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Sepultados en la avalancha de sonido

Por Ross Gallagher 0

A Place to Bury Strangers ofreció un espectáculo en el que miles de vatios de potencia arrastraron y sumergieron a los presentes en la particular propuesta del grupo de Oliver Ackermann, que además cerraba el ciclo de conciertos Microsonidos.

Empezaron rompiendo el hielo Lebowsky. Al grupo murciano se le veía cómodo sobre el escenario, sonando correctos, pero flaqueando a la hora de conseguir armonizar los coros.

Dieron un concierto yendo de menos a más, con una primera parte en la que tiraron de una música más convencional, moviéndose entre el new wave-punk-pop, tanto así que a veces parecía que retrocedíamos en el tiempo, dando la impresión de asistir a un concierto de la movida.

Antes del final,  ofrecieron lo mejor de su repertorio tras una breve pausa necesaria  para dotar  a sus dos últimas canciones de un sonido psicodélico y distorsionado, más acorde a lo que se podía esperar de un telonero de A Place to Bury Strangers.

Tras una pausa de una media hora, hicieron acto de presencia Oliver Ackermann (que estuvo buena parte del concierto de Lebowsky en primera fila atento al mismo) y los suyos. El aspecto visual juega un gran papel en la ambientación. Humo, luces que dejan a Oliver y Dion a contraluz y un juego de proyecciones que acompañaron y dieron ambiente al concierto.

Fue un concierto que empezó muy fuerte, con Ego Death, ante un público que no llenaba del todo la sala pero sí que se agolpaba bien cerca del escenario con la intención de no perderse ningún detalle, y que empezó a animarse muy pronto, con pogos en las primeras filas.

Este inicio arrollador junto con Onwards to the wall, marcó el resto del concierto, que no llegaría a esos niveles de contundencia, bajando de intensidad y volviendo a acercarse cuando tocaron el inicio de Deadbet a mitad del mismo. En cuestiones de sonido, siempre difícil tratándose de este tipo de grupos, consiguieron sonar compactos, levantando un muro sólido, en el que sin embargo a veces no se podía distinguir el bajo de Dion Lunadon, llegando a deslucir puntualmente su actitud impecable, como en el momento en que bajó del escenario para encaramarse a la barra del bar y marcarse unas notas mientras se movía como poseído por la melodía.

Y es que Dion es de los tres el que más presencia tiene sobre el escenario, aunque Oliver tampoco se queda muy atrás, dejándose llevar y estrellando la guitarra contra el suelo hacia el final del concierto.

Sonaron también entre otras Lost Feeling, I lived my life to stand on the shadow of your heart y Oceans hacia el final, en una actuación que tuvo dos bises, uno el acostumbrado, y un segundo en el que Oliver salió sin el resto de la banda, cuando ya no esperaba que volviera a hacerlo, para improvisar un rato sobre el escenario, cerrando un concierto notable y dejando al público bastante satisfecho con lo presenciado.

Este concierto supuso además un broche de oro para esta edición del Microsonidos murciano, que tanto hemos disfrutado y el cual echaremos de menos y esperamos que vuelva con igual fuerza el año que viene. ¡Hasta pronto!

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