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Black Dice + Cave en Madrid

Por José Luis López 0

Black Dice pasaron por Madrid para cortocircuitar nuestros oídos. Y vaya si lo consiguieron…

Vaya unos macarras. De verdad. Desde luego, cuando uno va a ver a una banda como la de los hermanos Copeland es mejor no llevar expectativas, pero aún así el terrorismo sonoro al que se dedicaron durante algo más de una hora pilló a contra pie a más de uno.

Cave abrieron la velada con un concierto que, la verdad, dejó un poco frío al personal que diría que casi mayoritariamente vino por ellos. De hecho, si salías al baño durante su concierto imposible volver a las primeras filas, cosa que no sucedió con Black Dice. El caso, como digo, es que aunque su concierto estuvo muy bien, faltó ese punch y esa psicodelia que su sonido puede (y debe) ofrecer. Quizás les faltó un poco más de velocidad en ciertos momentos, o al menos de variación porque la velocidad fue constante durante casi toda su actuación. ¿Los puntos buenos? Una gran ejecución tanto a los instrumentos como a las voces, y una base rítmica muy eficiente, que en momentos hasta recordó a bandas como Battles y Don Caballero. Sólo si hubiesen variado más los temas (demasiados con el mismo patrón), el concierto hubiese sido más que de notable. No obstante, eran el telonero y habría que juzgar todo esto desde la perspectiva de un show propio.

Poco pasadas las diez de la noche, Black Dice subieron a las tablas. Desde el principio, las cosas funcionaban. Directos al grano y parapetados tras sus máquinas empezaron a soltar sonidos y beats como si les fuese la vida en ello. Ahí estaban los tips, los barrips y los ticks, todo se unieron a la fiesta. Es curioso como a esta banda siempre se les ha comparado con Animal Collective, porque van por un camino bastante distinto: Estos son unos macarras de tomo y lomo. Según avanzaba el concierto, más locura se presentaba ante una audiencia entre sorprendida y bailonga (y mira que a veces te lo ponían difícil), sin dar tregua. De hecho, solo un pequeño fade out hacia la mitad del concierto ofreció una tregua, ya que enlazaron todos los temas, que además hicieron irreconocibles.

Su actitud era muy curiosa: Mientras que Eric Copeland miraba al suelo y estaba eminentemente pendiente de su trabajo al frente,  Aaron Warren era el lugar en el que el público podía encontrar algo de apoyo, moviéndose más y dedicando miradas. Además, Warren se dedicaba a la parte más percusiva, con lo que se agradecía su actitud. Por último, el bueno de Bjorn parecía que se había electrocutado a los controles. Todo el concierto tuvo un tick continuo en sus movimientos y una expresión de estar al borde del colapso mental.

No puede uno hablar de qué temas tocaron por lo irreconocible de estos en la mayoría de los momentos y porque no parece ser lo que pretenden. Algún amago de Rodriguez y de Pigs sonó por ahí, lo demás como digo estaba completamente mutado y tronado. Al fin y al cabo: ¿Quén vino a cantar estribillos?

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