Artesanía musical

Por Juanjo Rueda 1

7.5

Nota
7.5
75%

Josh Rouse hace ya unos cuantos años que se trasladó a vivir al levante español, un cambio que -supongo- habrá sido muy positivo en lo personal pero que en lo músical nos había dejado algunos de sus discos más irregulares (“Subtítulo” o “El Turista“) alejados del nivel de las que se pueden considerar sus cumbres como son “1972” y “Nashville“. Ahora vuelve a publicar disco después del publicado el año pasado, “El Turista” (2010), y se trata de su primera referencia en el sello aragonés Grabaciones en el Mar. Nuevo sello que, creo, le va muy bien a la forma de ser y la música del norteamericano, ya que para mí, Rouse, pertenece a esa categoría de músicos que considero artesanos de su oficio. Son gente -es mi impresión- que se les ve que disfrutan (mucho) con un oficio al que no aportan nada realmente novedoso pero lo que hacen lo hacen con un gran respeto por la tradición (musical) y buen gusto. Lo que digo, no aportarán nada realmente novedoso pero son -para mí- absolutamente necesarios para transmitir al oyente amor por la música alejada de modas coyunturales. Y todo esto anterior son características que parecen desprenderse del sello aragonés y las referencias musicales que manejan.

En este nuevo disco deja atrás los experimentos fallidos con nuestro idioma del anterior disco y se rodea de una nueva banda, The Long Vacations (Xema Fuertes a la guitarra, banjo y batería; y Cayo Bellveser al bajo). El disco presenta nueve canciones de pop luminoso y elegante que igual van del aire mediterráneo, sosegado, y alegre de “Diggin in the Sand”, “To The Clock, To The City”,  “Disguise”, o “Oh, Look What The Sun Did!” (primer single); pasando por el tono de bossanova de “Fine Fine”; alguna pieza más lenta y algo más melancólica como “Bluebird St”; llegando incluso al toque algo cabaretero de “Lazy Days”. Nueve canciones cortas (ninguna llega a los cuatro minutos) que se pasan en un suspiro y que recuperan al mejor Rouse aunque sin llegar todavía a las cotas de los dos álbumes arriba mencionados (“1972” y “Nashville“). Uno de esos discos que por su optimismo y aire despreocupado uno agradecería que hubiera salido a finales de primavera y que servirá para prolongar la sensación de verano en estos -extraños- días de calor que aún tenemos.