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Una noche con aroma sureño

Por Javier del Valle 0

¡Un, dos, tres… Rock! Así comenzaba la velada que Dickey Betts ofreció acompañado de su banda, los Great Southern. Una puesta en escena llena de guitarras abarrotaba el escenario de la sala Apolo (Barcelona) como nunca antes se había visto en ese lugar.

Ante la atenta mirada de un público, que en su gran mayoría pasaban los 40, salieron Dickey y los suyos a entregar dosis de blues y rock, todo bajo el show aplastante al que tiene acostumbrado a sus incondicionales. Y es que tener en el escenario a uno de los miembros fundadores de los Allman Brothers no es para tomárselo a la ligera. El elevado precio de la entrada no amedrentó a un público que pudo revivir la juventud que vivió en los 70 y 80, esa época en la que grupos como los Allman Brothers, la Creedance, los Yardbirds… acompañaban a los jóvenes en los nuevos tiempos que corrían.

Dickey Betts y su banda, ataviados al estilo sureño, con sus gorros de cowboy, los tatuajes, los chalecos… salieron a escena con sus aromas sureños y sin perder tiempo empezaron a deleitar a los presentes con sus evocadoras melodías a 4 cuerdas. Comenzaron con una intro que desenbocó en “High Falls”, y sin tiempo para respirar salió el primer premio gordo: “Statesboro Blues”. Andy Aledort, guitarra solista de la banda, honra la memoria de Duane Allman de manera brillante con su slide puludo y su actitud imponente. Y es que los músicos impecables que la banda presenta dejan boquiabiertos al más purista. A reseñar también los 2 baterías que, a la vez, tocan complementandose dando como resultado un sonido característico y fresco a las composiciones clásicas de la banda.

Tras canciones como “Blue Sky” llegó “Jessica”, otro de los ases de la banda. Tocada a un ritmo un poco más lento que la composición original la canción fue desarrollada por los 7 músicos que había sobre el escenario como si de una gran Jam de rock sureña se tratase. Todas las cuerdas se entienden a la perfección y dan momentos brillantes a cada canción.

Lo de anoche fue un examen no apto para los tan fieles seguidores del pop más moderno que pueblan nuestras salas. Punteos de 5 minutos, solos de baterías a 4 manos de 10 minutos y largas jams así lo atestiguan. Sólo apto para los más aguerridos a las raíces de la música moderna. Algunos lo pueden llegar a considerar excesivo, incluso aburrido, pero lo vivido anoche fue uno de esos momentos especiales en los que sientes que estás asistiendo a una clase de historia musical.

La actuación fue dividida en 2 sets, con un descanso entre medias para que recuperen fuerzas los viejos hombres que ayer actuaban. La segunda parte del show fue aún más contundente, con voces enérgicas, en las que Dickey Betts dio muestras de su gran estado de forma. Sonaron temas como “You don’t love me” o “Southbound”. Y es que a diferencia de alguno de sus coetáneos Dickey demostró no ser una vieja gloria venida a menos que sigue deambulando por escenarios de medio mundo sacando algún dinero. Su personalidad está intacta y más fuerte que nunca, el carisma que tiene la banda es comparable a las grandes bandas del pasado y el sonido y el provecho que le sacan a sus instrumentos es difícilmente superable.

El concierto acabó con su himno “Ramblin’ man” en la que la gente acabó bailando y coreando cada nota que sonaba. Un cierre perfecto para una noche muy especial.

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