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Mogwásmico, mogwatástico… con peros.

Por Ross Gallagher 0

El pasado miércoles 26 de octubre, a la misma vez y en la misma ciudad en la que Coldplay presentaba su nuevo disco, estos escoceses ofrecían un concierto mucho más humilde en cuanto a repercusión pero con una carga emocional muy intensa.

El concierto, que se celebró en la Sala San Miguel y dentro del ciclo de conciertos “Imperdibles San Miguel” organizado por la gente del primavera sound, tuvo buena entrada aunque sin llegar al sold out en una sala  que resulta muy cómoda para este tipo de conciertos y dispuso de un sonido notable.

Empezó todo a las ocho y media con el telonero, Gruff Rhys. El galés, más conocido por ser el vocalista de Super Furry Animals, se presentó con su tercer disco debajo del brazo y apareció sobre el escenario en solitario, ante un montón de instrumentos variopintos (desde un metrónomo a una especie de baqueta magnética), pedales, el órgano casio y su guitarra acústica con “añadido”… es decir, un trozo de cartón para simular que su guitarra acústica pareciera una eléctrica.

Los primeros temas tuvieron cierto aire selvático, escuchándose sonido de animales de fondo mientras el artista ìnterpretaba, grababa y superponía (lo cual repitió durante gran parte del concierto), multitud de loops dando forma a unas armonías ciertamente particulares, con mucha personalidad, paseándose continuamente en la delgada línea entre lo esperpéntico y lo visionario, entre la locura y el genio.

Fue evolucionando a un aire más retro, en el que ponía un vinilo con las bases, dando la sensación de haber retrocedido varios décadas en el tiempo, o de hallarme en un show de Andy Kaufman en aquel sketch con el gramófono. La verdad es que no hace mala música ni interpreta mal, además resulta muy entretenido de ver, pero la actuación queda un poco coja’, poco consistente. Como nota simpática, Gruffyd llevaba escrito unos folios donde se podía leer bien claro “Aplausos”, “Gracias”, “Whoa!!” y “Game Over” y utilizó al principio y al final del concierto entre los aplausos cómplices y risas del público.

Y despues de un receso, empezó Mogwai, bastante puntual. Una de las cosas que dificulta escribir sobre ellos es que una vez leida o hecha una crónica, esta tiende a repetirse; buen hacer, destacando su sonido de guitarras distorsionados, mezcla de momentos de épica con pasajes tranquilos, emocionantes hasta llegar al paroxismo y volumen atronador por momentos (hay gente que se quejaba del volumen por bajo, pero el día y  medio que me han estado pitando los oidos lo desmiente sin dar lugar a dudas).

Sin duda lo peor de todo fue el público. Horrible es poco. Hablando sin parar, muchas veces a voz en grito y sin respetar los momentos de más calma e introspección que ofrecen los escoceses, rompiendo en muchas ocasiones el encanto de los mismos, entre sus propios rebuznos y los ¡¡¡shhhh!!! múltiples que se llegaban a oir en la sala cada dos por tres. Servidor, que se hizo novecientos kilómetros para verlos, salió de allí por un lado encantado por los momentos que regaló el concierto y por otro con cierta ansia asesina, deseándole una operación irreversible de extirpación de cuerdas vocales a algún sector de la concurrencia.

Otro punto negativo, fue la seguridad. En un ejercicio de exceso de celo, se pasaron la mitad del concierto apuntando con la linterna hacia el público y vigilando con cara de pocos amigos para que nadie grabara el concierto, muchas veces de muy malas maneras, lo cual, aunque yo no llevaba cámara, no es agradable de ver ni favorece un ambiente en el que se puede disfrutar de la música. Tanto así como que justo en el momento en que se produce el cambio en How to be a Werewolf, no se le ocurrió nada mejor al amigo de seguridad que encaramarse a la valla, tapandome los visuales (que llevaban algunas canciones del último disco) para indicarle a alguien del público que dejara de grabar, también de muy malos modos. Adiós al clímax de la canción.

De hecho, tan notorio fue esto que a medio concierto, Stuart Braithwaite, guitarra y líder del grupo, echó a ese miembro de seguridad del foso, sustituyendo a los dos que habían por otros mucho más calmados que dejaron disfrutar con normalidad del resto del concierto, entre los aplausos de gran parte del público que estaba en la parte delantero. Olé por él.

Esto sin embargo solo son dos borrones en un gran concierto que podría haber sido completamente apoteósico. Abrieron fuego con White Noise, en el que pudimos ver a Luke Sutherland completamente desbocado con el violín. Repasaron buena parte de su nuevo disco, sobre todo durante la primera mitad del concierto, para luego remontarse en la segunda parte a su discografía más antigua, dando lugar a los momentos más emotivos (sin desmerecer la primera mitad, ya que el nuevo disco me parece muy bueno).

Especialmente emotivo me resulto, tras la vuelta de los bises, New Paths to Helicon pt. 1, sin duda el momento especial del concierto, que duró algo más de una hora y veinte minutos. En el tintero quedaron muchas joyas, ya que no tocaron por ejemplo y entre muchas otras, Mogwai fears Satan o 2 Rights makes 1 Wrong. Y es que la verdad que sería una delicia verles en una actuación que superara las dos horas porque temas tienen para aburrir y aún así sería difícil que repitieran un setlist sin dejarse muchas canciones en el camino.

Así que me marché de allí insatisfecho en cuanto a que aún quería más y sentí que podría haber aprovechado mejor el concierto en otras circunstancias, pero convencido de volver a repetir con Mogwai según se presente la oportunidad, porque es de esos grupos especiales, que no te deja indiferente, que transmite, emociona y te transporta a lugares y paisajes lejanos, o que consigue que lo cotidiano se vuelva mágico al son de sus rasgueos de guitarra. ¡Hasta pronto!

Setlist: White Noise, Travel is Dangerous, Death Rays, Rano Pano, I’m Jim Morrison, I’m Dead, How To Be a Werewolf, Mexican Grand Prix, You’re Lionel Richie, Auto Rock, Ithica, Like Herod, Batcat. Bises: New Paths to Helicon Pt. 1, We’re No Here.

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