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Copiloto, profeta en su tierra.

Por Juanjo Rueda 0

El día había empezado muy caluroso, el verano se había adelantado, pero por la noche sorprendió una de esas tormentas que en estos días tan sofocantes uno siempre agradece pero que podía hacer que la gente remolona o con dudas se quedara en casa. Pero no, quizá hizo que la gente apurara algo más su llegada al concierto pero en su inicio -con el retraso habitual fue cercano a la medianoche- la sala El Veintiuno registraba casi tres cuartos de entrada.

Y es que Javier Almazán, como bien dijo que lo conocían más en Huesca, o Copiloto jugaba ayer sábado en casa donde se presentaba con un formato acústico, sin el acompañamiento de su banda habitual El Círculo de Confianza. Un formato que el propio Javier, bastante comunicativo toda la noche, dijo que es el que más le asusta y por el que más respeto siente. Pero como digo, jugaba en casa con un público bastante entregado en el que había un buen número de amigos e incluso familia. Un público bastante entregado a pesar de algunos momentos en que algún sector sacó ese vicio tan extendido en los directos en Aragón como es hablar durante el desarrollo del concierto

Copiloto/Foto: Luis Costa

Con este escenario un Javier Almazán/Copiloto bastante comunicativo, como ya he dicho, desgranaba parte de su repertorio con solvencia tanto a la guitarra como al piano, los dos instrumentos que fue alternando según canciones, como en su capacidad vocal, mientras entre canción y canción a veces te narraba anécdotas de sus inicios. Haciendo un recorrido por sus tres álbumes de estudio, nos fue dejando tanto canciones de su tercer disco -”El inicio, el desencanto y el círculo de confianza” (2011)- como de los dos anteriores -“Un segundo luminoso” (2009) y “Defensa del artista que no existe” (2008). Incluso recuperó una pieza que dijo que era de las primeras composiciones que hizo, allá por 1995 nada menos.

Así fueron sonando canciones como “Se lo tengo que decir”, “Copiloto”, “Alicia subterránea”, “Dotes innatas”, “Vendrá cantando”, “El modelo de Watson y Crick”, “Ser un libro abierto” o “Salvar el día”, en un set que se alargó poco más de una hora. Su cancionero pop, que se basa en los modelos clásicos con los Beatles más canónicos a la cabeza, por momentos se ve favorecido por el formato adoptado, con una mayor desnudez las canciones quizá ganan en cercanía y mayor sentimiento, con esas letras que suelen hablar de relaciones sentimentales y todo lo que las rodea (amor, desamor, dudas, alegrías y frustraciones). Todo se debe, como ya he comentado, a la buena solvencia sobre las tablas de Javier Almazán/Copiloto, aunque él insistía que utiliza a veces este formato para demostrar que no es un buen músico. Cosa que se comprobó que no es del todo cierta, quizá no sea un virtuoso pero la música es comunicar y en eso se mostró más que sobrado.

Por cierto, con la entrada, se regalaba un cedé con que contenía el single “El modelo de Watson y Crick” y la cara B “Hoy parece que no estoy por la labor de acabar con esto”. Un bonito detalle para un buen concierto.

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