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Checopolaco

Por Jose A. Rueda 2

Granada, otra vez. Cierto es que la ciudad de la Alhambra ha parido a muchísimos grupos importantes, pero no es menos cierto que los más destacados se han venido contando con los dedos de una mano. Por fin Granada recarga pilas y vuelve a aportar multitud de nuevos nombres a la escena, ya sea por parte de veteranos que forman nuevos proyectos (Grupo De Expertos Solynieve, Evangelistas, Los Pilotos) o ya sean jovenes talentos abriéndose paso (Pájaro Jack, Napoleón Solo).

El caso de Checopolaco es especial, puesto que por experiencia se codea con los mismísimos J, Florent o Antonio Arias, pero por juventud se le sigue calificando de “promesa”. Se trata de Julián Méndez: veintesiete añitos y un currículum de vértigo. Fue miembro fundador de Lori Meyers hasta que se intercambió el puesto de bajista con Miguel López de Los Planetas, con los que lleva girando desde “Una ópera egipcia”.

Julián Méndez / foto: Javier Callejas

En 2007 creó este proyecto llamado Checopolaco, que debutó discográficamente el año pasado con “Un disco de folk podrido” (Lojasound, 2011). Doce meses después, Julián y su banda revalidan con “Checopolaco” (Meridiana, 2012): nueve canciones de pop-rock “made in Granada” que recuerdan a los primeros (y añorados) Lori Meyers. Las melodías también tienden a Los Planetas del “Super 8” y del “Pop”, mientras que el sonido se acerca mucho más a eso que todos reconocemos (para bien y para mal) como “indie español”, aunque rehuye del lo-fi y sobresale en el tratamiento de la voz (que, como dijo Antonio Arias, suele ser un aspecto muy descuidado en las producciones españolas).

Pero la parte vocal no solo se limita a una buena grabación, pues Julián -al que siempre hemos visto lejos del micrófono- sorprende a todos con sus dotes en timbre y entonación. Un estilo muy personal y nada “popi” que culmina con una lírica madura, imposible de reprobar ni por ñoña ni por críptica. El amor actúa como hilo conductor, y Julián lo concentra con intensidad en párrafos breves, como ocurre en la folky “Diadema” y en la inaugural “El batallón”. Pero el talento compositivo de Checopolaco se derrocha en las canciones más lentas: “A paso de caracol”, “Como un ángel” y “No tan frío invierno” (esta última la podría haber firmado el mismísimo Nacho Vegas). Las canciones rápidas, por su parte, son las que evidencian la semilla de Lori Meyers: “Laura Taylor”, “Verte al norte” y, sobretodo, “Camarera”, una de las mejores del disco. El olor a country-rock que desprende “Guerreros” lo desmarca de todas las demás canciones de “Checopolaco”, y completa un disco que no solo no pasará desapercibido como el anterior, sino que consagrará a la banda de Julián Méndez como algo más que eso que suelen denominar “proyecto paralelo”.

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