Cuidado, material inflamable.

Por Juanjo Rueda 0

Material inflamable, eso nos venía a decir la portada. Material inflamable. En la parte posterior del libreto del disco nos encontrábamos con unas cajas de cerillas que eran la prueba: dale al play, deja que prenda el fuego.

 En 1990 las islas británicas estaban en plena fiesta, 1989 había sido denominado el “segundo verano del amor” con la cultura rave en pleno auge. La gente vivía en un éxtasis (metafórico y literal) en el que había pasado o estaba pasando del acid house a un jungle o hardcore de beats más rápidos. En este contexto será cuando un grupo llamado Massive Attack nacido de las cenizas del colectivo The Wild Bunch (el Grupo Salvaje), y en una ciudad sin apenas tradición musical (al menos hasta entonces) como era Bristol, empezaría a mostrar sus cartas con su primer single “Daydreaming”. Este grupo estaba compuesto por: Andrew “Mushroom” Vowles, Grant “Daddy G” Marshall, y Robert “3D” del Naja. Además contaba con la participación de gente como Adrian Thaws a.k.a. Tricky Kid, compañero de piso -en esos días- de del Naja.

Con todo estos antecedentes llegamos a 1991. Un año clave para la música, ese año se editarían discos como “Screamadelica”, “Loveless”, o el archiconocido “Nevermind”. Pero antes que todos ellos la llama -esas cerillas- la prendieron este grupo de Bristol que todavía operaba al estilo de un soundsystem como los del hip-hop. Pocos imaginaban entonces que en ese clima, con la electrónica rave de resaca, los shoegazers teniendo su pequeño momento de gloria, y el grunge a punto de estallar, como digo, pocos imaginaban que un disco que iba a mezclar hip-hop de beats lentos, bajos gordos, el scratching, soul, funk, dub jamaicano, y el sampling iba a proporcionar la primera gran obra maestra de la recién nacida década. Hoy resulta natural toda esa mezcla de estilos, más aún, puede resultar sencilla. Pero no, no lo era. El disco contaba con un buen número de colaboraciones que marcaban pistas de todo lo que encerraba: contaba con Horace Andy, mítico cantante de reggae; Neneh Cherry (hija de Don Cherry), colaborando en alguna composición; Shara Nelson que hace una de las interpretaciones vocales de la década en “Unfinished Sympathy”; Tricky Kid, posteriormente abreviado a Tricky y que será una de las figuras de lo que será llamado “sonido Bristol”; incluso teníamos a Geoff Barrow (Portishead) que más de una vez ha contado la anécdota de como hizo de chico del té en este disco.

El disco salió publicado el 8 de abril de 1991 y desde el primer momento fue visto por gran parte de la crítica como la obra maestra que es. El listado de canciones no admite discusión (de “Safe From Harm” a “Hymn of the Big Wheel”), donde no sobra ni falta nada. Aunque algunos puedan rebajar sus méritos al descubrir los samplers de Billy Cobhan o Wally Badarou para temas como “Safe From Harm” o “Daydreaming”, en general es un disco enorme (si no lo fuera no estaríamos hablando de él) y que pone de manifiesto, con samples como estos, que hacen un potaje -muy rico y consistente- de pasado y presente de la música negra (de Nueva York a Jamaica) para crear algo que en ese momento era el futuro. Plasmado, quizá, en esa cumbre que es “Unfinished Sympathy”, un himno de soul urbano que hace que te rías cuando alguien dice que Amy Winehouse o sus producciones eran el futuro del soul en el siglo XXI.

Después de este disco vendría la etiqueta, para clasificar lo inclasificable: trip-hop. Vendría la copia fácil (Morcheeba) o la búsqueda de ir más allá (Portishead, Tricky y los mismos Massive Attack); vendría la necesidad de agrupar un movimiento y de buscar comparaciones que no han cesado con compañeros de escena (Portishead); vendría la asimilación total de la etiqueta como cliché “cool” para gente que quería ir de moderna y no sabía distinguir entre ambient, chill-out y trip-hop; vendrían las críticas o los altibajos creativos en comparación con este disco (a pesar de que todavía nos iban a dejar un par de discos notables y otra obra capital, “Mezzanine”); vendría la muerte del estilo o de la etiqueta en el siglo XXI… Pero todo esto vendría después de este disco, después de prender esas cerillas hace ya veinte años y dejar que ese material inflamable ardiera en los oídos.

P.D. Como mucha gente que estará leyendo esto, no descubrí este disco en el momento de su publicación. En mi caso tendría unos 10 años en el año en que se publicó y no sería hasta casi diez años después de su publicación cuando este disco entró en mi vida. Pero precisamente por eso, porque en los albores del año 2000, que fue cuando lo escuché, este disco seguía sonando fascinante y novedoso es por lo que en su día tuvo que sonar realmente nuevo. De hecho, hoy día me sigue sonando así.