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Fue eléctrico

Por Rafael Tovar 1

La Habitación Roja elige 2012 para estrenar su nuevo trabajo, “Fue eléctrico” (Mushroom Pillow, 2012). Llevo siguiendo las pistas del grupo valenciano desde que en 1998 sacaran su primer larga duración. Y así llegamos casi quince años después. Tiempo más que suficiente para observar con cierta perspectiva la evolución de un grupo, y en el caso de de estos chicos, la perspectiva de una buena evolución.

La Habitación Roja siguen, con este disco, sonando a lo que son, y no a lo que deberían ser. Hace años que pulieron su sonido hasta hacerlo indiscutible. Si los escuchamos en la radio o en el equipo de casa de un amigo en una fiesta universitaria siempre podremos decir que son La Habitación Roja. Inconfundibles. Los chicos de L’Eliana querían tener una colección de canciones que les sirviera para comenzar cualquier directo. Tras la marca pausada de su anterior trabajo, rasgando lo acústico, ahora vuelven con fuerzas, con material eléctrico como bien anuncia su título. Ya no es tiempo para dejarse ganar por el dolor, sino para deshacerse de lo malo, de saber que todo lo malo también pasa, como lo bueno.

Ponga una colección de buenas canciones de toda su discografía y dele al play. Suena a eso y a nada de eso. Algunas canciones que me recuerdan a “Largometraje” pero con la frescura de “Nuevos tiempos”. Como el anterior trabajo, “Universal”, el comienzo del disco es clamoroso y potente, pero al contrario que éste, la fuerza no decae y sigue con “Siberia” y “Ayer”, éste último el primer adelanto que nos presentaban en forma de single antes de la salida del disco. Las historias se terminan, y esos finales desesperan, pero eso pasa, y al final se recuerda el ayer desde otra perspectiva menos dolorosa. Autocrítica emocional.

“Annapurna” viene a convertirse en uno de los hits de este disco, y estoy deseoso de escucharlo en directo. Sin embargo hay una continuidad en la temática de sus letras con respecto a su anterior trabajo. Aunque consiguen iluminar con su música, no así con las letras, que vuelven a caer, sin pretenderlo, en la evocación al pasado perdido, desde una especie de tormento adolescente,  y la reafirmación de la identidad, quizás porque Jorge y sus chicos se acercan ya a la crisis de los cuarentas.

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