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El turno de Tucán

Por Jose A. Rueda 1

Sería fácil tirar de frases hechas como “Tucán: la banda sonora de los tiempos que corren”. Efectivamente, Tucán la forman tres jóvenes valencianos que han crecido en la España de los noventa: con la SuperNintendo como entretenimiento y el bakalao como banda sonora. Una generación que ha respirado el ambiente de promesas luego incumplidas y de esperanzas de un futuro resuelto que en realidad se ha convertido en un presente lleno de incertidumbres.

¿Y cómo se lo toman ellos? Pues con una mezcla hábil de cachondeo y mala leche que da como resultado “Empatitis”: once canciones en las que la delgada línea que separa el “me estoy riendo” y el “me estoy cagando en la puta” se atraviesa cuando menos se lo espera uno. Ritmos veloces y contagiosos que antes de caer en la monotonía se aderezan con sonidos de electrónica juguetona. Parones repentinos y giros guitarreros entran sin llamar a la puerta, añadiendo el factor sorpresa a las tácticas musicales empleadas por Tucán.

El trío formado por Raúl, Nick y Jonathan reconoce la inevitable influencia bakala de su tierra (en efecto, mezclan la velocidad del punk con pinceladas de electrónica descarada) pero habiendo crecido en los noventa tampoco sorprende que suenen a Def Con Dos en “Falkata De Oz” o al rock radikal vasco de Kortatu y compañía en “Pandilla Sin Futuro”. Reminiscencias que tienen que ver con una línea vocal que no busca al frontman (los tres berrean al micrófono cuales bestias salidas de sí) y al uso del castellano en estos temas. Pero, eso sí, que quede claro que el español no es el idioma predominante (se diría que ni siquiera la voz es lo predominante), pues el inglés protagoniza la mayoría de las canciones de “Empatitis”, destacando “Axelay” y sus aires de afterpunk maduro post-1975. Y es que, aunque estos chicos apunten a Battles y a Liars en el apartado “influencias”, está claro que Gang Of Four y su imprescindible “Entertaiment!” ha sonado más de una vez en sus I-Pods.

También en inglés, “Saturday” es un in-crescendo que, aunque sobrecargado de teclados, rezuma estilo “tucanero” cien por cien gracias a esos vuelcos guitarreros y melódicos marca de la casa. La marcha entrecortada de “Dumbo” engancha al oyente a la primera hasta que Tucán, haciendo de las suyas, convierten el tema en una locura indigesta de chillidos propios de un manicomio (o de un zoológico).

Pero el hit claro se titula “Tocayo” e inaugura el disco “Empatitis”. Tucán sabe de su potencial, por eso es la única canción que han recuperado de su primer EP. Ahora el sonido es más limpio, pero quizá se echan de menos las guitarras más sombrías e incluso más cañeras de la primera versión (lo cual no impide que siga siendo el temazo de la banda). No obstante, las premisas sonoras de Tucán se enseñan poco más tarde, en “Air Hostess” (el corte número dos): ritmos cachondos, cambios inesperados, mucha mala hostia,… Y todo en menos de dos minutos.

En las postrimerías del disco, Tucán nos conduce por una autopista de ruido titulada “No Más Fe”: un viaje sonoro que no parece tener un destino claro hasta que enlaza con la mencionada “Pandilla Sin Futuro”, la guinda de este pastel llamado “Empatitis”. Y es que, “Pandilla Sin Futuro” no es una canción cualquiera: le daba nombre a la antigua web de la banda (¿se llamarían así antes de Tucán?), y aunque la letra se limite a mencionar nombres y apodos de personas, está claro que se enmarca dentro de las canciones protesta contemporáneas. Un signo más del hastío de una juventud que no ve el final del túnel por el que nos han obligado a pasar los que mandan. Sus nueve minutos de ruido enrabietado parecen emprender vuelo por momentos, recordando al space-rock de los míticos Sonic Youth; y la larguísima distorsión con la que finaliza es capaz de dejarte KO allá donde te hayas puesto a escuchar “Empatitis”.

Un broche perfecto a un disco que ha de catapultar a Tucán sí o sí. De eso ya se está encargando el personal de Sonido Muchacho, discográfica responsable de la emersión de bandas como Tigres Leones y Malcortado. Ahora va a ser el turno de Tucán; estamos convencidos de ello.

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