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Verano y música: más allá de Georgie Dann

Por Juanjo Rueda 0

El verano. Amado por muchos, odiado por algunos otros. Ya hace días que el verano está aquí con nosotros, el calor entró con fuerza para alegría de unos y disgusto de otros. Para muchos tiempo de vacaciones, tiempo de relax. Para otros época de trabajos temporales o de recuperación de estudios. Fuera las capas de ropa que, como si fueramos una cebolla, nos ponemos en invierno; bienvenidos pantalones cortos, camisetas, sandalias, y los minishorts femeninos (ay, los minishorts femeninos…). Adiós a la programación televisiva de calidad -tampoco es que el resto del año sea mucho mejor- y hola a la vida en la calle. El verano, con sus distracciones y sus tópicos. El verano, con su música y sus hits del verano. Pero hay vida más allá de los hits del verano. Todos tenemos discos y canciones que asociamos más a una u otra época del año, aunque esos discos o canciones se puedan disfrutar todo el año. La música tiene la característica de producirnos sensaciones o que asociemos sensaciones y momentos a ella, y el verano no iba a ser menos. Hay discos y canciones que nos recuerdan a esta estación o nos sirven de banda sonora para la misma. En función de esto este que escribe ha decidido escoger diez discos que asocio con esta estación o me gusta escuchar durante la misma. Son estos diez pero tranquilamente podría haber elegido otros diez distintos y es por ello que desde aquí animo a que cada uno haga su aportación a tan subjetiva lista.

El verano. Esa bendita estación del año que permite perder el tiempo en artículos tan intrascendentes, livianos y egocéntricos como este.

  • Destroyer – Kaputt (2011): fue uno de los discos destacados del año pasado. Su sonido es muy deudor de esos ochenta elegantes y sofisticados que cultivaban bandas como Prefab Sprout o The Blue Nile. Una serie de canciones magníficas -como “Dowtown”, “Kaputt”, “Chinatown”, o “Blue Eyes”- que parecen la banda sonora para esos días de un sol de justicia en los que uno busca la sombra de una terraza acompañado de una cerveza fría o un buen vermú.
  • Franco Battiato – La Voce del Padrone (1981): El álbum que supuso el definitivo salto comercial del italiano es una colección de ocho canciones donde aflora su personal pop con toques muy de la época (asoman los sintetizadores tan típicos de los ochenta) y que se plasmó en algunos de sus temas más conocidos: “Cuccurrucucù”, “Centro di gravità permanente”, o “Sentimiento Nuevo”. Sus personales letras contienen esas reflexiones personales de la vida que tan grande han hecho al italiano y que hace que escuchar este disco sea un placer en cualquier época del año pero en verano más.
  • Josh Rouse – 1972 (2003): el de Nebraska es el típico músico que, probablemente, jamás obtendrá el gran foco tanto de público como de crítica pero que tiene discos que pueden hacer que se conviertan en absolutos clásicos emocionales. Este es uno de ellos. Su mezcla de pop de raíz negra, con el folk y los toques soul convierten a este disco en un imprescindible en mi lista de grandes discos de la primera década del siglo XXI. Y es que temas como “Love Vibration”, “Slaveship”, “Sunshine”, o “James” te hacen salir con la sonrisa en la cara y que un día de verano pueda ser algo memorable.
  • Kiko Veneno – Está muy bien eso del cariño (1995): Sólo por un tema como “Hace calor” ya podría justificar incluir este disco pero es que la música de Kiko Veneno tiene ese toque de alegría de vivir que yo asocio con esta estación. La música de Kiko Veneno son como esos veranos de crío en el pueblo, donde aprendes de la vida a través de lo popular. Aunque “Échate un cantecito” queda como el gran clásico de su etapa en solitario este disco es igual de bueno que el anterior. Si no me crees escucha temas o clásicos como “Lo que me importa eres tú”, “Lince Ramón”, “Dime A”, o “La casa cuartel”.
  • La Costa Brava – Velocidad de Crucero (2007): los compañeros de Hipersónica definían perfectamente a La Costa Brava semanas atrás. La Costa Brava es el verano, con todo lo bueno y todo lo malo. Podría haber elegido “Llamadas Perdidas”, la que seguramente es su cumbre, pero este último disco poco tiene que envidiar y convertido -funesta e involuntariamente- en su canto del cisne va ganando con los años. Convertidos en una especie de Beatles patrios, con Sergio Algora haciendo de Lennon, Nixon de McCartney, y Ricardo Vicente -que empezaba a despuntar enormemente- como George Harrison. Grandes y añorados.
  • One Dove – Morning Dove White (1993): ¿sabes ese hermano pequeño que tiene el mismo el talento que el mayor pero debe vivir a su sombra? Pues algo así le pasa a este disco con respecto al “Screamadelica” de Primal Scream. Producido por Andrew Weatherall, ejerciendo casi de coautor y editado por su sello (Boys Own Productions), cambia el rock por el pop y la electrónica rave por el balearic sound. Sus temas, guiados por la voz de Dot Allison, tienen todos un magnetismo especial y un aire estival innegable. Clásico de los noventa.
  • Rubén Blades & Willie Colón – Siembra (1978): Willie Colón formó dos tándems esenciales tanto para la salsa como para la música popular en general. Primero con “El rey de la puntualidad”, Héctor Lavoe. Después con Rubén Blades con el que entregaría este clásico de la salsa. La salsa es un género que vive bajo prejuicios y tópicos que no son ciertos o que habría que desterrar. El aire bailable y vitalista de este género no es impedimento para que pueda tratar temas sociales y reivindicativos. Consiguen con estos mimbres clásicos populares como “Plástico”, “Buscando Guayaba”, o “Pedro Navaja”. ¿Cuántas veces no habrás oído esta última interpretada por alguna orquesta de pueblo durante alguna fiesta local tan típica de este tiempo?
  • Stevie Wonder – Talking Book (1972): David Bowie dijo que Prince fue el amo de los ochenta. Bien pues esta sentencia casi se podría aplicar a Stevie Wonder que, una década antes e igual que el de Minneapolis, casi iba a obra maestra por año. Su maestría para conjugar soul, funk, y pop era innegable como queda reflejado en este disco que tiene unos cuantos clásicos de su carrera. Stevie Wonder trata aquí del amor y el desamor, de las alegrías y tristezas que produce. Parecido a lo que a más de uno le habrá pasado con esos amores de verano, y es que seguro que más de uno, en uno de esos amores de verano, quisisteis cantarle a vuestra pareja eso de “You are the sunshine of my life”.
  • Teenage Fanclub – Grand Prix (1995): No podía faltar un poco de power pop en esta selección y los escoceses son los mejores dentro de este género en los últimos 20 años. Este disco supone el refinamiento más pop de las propuestas anteriores que discurrían por terrenos cercanos al noise y que habían dejado dos enormes discos como “Bandwagonesque” (1991) y “Thirteen” (1993). Pequeñas gemas pop casi perfectas como “Don’t Look Back”, “Going Places”, “About You”, “Sparky’s Dream”, o “Neil Jung” son perfectas para estos días soleados.
  • The Blue Nile – Hats (1989): antes los mencionaba cuando hablaba de Destroyer y es que el pop perfeccionista hasta el extremo de la banda liderada por Paul Buchanan tiene ese toque de sensualidad y clase que puede servir a esas noches de verano en que puedes tomar una copa en buena compañía en una tranquila terraza. “Over the Hillside”, “The Downtown Lights”, “Headlights on the parade”, “Seven Am”, o “Saturday Night” reflejan perfectamente esto que quiero decir.

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