banner WIR

8º B-Side festival

Por Ross Gallagher 6

El festival de Molina de Segura ha dado con la fórmula que año tras año le permite seguir atrayendo gente al estadio Sánchez Cánovas y con bastante buen resultado.

Sin cambios en el planteamiento respecto al año pasado; en lo músical, un escenario, que abre con Dj’s, y luego entre grupo y grupo, otro más para hacer tiempo mientras arreglan el escenario para el siguiente artista; en lo tocante al público, un cartelito de “no se puede salir hasta la una de la mañana”  para que la gente no se quede de botellón fuera, o al menos que no ande entrando y saliendo; y unas barras situadas al fondo, dos o tres puestecillos con merchandising y un par de puestos de comida que cumplían la papeleta.

Debo decir que la tarde la abría Jero Romero, al cual sólo pude oír mientras intentaba aparcar el coche, lo cual me llevó un poquito más de lo que había pensado. Así pues llegué justo para ver empezar la sesión de Dj Hard Candy que entretuvo a los presentes con nota, siendo hasta coreada en las primeras filas, con su mezcla de hits de tinte indie-rock.

Dry the River. Foto cortesía de Alberto Fernández Lopez (Web El detonador)

Primer grupo del día para servidor: Dry the River. Los cinco británicos (bateria, guitarra, guitarra+voz, bajo+segundas voces y violín/teclados) hacen un folk tranquilo, con coros, violines, melodías suaves de guitarra… a primera vista, ya que en muchos pasajes y sobre todo en el directo, suben la distorsión y se ponen a meter “ruido”, consiguiendo dotar a sus canciones de más fuerza y personalidad.

La banda estuvo bastante correcta, unas armonías vocales adecuadas aunque un poco flojas en cuanto a volumen, y la ejecución de sus canciones fue asimismo buena, pero sin embargo, esto no llegó a calar en el público: bien se puede decir que no era el sitio para ellos, que no era la hora, o que no supieron conquistar al respetable. Lo cierto es que salvo un puñado de personas, el cacareo era evidente, incluso en las primeras filas, donde un grupito a mi izquierda rompió el récord regional de cotorrismo al pasarse los tres cuartos de hora de concierto sin parar de cascar (con lo grande que es el recinto y se tienen que venir aquí a dar… la chapa).

En cuanto al setlist, no faltaron New Ceremony, Weights & Messures o No Rest, cerrando con Lion’s Den, realizando acertadamente ligeras variaciones sobre las canciones, que hizo que no sonase a lo mismo y dirigiéndose al público a lo largo de la actuación, y prometiendo volver en alguna ocasión (promesa hecha en inglés, y acogida con mucha tibieza por parte del público asistente).

Así, con más pena que gloria pasó su buena actuación dejando lugar al Dj Sergio Galán, que empezaba ya a pinchar con tintes más electrónicos. El siguiente grupo que venía era ya el cabeza de cartel de la edición, los popularísimos Vetusta Morla, que cambiaron la apatía del público por la devoción, ganada ya de antemano.

Vetusta Morla. Foto cortesía de Alberto Fernández Lopez (Web El detonador)

Debía ser ya la sexta vez que los veía, si mis cálculos no fallan, y la tercera en la gira de Mapas. Cabe decir que han mejorado mucho su sonido y que lo tienen muchísimo más rodado desde su primer concierto de la gira en el SOS 4.8 del año pasado, o el que ofrecieron en el Ebrovisión el año pasado (también el público lo tiene más escuchado, y eso se nota).

Así que con el llenazo (aunque quizá un puntito menos que el año anterior con Lori Meyers) que se les presupone arrancó el concierto con Mapas y siguiendo con más temas de su segundo lp (Boca en la Tierra, Cenas Ajenas – si no me equivoco-)  hasta que a la cuarta arrancó Copenhague, donde por la ovación se vio que si bien los temas del segundo disco son bien recibidos, los que marcan la diferencia siguen siendo sus temas del primero.

Tuvo su momento de karaoke con Baldosas Amarillas, más tarde su momento de “subidón” encadenando Sálvese Quien Pueda, Valiente y Saharabbey Road, con sus manidos lololos y lalalas, todo ello aderezado con unas cuantas palabras de Pucho sobre cuanto aprecian a esta tierra murciana donde siempre inician giras, y recordando el concierto que hicieron con la Orquesta Filarmónica de Murcia por Lorca (“su concierto más especial”), del cual se acordaron por segunda vez antes de dedicarle El Hombre del Saco “a aquellos que piensan que esas iniciativas no sirven y que no se puede conseguir nada”. Tras esto, salida del escenario y vuelta para terminar con Los Días Raros La Cuadratura del Círculo (único punto en el que me gustaron menos que en anteriores ocasiones, es que el final de la actuación no fue en el crescendo épico de final de canción, sino que alargaron un par de minutos con percusiones después de finalizar ese crescendo).

Fuel Fandango. Foto cortesía de Alberto Fernández López. (Web El Detonador)

En fin, que dejaron muy buen sabor de boca en la parroquia, y ya, pudiendo salir de nuevo fuera del recinto (ya era sobre la una y media), el recinto se fue vaciando mientras Dj Mon nos “deleitaba” con unas remezclas un tanto atroces para mi gusto (mención especial al Skrillex feat. Freddy Mercury), hasta que empezó Fuel Fandango, concierto animado para el cual poco a poco fue entrando la gente.

Sobre estos artistas, qué decir. Es un dúo, llevan unas bases electrónicas pregrabadas, y sobre ellas tocan batería (Carlos, músico de acompañamiento para los conciertos), guitarra (que toca Ale Acosta, productor y cerebro), y la voz de Nita, la cordobesa que aporta encima del escenario el arte, salero y maneras andaluzas que hacen, para bien o para mal, según la persona, algo diferente a lo normal de éste proyecto, del cual anunciaron, habrá segundo disco en poco tiempo.

Ofrecieron un show divertido y bailable, en el que resalta mucho la figura de su cantante, y que no se limita a su hit Shiny Soul (con unos coros bastante desdibujados con respecto al disco) para conseguir poner al público a saltar, y con un setlist clavado al que pude ver justo la semana anterior en el Ebrovisión, terminando con Just (a.k.a. un leré y un leré) y Always Searching, en la que salió a colaborar el bajista Álvaro de Vetusta Morla, canción con la que acostumbran a poner a todo el público agachado antes de soltar la traca final en forma de “subidón” electrónico.

Llegó el momento entonces de Dj Bertrand & Ed Rockers Dj antes del colofón final de The Zombie Kids, que ofrecieron justo lo que se esperaba de ellos; electrónica de trazo grueso, ideal para saltar y bailar sin pretensiones, y contando con Aqeel (si mi memoria visual no me engaña) para rapear las partes que fueran necesarias, así como aquellas canciones que tienen más de hip hop que de electrónica, además de hacer las veces de animador de espectáculos cuando no se requería de sus servicios vocales.

Pero bueno, tengo que decir que ni la electrónica de brocha gorda ni el hip hop son plato excesivamente de mi gusto, así que aproximadamente sobre las cuatro y cuarto de la noche me retiré, teniendo la sensación de haber aprovechado bien la tarde noche del sábado, y hasta una próxima edición del b-side.

Gracias además a nuestros compañeros del El Detonador por las fotos del evento.

banner WIR