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A lo suyo

Por Juanjo Rueda 2

8.0

Nota
8.0
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Según el manual del indie,  ¿qué toca ahora con Animal Collective? ¿Darles el toque de atención para bajarlos un poco de la nube, nube que hemos creado todos? ¿Cuestionar su propuesta para dárselas de buen moderno? Los norteamericanos pasaron de ser una de esas bandas semiocultas y para exploradores del underground -”Hollinndagain” (2002), ”Sun Tongs” (2004) – a convertirse en un ejemplo del zeitgeist musical de nuestro tiempo. Ya desde “Feels” (2005) se mostraban las cualidades -no buscadas deliberadamente- para empezar a dar el salto a un público más amplio, salto que -en opinión del que esto escribe- se dio con “Strawberry Jam” (2007) para después apuntillarlo en “Merriweather Post Pavilion” (2009). Discos donde su propuesta de pop (y folk como en “Feels”) psicodélico más que irse asentando fue calando en un público quizá no del todo preparado -me incluyo- ante tal cantidad de influencias y el campo de pruebas que, al fin y al cabo, han sido en mayor o menor medida todos sus discos.

Ahora vuelven con “Centipede Hz”, como digo, convertidos en un referente de la música de nuestros días y como tal, produciendo grandes adhesiones y renuncias inquebrantables. Es más, parece que las voces discordantes empiezan a aflorar en mayor medida, aprovechando este disco, cuestionando el valor de su propuesta musical en posición al estatus que han adquirido. Pero que quede claro, estos son discusiones de publico y crítica, ya que ellos se han limitado y se limitarán a lo de siempre, que es hacer lo que les da la gana e interpretar la música como les apetece en ese determinado momento.

De este nuevo disco se ha dicho que es más difícil y menos inmediato que el anterior, cosa que no me parece cierta del todo al menos en su primer punto. Su escucha no se hace más difícil de lo que fue en su día cualquiera de sus discos anteriores, de hecho muchos de sus discos anteriores -incluido “Merriweather Post Pavilion”- exigían en su escucha tanto o más que este. Es cierto que no tiene los ganchos precisos de su último disco (o de “Strawberry Jam”, que recordemos que tenía gemas como “Peacebone” o “Fireworks” por poner algunos ejemplos) pero no carece de ellos dentro de los diferentes temas. Sí que es verdad que pueden que aquí busquen más la creación de ambientes, atmósferas alucinadas, que concretar canciones pop. Algo lógico si tenemos en cuenta que ellos mismos han comentado que el disco ha sido creado mediante la conexión de tocar juntos en el estudio como si de una jam session se tratara. El disco sigue siendo un laboratorio de experimentación pero las salidas de tono marcianas tampoco son tan exageradas a pesar de que los samples, las programaciones, o los efectos sonoros campan a sus anchas en todo el disco y todas las canciones.

Abren con la rockista “Moonjock” una buena piedra de toque que presagia buenas cosas; después siguen con “Today’s Supernatural” con su influencia tropicalista (no costaría nada verla en un disco de El Guincho) y que viene a poner en cuestión el punto de que el disco no tiene temas instantáneos (¿cuántos no habéis cantado, aunque sea inconscientemente, ese “Come on let-let-let-let-let-let go!”?); tras ella viene “Rosie Oh” que a pesar de sus armonías vocales -un poco a lo Beach Boys- me deja un tanto frío pero, a continuación,  “Applesauce”, “Wide Eyed” (con Deakin cantando y que ha vuelto al grupo tras el formato trío del anterior disco), y “Father Time”, se convierten en mi parte favorita del disco -junto con las dos canciones del comienzo-, formando todas ellas el corpus más sólido del disco. Estos temas son el ejemplo claro de lo que he comentado más arriba sobre este disco. Tienen ganchos melódicos aunque sin resultar evidentes, tienen experimentación y psicodelia pero que no se pierden en manierismos vacíos que nada aportan. Tras esto viene un pequeño bajón con “New Town Burnout” y “Monkey Riches”, los dos temas más largos del disco y que en algún momento hacen que por mi mente pase la palabra aburrimiento o que mi atención se disperse de la música. Remonta la cosa un poquito con “Mercury Man” y “Pulleys” para cerrar con “Amanita” que, sin ser “Brothersport” o “Derek”, da un cierre interesante al disco con su cierto desmelene de la parte final.

Así pues vuelvo a mi pregunta inicial, ¿qué toca ahora con Animal Collective? Pues toca seguir disfrutando –otros seguirán sufriendo– de una propuesta absolutamente diferente, de un disco que persigue no repetirse a pesar de que sea imposible, incluso para ellos, no caer en lugares comunes con su anterior discografía (y más en una banda con ya diez discos sumando este). Un disco más irregular que sus tres grandes obras anteriores y con canciones de no tanto nivel. Pero no deja de ser un disco diferente y que sigue demostrando que, afortunadamente, hay que desterrar cualquier idea preconcebida sobre por donde van a salir Animal Collective, algo de lo que pueden presumir muy pocas bandas.


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