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Primera Jornada del Día de la Música, así lo vivimos

Por Jose Jiménez 0

Segunda edición de El Día de la Música como festival madrileño con algunas carencias, previsibles en un evento tan joven como éste, pero que en general se desarrollo sin problemas.

Con un sol de justicia, los más de 30 grados en la capital madrileña abrasan, pero con ganas de pasar un buen rato, empezaba el discurrir del público a la entrada del recinto del Matadero. Y aunque notamos que, en un principio, había mas presencia de medios que cubrían el festival que de público en general, el recinto se fue animando poco a poco hasta alcanzar una buena entrada. Tal vez desde la organización también notaron que con respecto al año pasado la afluencia había disminuido, a causa probablemente del incremento de los precios, pero la presencia de grandes bandas en el cartel de este año bien lo vale.

Y fue en torno a las 17.15 cuando el andaluz Antonio Luque, Sr. Chinarro, y su banda hicieron acto de presencia encima del escenario Rockdeluxe, un espacio cuco dentro de las naves que pueblan el recinto pero que para el gusto de un servidor se adapta más a conciertos algo más intimistas y tranquilos. Con un directo sólido, cargado de grandes temas como “El rayo verde”, “El lejano oeste” o “del montón”, Luque sedujo al publico asistente en cuanto empezó a sonar su “Ni lo sé, ni lo quiero pensar”. El sevillano se plantó en el escenario y no dejó de sorprender, como siempre, haciendo gala del, a veces, surrealismo (aunque tal vez tengamos que decir realismo) de sus letras.

Sr. Chinarro (organización Día de la Música)

La curiosidad nos llevó al escenario Spotify. Queríamos escuchar el directo de la ganadora del proyecto demo del año pasado y nos sorprendió. La coruñesa Elba Fernández, o Jane Joyd, despliega una mezcla de fuerza y sutileza al hacer su ya no tan notable american folk, y engancha, vaya si engancha. Rodeada de una gran banda hizo las delicias del público allí congregado y se llevó halagos de todo tipo.

En el escenario UFI, uno de los peores que haya visto festival alguno, llamado también Café-teatro (en lo de café pueden tener razón), se personaba uno de los dúos revelación del panorama nacional, Pegasvs. Sergio Pérez (también Thelemáticos y compinche de directo de Joe Crepúsculo) y Luciana Della Villa, intentaron ofrecer a la masa que allí se congregaba una buena dosis de reverberaciones retrofuturista a gusto del consumidor. Pero lo dicho, con un escenario a la altura del patio de butacas (que no existe) y un sonido de sala metálico, que rebotaba por todos lados era casi imposible desgranar las canciones de los barceloneses. Ellos y su técnico de sonido estuvieron de notable, el espacio donde tocaban es muy deficiente para el desarrollo de conciertos.

PegasVs (organización Día de la Música)

No queríamos perdernos, aunque fueran cuatro temas, al magnífico Lee Fields y su banda, que nos regaló una versión del popular “Sunny”. Sudó el pobre hombre con el calor no solo del sol que le daba directamente a la cara, sino con sus bailes y movimientos que tenían hipnotizados a los pocos que se atrevieron a perderse a Pegasvs y a ponerse morenos. Poco público para un gran artista que se animó por momentos y que no paraba de dedicarnos unos I love you en cada canción.

Era casi imposible escapar del sol si querías ver el directo de George Lewis Jr., aka Twin Shadow. He de reconocer que tardó muy poco en llevarse a la gente al bolsillo o, casi mejor dicho, a pleno sol para que disfrutaran de su segundo álbum “Confess” que verá la luz el próximo 11 de julio, pero del que ya tenemos su primer single “Five seconds” del que presento su videoclip no hace mucho. Con su ya característico sonido ochentero de guitarras y sintetizadores hizo sonar sus “Castles in The Snow”, “When We’re Dancing” o la casi björkiana “Tyrant Destroyed”.

Rondaban las 20.30 cuando apareció el fenómeno de Internet Azealia Banks. La neoyorkina, todavía sin disco en el mercado, hizo bailar al populacho con sus temas poco desarrollados, su cuerpo de baile ajustado, dos go-gos si se podían llamar eso, y un dj que aparte de saltar animando al público le daba al play para poner la siguiente canción y ya está. Tal vez no sea muy fan de los hits que aparecen a través de la red, pero la rapera me pareció demasiado novata para un festival, por mucha gente que bailara sus canciones, y poco innovadora. Tal vez lo mas destacable sea que la gente coreara su “212”, que arrasa en youtube, aunque bien podrían haber coreado cualquier otro tema, ya que nos parecieron todos iguales. Corto concierto, 35 minutos, que tuvo más de karaoke que de directo.

Pasado el mal trago, otro, ya que por motivo de retraso en los vuelos Tindersticks tuvo que retrasar su comparecencia a las nueve de la noche. Además de esto, se programó este concierto en la sala Rockdelux, con aforo limitado del cual uno se podía escapar si hubiera comprado una entrada preferente para la actuación. Nos quedamos fuera, al igual que mucha gente que hizo colas durante un buen rato. Debería de tomar nota la organización, ya que más vale tener contento al público que paga los abonos y las entradas, y poner a los artistas en el sitio que les corresponde, que cobrar entradas preferentes para aumentar las ganancias.

Pero no hay mal que por bien no venga, ya que el retraso de los anteriores hizo que su concierto coincidiera con la subida al escenario de James Blake. El británico brilló con su sosegada electrónica que hizo vibrar a todos lo que allí estábamos. Es cierto que el otrora productor firmó un concierto intimista, pero no me cabe duda que hizo que alguno que otro se le cayera literalmente la baba con sus “Unluck”, “The Wilhelm scream” o “I never learnt to share”. La gran baza de este artista es su voz y no la escondió rodeándola solamente de dos instrumentistas. Sin lugar a duda, un triunfo para este festival.

James Blake (Jose Jiménez)

Y llegamos al plato fuerte del día. Un grupo que vino para quedarse. Unos chicos que visitaban Madrid por primera vez pero que seguro que vendrán muchísimo y convierten en oro todo lo que tocan. Apareció el trío irlandés y el tiempo se paró. El tiempo, porque el resto se empezó a mover hasta que sus pies entumecieron. Two Door Cinema Club se han hecho con el trono del Indie británico con su pop electrónico y rock galopante. Potentes, enérgicos, electrizantes, pocos elogios existen para una banda de estas características que se llevó a todo el publico que había recalado en el Matadero madrileño y que dejó a los barceloneses Mendetz un poco solos. Pero no se podía esperar menos cuando sonaron los acordes de “Cigarrettes in the theatre”, que hizo que todo aquel que estaba frente a ellos empezara a botar para no parar durante la hora que estuvieron tocando los temas de su aclamado “Tourist history” y que se les hiciera la boca agua con los cuatro temas de su próximo álbum “Beacon”, continuación de hits bailables que consolidan la banda y que saldrá el próximo septiembre, de los que son mas que destacables “Wake Up” y “Settle”.

Tras la paliza que nos dieron los norirlandeses, entramos en la nave que tenían reservada para el espacio Spotify y The Raveonettes. El dúo danés forman parte de la historia musical del rock independiente y vinieron a celebrar su décimo aniversario a Madrid. Sune Rose Wagner y Sharin Foo, desplegaron todas sus armas para luchar contra la inestabilidad del sonido que daba la sala. No falta decir que tendrían que desaparecer estos escenarios del festival, porque machacan a los grupos, y reservar los espacios para que la gente se acomode al fresquito. Pero a lo que íbamos. Los daneses convencieron a su público con una catarata de éxitos como “Dead sound”, “Love in a trashcan”, “That great love sound” o el cierre con una de sus favoritas, “Aly, walk with me”, aunque vieramos a un Sune Rose dolorido y anestesiado a causa de una lumbalgia.

The Raveonettes (organización Día de la Música)

Parece conocido que a este festival le gusta cerrar sus días con artistas nacionales, lo que llevó a programar a Guille Milkiway y su Casa Azul para zanjar la jornada. No es que no respetemos esto y, además, demos el mérito a Guille de transformar lo casposo en bailable y por lo tanto en hit. Pero se te queda un regusto amargo de no terminar con lo mejor del día. Y no es por desprestigiar los visuales y capacidad de transformar un nada en un espectáculo, simplemente que no son lo mejor del festival, ni siquiera del panorama nacional. Populismo vale, pero para crear un festival de música independiente hace falta algo más que eso.

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