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Los Punsetes – Una montaña es una montaña: El tercero es mejor

Por Juanjo Rueda 4

8.5

Nota
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Vivimos tiempos en los que la inmediatez parece ser la pauta en el consumo de información. La rapidez a la hora de publicar noticias parece ser la tónica de nuestros días y Twitter podría ser un ejemplo de ello en ocasiones. En el ámbito musical esta constante es quizá todavía más acentuada, la prisa por ser el primero en manifestar una opinión de cualquier nuevo lanzamiento musical parece que se apodera de todos nosotros (ninguno escapamos a este fenómeno). Parece que todos queremos ser los primeros en poner la bandera en la luna. Esto hace y nace de un consumo rápido de la música seguramente por el gran acceso a la misma que hay, por el exceso de música a digerir que hace que en ocasiones se pase de un disco a otro como el que cambia de calzoncillos. Esto lleva a que no se escuchen los discos con la tranquilidad, el tiempo, y el desarrollo que la mayoría de las veces merecen. Esto lleva a generar opiniones muy polarizadas en ocasiones guiadas por la prisa, el disco que gusta a la primera escucha se pone por las nubes y el que no se descarta. A veces es bueno dejar reposar un disco un tiempo para después retomarlo y ver si lo bueno o lo malo era tan evidente como nos parecía en esas primeras escuchas. Así ha sido con el nuevo disco de Los Punsetes. Cuando lo escuché en el momento en que apareció me pareció un disco notable y volviendo a escucharlo ahora -después de un pequeño tiempo sin haberlo hecho- me reafirmo en lo que ya creía cuando los escuché hace unos meses, estamos ante el mejor disco de la banda madrileña.

Los Punsetes irrumpieron en el panorama español con bastante fuerza en torno a singles resultones en los que el estilo punk-pop con letras irónicas, sarcásticas y llenas de humor les granjeó parabienes y odios por igual, convirtiéndose en una de las bandas de moda. Sus dos primeros discos, en el fondo y más allá de la pirotecnia de sus singles, siendo notables no dejaban de estar algo sobrevalorados por la coyuntura del momento, en opinión del que esto escribe. Es más ya en su segundo disco se dejaba intuir que si volvían a repetir el chiste cada vez tenía menos gracia. Llegados al siempre mitificado tercer disco llegaba el momento de ir más allá, de evolucionar y así ha sido.

El nuevo disco está producido por Pablo Díaz-Reixa o lo que es lo mismo El Guincho, que parece que se dedica a dotar a la producción de un aire más profesional y pulido que en sus anteriores trabajos pero sin que ello le haga perder la personalidad al grupo. Han pasado de un sonido heredero de un amateurismo ochentero a otro más propio del indie noventero. De hecho, de lo más destacable de la evolución como banda en este disco es la progresión de la sección rítmica, no sólo debido a la producción sino también al crecimiento como músicos de los miembros de la banda. El juego de guitarras es realmente notable en este disco y en algunos casos me recuerdan a Los Planetas. Otro punto es la voz de Ariadna (uno de los puntos más criticados por sus detractores), que ya sea gracias a la producción o la madurez de la sección rítmica queda mucho mejor encajada en los temas sin que su disonancia con respecto a los otros dos discos sea tan evidente pero sin perder su personalidad. Pero todo esto no sería nada si no hubiera grandes canciones y en este disco hay de sobra, “Alférez Provisional”, “Tráfico de órganos de iglesia”, “Un corte limpio”, “Mis amigos”, “Los Tecnócratas”, “Malas Tierras”, o “Flora y Fauna”. Canciones en las que las letras siguen teniendo ese punto irónico, sarcástico, de humor, y mala leche que les caracteriza pero sin resultar tan evidentes, sin tener tanta necesidad de epatar.

Llámalo progresión o madurez bien entendida pero me parece el disco más completo y compacto de Los Punsetes, para mi gusto, sin un par de temas (“John Cage” o “Los Glaciares”) sería un disco sin ningún desperdicio en todo su minutaje. En el peligroso tercer disco se consagran, ahora sí, como una de las bandas señeras de nuestro país.


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