García Montero (recononido y laureado poeta de nuestro país), hacen letras ñoñas? En definitiva -y con perdón- la sensibilidad musical y literaria de estos mal llamados alternativos está a años luz de ser considerada excelente.

Y si el mainstream mal-llama alternativos a los pseudo-alternativos, éstos a su vez mal-llaman pop a una música que, sencillamente, no entienden. Y no entienden porque, usando sus propias palabras, “es aburrida” o “rara”. Deduzco que una canción demasido larga, con partes demasiado instrumentales, con excesivas capas sonoras y, en definitiva, con una estructura no convencional es demasiado alternativa para los pseudo-alternativos. Si no son capaces de asimilar una canción que no tenga una estructura convencional (es decir, pop), ¿quiénes son más “poperos” entonces? ¿Los fans de Marea o los de Pumuky? ¿Los de SFDK o los de El Columpio Asesino? ¿Los de Canteca de Macao o los de Standstill?

Standstill, más de 10 años en la brecha del rock // Jose Eduardo Medina

Lo único que siento es una extraña sensación de pena y orgullo al mismo tiempo. De orgullo porque creo que el pop y el rock alternativo en este país está pasando por la mejor etapa creativa de su historia, infinitamente mejor que los sobrevalorados años 80. La nueva generación de artistas, lejos de enfrentarse con la anterior, se ha unido a ella: los veteranos han apoyado a los noveles, y estos han admirado a sus maestros. El espectro musical de influencias y referencias se ha engrandecido considerablemente, enriqueciendo por tanto una escena que sigue creciendo en canales de distribución y en público inteligente.

Pero siento pena. Mucha pena. Pena porque la “otra” música, que también llaman alternativa, desprecia y maltrata a este hervidero de creadores independientes, construyendo un muro que los oculta de los grandes medios. Los mismos que en su día engrandecieron más de la cuenta a una “movida” que no fue para tanto, pues a penas duró 4 ó 5 años y sus principales representantes, que presumen  de seguir en activo, lo único que hacen es darle vueltas y más vueltas a una repetida y obsoleta fórmula, que plasman en discos mediocres, los cuales solo sirven de excusa para realizar una nueva gira de conciertos en los que siempre acaban tirando de repertorio clásico. Los Planetas, por su parte, llevan 19 años haciendo música, limando su estilo y mejorando su sonido. Uno de cada dos álbumes es un discazo y bien que merecería estar incluido en una hipotética lista de los mejores de la historia del rock español. Luego, en sus conciertos -que quizá no estén al mismo nivel de calidad de sus discos- les honra el hecho de ignorar los hits de su época inicial, ¡ni falta que les hace!. En líneas generales, ningún grupo, absolutamente ningún grupo de este país puede presumir de la trayectoria de los de Floren y J. Sin embargo, a no ser que la conciencia musical-cultural de este país diera un giro de 180º, mucho me temo que grupos como Los Planetas nunca aparecerán en un hipotético recopilatorio de las 101 Mejores Canciones del Pop-Rock Español, esos que siempre se nutren de los magnificados grupos ochenteros.

Cuando a Televisión Española le da por desempolvar sus archivos y mostrarnos lo “única e irrepetible” que fue aquella “edad de oro del pop español”, a muchos se les viene a la mente ese pensamiento de “¡Jo! ¡Si yo hubiera vivido esa época!”. Yo, por mi parte, no me lamento de haber nacido en los primeros 80, pero tampoco voy a presumir de haber vivido activamente el nacimiento de esos grupos de los 90 que aún perduran, puesto que cuando Los Planetas recogían el premio a la mejor maqueta del ’92, o Sr Chinarro, Strange Fruit (luego El Hombre Burbuja y ahora Julio de la Rosa) y Long Spiral Dreamin’ (luego Supertube y ahora Maga) lanzaban el recopilatorio “El Colectivo Karma”, yo era demasiado niño. Quizá, como todo chico de mi edad, solo recuerdo los momentos “overground” que tuvo el Sonido Gijón, en especial Australian Blonde cantando “Chup, chup, chup” o Nosoträsh, dejándose ver hasta en Los 40 TV. ¡Y qué decir de esos anuncios de coches con música de Sexy Sadie!. Por supuesto, también viví el boom del único (y repito, el único) grupo de rock alternativo español de los 90 que, como la inmensa mayoría de los grupos de los 80, no arriesgó en cambiar la fórmula que les dio el éxito inicial y no cesaron de repetirse y repetirse hasta que decidieron reinventarse a destiempo y con dudosa sensibilidad y gusto por la música. Estoy hablando de Dover. Repito: el único grupo de rock alternativo de los ’90 “que se ha vendido”. No hay más ejemplos.

El underground sigue pulcro y puro y así será de por vida; le pese a quien le pese.

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