Ashes & Fire

Por Juanjo Rueda 1

7.5

Nota
7.5
75%

Ryan Adams venía de ser una especie de niño prodigio de eso que se llamó country alternativo con su banda Whiskeytown. Tras poner fin a Whiskeytown inauguró la primera década de este siglo (aunque algunos puristas dirán que todavía estábamos en el siglo XX) con una obra perfecta como es “Heartbreaker” (2000); disco que se podría enmarcar en la corriente de la americana o del antes mencionado alt-country, y que era una obra atemporal donde rescataba lo mejor del espíritu de Gram Parsons, Bob Dylan y Neil Young en una ristra de canciones como no ha vuelto a componer (y ha hecho muy buenas a posteriori). Un año después vendría el éxito más o menos masivo gracias a “Gold” (2001), en parte a lo comercial del disco (comercialidad no reñida con calidad) y en parte al gran revival del rock que se vivía en esos momentos y al que se le asoció tangencialmente. Posteriormente ha tenido una andadura marcada por el estajanovismo musical y por los altibajos, consecuencia de la voluntad de publicar todo lo posible. Ryan Adams ha entregado discos que se pueden catalogar como prescindibibles (“Rock N Roll”, “29”, “Cardinology”) y otros que se acercaban por momentos a su gran obra -la mencionada “Heartbreaker”- pero sin llegar a su perfección (“Love Is Hell” en sus dos partes, “Cold Roses”, “Easy Tiger”). Este nuevo disco pertenece a la segunda tanda.

Estamos ante un notable disco de alt-country, casi un ejercicio de estilo pero donde siempre sobresale la enorme capacidad que tiene este chico para hacer canciones y para las melodías (con todos sus discos se puede hacer un repertorio que quita el hipo). Pues aquí sigue habiendo grandes canciones que siguen hablando -como en casi todas las canciones de Adams- de amor, desamor y melancolía (“Dirty Rain”, “Ashes & Fire”, “Come Home”, “Chains Of Love”, “Invisible Riverside”, “I Love You But I Don’t Know What To Say”, etcétera), y donde casi no hay ningún momento prescindible lo cual es motivo a celebrar a tenor de su discografía.

Estilísticamente no sorprende y dudo que a estas alturas ningún disco de Ryan Adams lo haga pero visto lo visto es quizá el mejor disco que nos podía entregar en 2011 Ryan Adams. Y eso tratándose del de Jacksonville ya es mucho, para él y para nosotros.


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