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Sun

Por Ross Gallagher 3

Sun” es el nombre del noveno disco de Cat Power, nombre artístico de Charlyn (Chan) Marshall, después de cuatro años desde el último y seis desde que publicara material compuesto por ella misma.

Este dato, inocuo por sí mismo, es sin embargo de importancia capital para entender que en este lapso de tiempo, la frágil cantante ha sufrido un cambio y experimentado muchas cosas que no había tenido oportunidad, y eso se ha trasladado a todo su ser, desde su apariencia, con el pelo corto, a su música, menos dramática y depresiva que en sus primeras publicaciones, y con uso de nuevos sonidos provenientes de sintetizadores o incluso utilizando auto-tune de manera puntual.

Y es que en este lapso de tiempo que ha pasado alejada en gran medida de la música, ha intentado reconducir su vida, entregarse a la parte de ella que quería amar, tener una relación estable, y ser madre, lo cual tuvo ocasión de hacer para la hija de su ya ex-pareja, y desmarcarse de su antiguo yo, a través de la independencia y su capacidad para conseguir sus metas, reinventándose.

Todo ello se ha plasmado tanto en la instrumentación utilizada como en el modo de llevarlo a cabo, ya que es la primera vez en que ella toca todos los instrumentos, además de producirlo, y dejando sólo espacio a su Dirty Delta Blues Band (el supergrupo con el que solía grabar y girar compuesto de amigos suyos, Judah Bauer (JSBX), Gregg Foreman (The Delta 72), Erik Paparazzi (Lizard Music), y Jim White (Dirty Three)) en su primer single Ruin.

Así, partiendo de cero en cuanto a conocimientos sobre sintetizadores y experimentando con ellos por primera vez en los estudios The Boat en Los Ángeles, empezó una búsqueda de sí misma y de su nuevo sonido, el cual tenía claro que quería que fuera muy distinto (ella misma comenta en alguna entrevista que, al inicio, cuando un amigo suyo le dijo que sonaba como la deprimente Cat Power de hace años, dejó de trabajar en su proyecto durante ocho meses).

Allí es donde se gestó el esqueleto de las canciones, de donde salen melodías, ritmos, letras y el sentimiento general, para luego pasar por un estudio propio en Malibú, posteriormente ir a Miami y finalmente ser completado, tras su ruptura, en París, de la mano de la mitad de Cassius, Philippe Zdar, que le ayudó a realizar la mezcla hasta que consiguió encontrar justo lo que buscaba, variando en el proceso también el tiempo empleado en la grabación (anteriormente no pasaba de los 6-7 días, tomando aquí meses el asunto).

Ésta búsqueda musical y espiritual ha dado como resultado un trabajo interesante, emocionante a veces, aunque un poquito irregular en cuanto a la efectividad y melodiosidad, genial en los ritmos y baterías y donde los viejos fans se verán sorprendidos por los pasajes y arreglos electrónicos que acompañan la voz de una aparentemente segura Marshall, que deshecha sus viejos temores y canta sobre amor y relaciones (Cherokee, 3,6,9, Peace & Love), libertad (Manhattan, Sun, Nothing but Time), superación e independencia (Silent machine, Always on My Own) o algunos temas más generales sobre el ser humano (Ruin, Human Being,Real Life).

Y es que el disco tiene algunos temas realmente soberbios, empezando el que abre, Cherokee, que abre la muestra de lo que ha sido capaz de lograr en este tiempo, en el que armoniza arreglos de piano, guitarra sobre una base rítmica que despega pasado un minuto de canción mientras canta a su intermitente relación; Never knew love like this, The wind, moon, the earth, the sky, Sky so high, Never knew pain like this, Everything die, then die.

También destacan Ruin, el single, trabajada en torno a un piano que repite una melodía que sólo cesa en la parte álgida de la canción y que viene a decir la idea algo evidente de que, oye, no estamos tan mal, y en muchas partes del mundo hay muchas injusticias y mucha “mierda” que resta importancia a todo de lo que solemos quejarnos en la vida diaria; o 3,6,9, la canción claramente con más influencia R’N’B y movida del álbum.

Además el disco guarda lo mejor para casi el final, con dos canciones:

Por un lado, Manhattan, inspirada en un poema de Langston Hughes, que versa sobre su idea de libertad. Resulta en una canción sentida, de melodía sencilla cuyo valor reside en los pequeños cambios en los ritmos de batería y cuyos cinco minutos pasan rápidos impulsados por la voz de Marshall, mientras canta Don’t look at the moon tonight, You’ll never be never be never be Manhattan (…), Liberty in the basement light, Free speech, lipstick and the moonlight, Howling to get me, howlin’ to get you, lo cual explicaba ella, está referido a que de niña, su madre solía despertarla en las noches de luna llena para aullarle, representando precisamente ese sentimiento de ser libre, lo cual, (esto lo pongo yo) no puedes ser “siendo Manhattan”, es decir, amoldándote al estilo de vida que te impone la isla.

Por otro, la épica Nothing but Time, canción de diez minutos, con la base rítmica del Heroes de David Bowie y dos acordes de piano que se repiten a lo largo de toda la canción, dedicada a su hija adoptiva (I see you, kid, alone in your room), a la cual quiere hacer de guía, también mirando un poco hacia dentro y dando el consejo hacia sí, hacia su propia experiencia, (You know what you got to do, You ain’t got nothing but time, And it ain’t got nothing on you), canción la cual cuenta además con la colaboración del gran Iggy Pop, haciendo las segundas voces a partir del minuto seis.

No todo es bueno sin embargo  – aunque tampoco se puede decir que sea malo – ; algún pasaje de Silent Machine suena demasiado experimental, quitándole todo ritmo y dinamismo que pudiera tener hasta el momento la canción, Human Being, Real Life y Always on my Own no terminan de sonar fluidas, restando efectividad al conjunto aunque sin dejar de ser canciones aceptables y Sun es casi un puente que te lleva de Cherokee Ruin sin reparar en ella más que en la parte final.

Respecto a la pregunta… ¿mejor ahora que antes? ¿O ha empeorado? No quedaría satisfecho con la respuesta de un sí o un no tajante. Es otra vertiente distinta a la descarnada Cat Power de hace años, un sonido nuevo, más artificioso quizá y recargado, pero sigue siendo suyo y auténtico. A mí particularmente me ha gustado y lo he disfrutado como el que más de su discografía, y así lo valoro, como uno de los mejores discos que he escuchado este año, sin más, y muy recomendable.

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