banner WIR

Primavera Sound 2012, más allá de la multitud (II)

Por Jose Eduardo Medina 0

Justice / Jose Eduardo Medina

Días grandes en el Parc del Fórum, con un viernes hasta los topes por el desembarco de la legión Cure y la caída de público el sábado ante ausencia de Björk.

La primera parada de un viernes que empezó algo más tarde de lo esperado, fue un rápido vistazo a Rufus Wainwright, en el escenario San Miguel con la banda al completo, antes de salir corriendo hacia el Mini para ver el concierto de Girls. Los de San Francisco, que ya pasaron por la ciudad en el Primavera Club de noviembre, ofrecieron una hora de melodías pop tan introvertidas como el carácter de Christopher Owens, culminada por una lluvia floral de despedida, un final que le venía como anillo al dedo. Dejando atrás este flower power improvisado, buscamos el otro extremo del recinto.

Vice y Pitchfork unían dos propuestas opuestas. Pasamos frente a Adam Granduciel, chico para todo en The War on Drugs tras de la marcha de Kurt Vile, y ya oíamos a Hunter Hunt Hendrix desgañitarse delante del micrófono. Liturgy, parte de la nueva ola de black metal que ha abierto camino en un festival fuera del circuito, se sale de todos sus rígidos clichés, lo que les ha llevado a ganarse el rechazo del bloque duro. Con vaqueros y camiseta, desempolvan los básicos del género en un directo que no necesita atrezo ni añadidos. En el lateral, The War on Drugs seguía sonando a hilo musical de una emisora del interior de América en los sesenta, harmónicas, guitarras, Dylan y Springsteen.

The Cure / Jose Eduardo Medina

No llegamos a “Plainsong”, elegida por Roberth Smith para abrir el concierto más multitudinario de la noche. La explanada del San Miguel hasta los topes para recibir a la banda británica, que se valió de su masa de fieles seguidores para dejar el resto del recinto a medio gas. El listado de éxitos que acumulan sobre sus espaldas, un sonido directo excelente que es calco de cualquiera de sus grabaciones, y el propio Roberth, y sus pintas, destacando sobre el resto del escenario, dejaron satisfechas las ansias revisionistas de los congregados ante una propuesta que no da para más.

Aprovechamos la comodidad que dejarían en el resto del recinto las más de tres horas de concierto de los de Crawley, para seguir con la hoja de ruta. Siguiente parada, Sleigh Bells, a unos metros del San Miguel, Derek Miller nos sacudió el olor a naftalina a base de riffs de guitarra, golpes de sintetizador y la hiperactiva Alexis Krauss recorriendo el escenario de punta a punta, un gancho directo de aire fresco por parte de la banda que ha superado para bien la filiación al ruido saturado sin perder contundencia. Saliendo del Pitchfork, a toda prisa nos dirigíamos al escenario Mini intentando evitar el éxodo de público desde el San Miguel.

Sleigh Bells / Jose Eduardo Medina

Todavía había espacio, en otro de los que sería uno de los conciertos más concurridos del festival. Mientras veíamos el final de Wavves, cerrando sin altercados, para redimirse de su paso por el festival en 2009, nos agenciamos una buena posición donde esperar quince minutos más de lo previsto. La extensión del concierto de The Cure, obligó a retrasar el resto de la noche.

M83 / Jose Eduardo Medina

M83 ya había colgado el cartel de aforo completo en la ciudad a principios de marzo. Anthony Gonzalez, con un currículo sin tacha desde su debut, ya usaba la palabra épica para describir Hurry Up, We’re Dreaming (Mute, 2011 ), y han continuado con ese mismo espíritu en directo. Sin embargo, sobre el escenario, se deshacen de toda la introspección que ralentiza la grabación, y tiran de electrónica para grandes aforos. A base de beats y percusiones, llegó el climax con el saxo de “Midnight City”, apareciendo de improvisto como parte del sueño al que pretenden unirnos.

La noche se cerraba, para nosotros, con el concierto de The Rapture en el San Miguel, cuyos arreglos de grabación siguen sonando mejor que el directo, a una hora en la cual, después de la retirada de los pesos pesados de la noche, ya se prodigaban los huecos en la delantera de los escenarios. Bajando a comprobar el increíble manejo de la MPC de Abraham Orellana, AraabMuzik, con una ofertando al mucho más público que los londinenses Benga, a escasos metros, y con un dubstep de factura muy previsible.

El sábado ya era visible la falta de tirón del cartel diario para el público general, con la retirada de la islandesa Björk y su sustitución por Saint Etienne en el prime time del escenario San Miguel, flaqueaba el programa aunque todavía quedaba algún peso pesado, como los de Baltimore o la pareja de electrónica francesa.

Lisabö / Jose Eduardo Medina

Llegamos, con algo menos de ímpetu que las dos jornadas anteriores, al concierto de Lisabö. La banda vasca, a pesar de entrar al borde de la franja horaria menos concurrido delfestival, reunía a una importante cantidad de público, principalmente nacional, atraídos por la buena acogida de su último disco. Mientras seguíamos oyendo la voz de Karlos Osinaga, despedida por encima de una base destemplada de guitarras y batería, cambiábamos el sol del Ray Ban por la sombra del Pitchfrok.

Conseguimos llegar a James Ferraro poco antes de terminar su  escueto set, un repertorio del neoyorkino que no nos entusiasmó y, aunque discípulo de Ariel Pink, su directo autista sobre la mesa de mezcla se queda a medio gas frente a la redonda actuación de la banda del californiano el pasado año.

Preferimos quedarnos cerca y esperar, mientras Lisabö cerraba su actuación, la subida de Bradford Cox al escenario Pitchfork. La cabeza de Deerhunter, volvía un año después con su proyecto en solitario, Altas Sound. A pesar de la maldición que parece que persigue el escenario de la conocida revista americana, y que ya se cobraría más tarde su segunda víctima, Cox se recuperó de la desconexión parcial en su pedalera y dejó unas improvisaciones pop de las más personales y exquisitas del festival. Un gustazo verlo alejado de las masas que rodean a  su grupo últimamente.

Atlas Sound / Jose Eduardo Medina

Ya no podíamos retrasar más nuestro encuentro con las grandes aglomeraciones y, resignados, íbamos camino del Mini a ver la presentación de lo nuevo de la pareja de moda. Bloom (Sub Pop / Bella Union, 2012) ya destila una grandilocuencia, in crescendo, con respecto a los trabajos anteriores de Beach House. Muy lejos queda aquel par de freaks que se dedicaban a “hacer pop de habitación con olor a incienso y cortinas cerradas”, según Lindsay Zoladz. Al patrón actual del grupo le viene como anillo al dedo la multitud congregada, y, quizás la lejanía de Legard en el escenario es el último recurso para mantener el carácter reservado del dúo, en un concierto pensado a escala de estadio. Alabanzas para la evolución de los de Maryland, pero, personalmente, eché de menos la intimidad de los acordes de “Gila” en el Poble Espanyol.

OFF! / Jose Eduardo Medina

El tiempo seguía corriendo y se nos hizo tarde para llegar a The Olivia Tremor Control y Real Estate, al otro lado del recinto, viendo desde lejos como la gente desalojaba el escenario Pitchfork mientras nos acercabamos a toda prisa. Aprovechamos la caminata para quedarnos por la zona del escenario Vice con curiosidad por ver el concierto de OFF! El proyecto que ha montado Keith Morris, vocalista de Black Flag, después de colaborar con Dimitri Coats, bajista de Burning Brides. Tras debutar en 2010 con un EP compuesto entre ambos, venían a presentar su segundo álbum homónimo. Tras un arranque con contundencia, los monólogos de Morris, al más puro estilo batallitas del abuelo, llevaron al traste un concierto que prometía a primera vista.

Decidimos acercarnos al San Miguel para echar un vistazo rápido y ver como estaba aguantando el tipo Saint Etienne, mientras esperábamos que subieran Chromatics al Pitchfork. Los ingleses hacían aguas, en un escenario por encima de sus posibilidades, repleto de huecos y donde no nos costó alcanzar la primera fila. Sacando a relucir de nuevo el dance de la  escena indie noventera, parece que el tiempo no ha pasado para ellos, pero sí para el resto y el salto generacional se ha hecho ya demasiado grande.

Bajábamos de nuevo y Chromatics ya andaban sobre el escenario. Aunque la renovación experimentada por la banda a mitad de los 2000 y el viraje completo del punk a electrónica oscura les haya reportado un fulgurante ascenso en la crítica, quizás la atención para muchos se centraba en “Tick of the Clock“, el corte incluido en la banda sonora de Drive. Todos ellos se llevarían una lección por parte de Radelet, Miller y Jewel sobre cómo construir un pop tan visceral como la más dura de las propuestas rock, oculto entre la suavidad de una capa electrónica.

The Weeknd / Jose Eduardo Medina

Saboreando todavía el buen gusto dejado por los de Portland, nos quedamos esperando en el escenario Pitchfork a otro de los esperados de la noche. Abel Tesfaye traía su proyecto The Weeknd por primera vez a tierras españolas. Principalmente ante público extranjero, el canadiense subió al escenario, pero a mitad de “High For This” se desmontó una puesta en escena que ya se intuía fuera del rango de sutil y delicado R&B que maneja en su estudio. Un apagón cortó la corriente y el escenario volvió sólo a medio gas, igual que un Tesfaye que abuso del recurso fácil del gorgorito, recargando más y más unos arreglos que acabaron irreconocibles. Mal camino para un sonido que parecía alejarse de las formas convencionales del género.

Washed Out / Jose Eduardo Medina

Ya con toda las cartas sobre la mesa, nos dejamos caer por la que sería nuestra última visita al escenario Mini, conseguimos llegar al par de canciones finales de Yo La Tengo, y volvimos a la zona del San Miguel para cerrar la noche con la visita a cuatro propuestas electrónicas.

Primero, esquivamos los samplers de D.A.N.C.E. que, como cantos de sirena, lanzaban los franceses Justice subidos a su mastodóntica escenografía y nos pasamos por la mesa de mezclas de Jamie Smith, con mucho más movimiento que el concierto de sus compañeros el jueves. Al lado, Ernest Greene, al frente de Washed Out, dejaba fluir su electrónica sofisticada. Quizás, debido a las horas y el cansancio, no llegó a cuajar en nosotros mayor interés y decidimos subir a ver que se cocía sobre la explanada del San Miguel.

Precisamente, nos topamos con el epicentro del público que a esas horas continuaba de festival. Buscamos un hueco mientras la multitud coreaba el “We are Your Friends”, clásico del que sigue tirando la pareja francesa y, si sigue funcionando, para que cambiarlo. Si Audio, Video, Disco (Ed Banger, 2011) pierde mucho por una luminosidad conscientemente buscada por el dúo en contraste con su anterior entrega, y que deja a la luz todas sus vergüenzas, precisamente son estas horas de la noche las que mejor le sientan. Utilizando todo el arsenal de samplers que llevan encima, sin prejuicios de mezclar sus dos largos a pesar de los tres años de diferencia que se llevan entre ellos, lo curioso es que acabaron encajando a la perfección y el público pidió hasta una segunda vuelta, que no fue satisfecha, al escenario.

Neon Indian / Jose Eduardo Medina

La jornada no daba más de sí, y firmamos nuestra despedida en el concierto de Neon Indian, que agradeció efusivamente la llamada del festival. El chillwave de Alan Palomo hay que tomárselo con la misma seriedad que su apellido, y esto no significa tomárnoslo a risa, sino que siempre me quedaré con la diversión despreocupada del Psychic Chasms (Mom & Pop/Static Tongues, 2011), sin más pretensiones. Tomamos “Deadbeat Summer“, o verano por la patilla si prefieren la traducción, como cierre de festival y posible plan para la vecina estación. Esperamos aguantar hasta bailar sobre el escenario de Dj Coco la próxima edición.

 

banner WIR