banner WIR

Sangre Pasada: Películas claves del vampirismo.

Por Ricardo Garijo Lima 1

Con la vuelta a la parilla televisiva de True Blood y para todos aquellos que no pueden tener suficientes vampiros en su vida, hemos hecho una pequeña y breve selección de lo mejor del género. Manteniéndonos alejados de los clásicos más renombrados y con el fin de enfocarnos en otros grandes legados del séptimo arte, nos centraremos en aquellos que suelen pasar más desapercibidos. Si vuestra sed de sangre es insaciable, ¡pasen y vean!

Todo mundo conoce a Drácula y esta familiarizado con Bela Lugosi o con la película que dirigió Francis Ford Coppola; el libro de Bram Stoker ha adornado innumerables mesillas de noche y hemos visto a este vampiro hasta la saciedad (que él nunca parece encontrar), incluso hemos llegado hasta el punto de verlo enfrentarse a cowboys o al mismo Batman. Sin contar con que, gracias a la mano productora de Tim Burton, pronto podremos ver en las pantallas del país a Abraham Lincoln, padre de la libertad americana, jugando el rol de un mítico cazador de vampiros.

Pero la verdad es que en el último siglo podremos encontrar verdaderas joyas del cine relacionadas con el vampirismo, sólo hay que escarbar un poco. Algunas de ellas vienen inspiradas por el libro de Stoker y su peculiar personaje, otras beben de los mitos germanos, pero todas ellas son una buena forma de combatir la sed de sangre que nos puede provocar el calor del verano.

Nosferatu (1922)

Nosferatu: Una sinfonía de horror se estrenó poco años después de que la primera película de horror lo hiciese, sin embargo, trascendería un sinfín de barreras y permanecería actual hasta el día de hoy. Es difícil pensar en el inicio del cine sin evocarla, mucho menos pensar en como se hubiese desarrollado el cine sin la presencia de su realizador, F. W. Murnau.

Hasta el día de hoy se debate si fue la segunda o tercera película en tratar el tema del vampirismo, pero sin lugar a duda fue muy adelantada a su época, siendo visualmente trasgresora y una de las pioneras (y de las pocas en pleno derecho) del expresionismo alemán.

Murnau adapta a la gran pantalla el libro de Stoker, Drácula, sin embargo, por derechos de autor se ve forzado en renunciar a los nombre originales, por lo cual el vampiro cobraría el nombre de Conde Orlok. Así, la cámara de Murnau sigue al vampiro desde su castillo de Transilvania hasta su nueva residencia en el pueblo de Wismar (Alemania), pasando por el barco en el que se traslada y a cuya tripulación devasta.

Tendríamos que colocarnos en la piel de un cinéfilo de los años 20 para poder asimilar lo que esta película significo en su momento, siendo la primera película de vampiros trascendental. La lúgubre atmósfera en la que transcurre es exagerada debido a su naturaleza expresionista, que provee a los espectadores de un gran número de imágenes icónicas. De hecho, pocos son los que hoy en día no recuerden la sombra del Conde Orlok subiendo por las escaleras tras verla, pregonando que el mal se avecina.

 

Vampyr (1932)

Vampyr es la única película de esta lista que no está inspirada en el libro de Bram Stoker. Para esta película el director danés Carl T. Dreyer decidió inspirarse en otro libro anglosajón relevante al mito del vampirismo: Camille de Sheridan Le Fanu.

            Aunque Camille de Le Fanu ciertamente es atribuida como el punto de partida para esta genialidad de Dreyer, no existe un verdadero paralelismo entre los argumentos de dichas historias. Por el contrario, Dreyer opta por alejarse del modelo de vampiro sajón y centrar sus predilecciones en el mito germano. Lejos de encontrarse con el lesbianismo oculto de la obra de Le Fanu, en el cual las películas de la Hammer optaron por maximizar y derivarlo en su vertiente más explicita, nos encontramos con símbolos de las tradiciones germanas.

En la historia de Dreyer encontramos un erudito de lo oculto, obsesionado por los mitos oscuros y demoniacos, que a mitad de uno de sus viajes se encuentra con la maldad personificada en un vampiro que aterroriza un pequeño pueblo francés. La larga búsqueda por lo desconocido termina en una mansión de la campiña donde se adentra en una pesadilla.

La película se desarrolla en un estado casi onírico, donde parte de la acción sucede en sueños que funcionan como profecías y advertencias. Esto es hábilmente trasladado a la pantalla gracias a la fotografía de Rudolph Mate, que la dota de un aura cuasi-fantasmal gracias a las sobreexposiciones y el ruido. También juega un papel importante la iluminación, o en el algunos momentos la escasez de ella, algo que seria muy típico en la obra futura tanto de Dreyer como de Mate, y especialmente importante para el género negro del segundo.

El film es el único del género de terror en la filmografía de Dreyer, quien suele decantarse por una técnica minimalista y alejarse de lo fantástico para filmar lo cotidiano, consiguiendo un esplendido resultado que dista del naturalismo; y siendo este don el culpable de que muchos expertos le consideren uno de los grandes cineastas de la historia. Sin embargo, por raro que parezca el tema del film, aún posee el elemento en común que une toda la filmografía de Dreyer: el pesar al que se ven sometido los seres humanos. Puede que en esta situación la causa de origen sea de carácter paranormal, pero la impotencia de los personajes que habitan en el celuloide resulta familiar a todo aquel que ve la película.

Nosferatu, the Vampyre (1979)

En esta ocasión nos encontramos con un remake del film Nosferatu, que llega a las pantallas de la mano de Werner Herzog. La historia es la misma, con la diferencia de que en este film se despoja de varios de sus rasgos expresionistas, obteniendo una apariencia gótica que resultará familiar al espectador.

Herzog decidió realizar este remake en homenaje al film de Murnau, que  considera el mejor film jamás hecho en Alemania. Sin embargo, escogió hacerla en parte como Murnau quiso pero no pudo, es decir, esperó hasta que Drácula pasase a ser propiedad pública y entonces recuperó los nombre originales. Así en el film de Herzog nos encontramos ante Drácula y no con el Conde Orlok.

Eligió dejar igual algunas de las escenas más icónicas del film mudo, sin embargo, este film (como la gran mayoría de los de Herzog) se alejan de lo que el espectador está acostumbrado, así que parte del encanto recae en la interpretación que Klaus Kinski del Conde Drácula. Nos encontramos ante un Drácula singular en la historia del género, puesto que en el pasado siempre había sido interpretado como terrorífico o cómico (quizás en algunos films de los sesenta de manera erótica), pero en esta ocasión es en cierto modo patético y con muchos rasgos terrenales.

Kinski transmite a la perfección los rasgos de los que Herzog dota al vampiro, con la vergüenza de ser un depredador, dependiente y vulnerable debido a su necesidad de alimentarse de sangre, que a su vez lo margina del resto de los seres vivientes. Quizás por primera vez en la historia del cine nos encontramos ante un Drácula casi humano, que parece sufrir por su condición. Un ser lastimoso pero que no deja de ser la peor plaga que ha azotado un pueblo del norte de Alemania, que ansía el poder tener lo que todos los humanos tienen de manera tan natural: el amor de una mujer, lo que lo llevará hasta el ruego.

Curiosamente, la película de Herzog fuer rodada a la vez en inglés y en alemán por deseo de la Fox, compañía productora del film, como en su día fuera rodada Vampyr. Una de las grandes anécdotas del film es que en el presupuesto que Herzog paso a la Fox decía que el guión había costado cerca de 5 dólares, lo que equivalía al precio de los folios y los lápices que utilizó para adaptar la película de Murnau. Un film tan peculiar como el mismo Herzog, y que pasaría a los anaqueles del cine como una de las grandes colaboraciones entre los siempre a disgusto Herzog y Kinski.

Shadow of the Vampire (2000)

La última de la lista es una película de metacine. Esta trata la misma historia de las películas de Murnau y Herzog, pero lo hace desde un ángulo completamente distinto. En su día pasó bastante desapercibida, a pesar del gran elenco con el cuenta o de haber recibido dos nominaciones a los Oscar.

El director del film, E. E. Merhige, nos plantea una nueva situación:  ¿qué habría sucedido si Muranu hubiese tenido la posibilidad de contratar a un verdadero vampiro para que interpretase al Conde Orlok en su película Nosferatu? William Dafoe es el encargado de interpretar (al ficticio) Max Schreck, mientras que recae en John Malkovich la labor de dar vida al genio de Murnau. La cámara de Merhige sigue entonces a los personajes durante el supuesto rodaje de la película Nosferatu en el año 20, con las distintas situaciones que se producen al juntar un vampiro auténtico con un puñado de actores del cine mudo.

Sin embargo, el vampiro de Merhige se mueve impulsado por lo mismo que los demás vampiros, sean de los cuentos de Stoker o de Le Fanu: una mujer de hermosa belleza, podrá tener como prometida una vez termine el rodaje.

            El mismo Merhige es conocido por ser una especie de alma en pena, famoso por dirigir videoclips para grupos tan aclamados como Interpol o Marilyn Manson, así como tener uno de los films de culto más sombrío o extraño que puede existir: Begotten.

banner WIR