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La frontera

Por Marcos Gendre 0

Siempre a la sombra de Fernando Alfaro en los inolvidables Surfin Bichos, a raíz de la separación de su aventura más recordada, y provechosa, este profesor de música de primaria se ha ido labrando su propia personalidad a lo largo de proyectos por los que debería conseguir de una santa vez su merecidísimo reconocimiento.

Al frente de bandas tan interesantes como Travolta y, sobre todo, Mercromina o nadando en aguas menores con Tortel o Ciudadano, Joaquín Pascual no ha dejado de darnos razones durante casi dos décadas de que era mucho más que el segundo de a bordo de Surfin’ Bichos. Tras ir quemando etapas de una manera tan brillante, le llega el turno a su exposición en primera persona, sin alias ni grupo de apoyo, soltando lastre gracias a dos discos mayúsculos, “El Ritmo de los Acontecimientos” (2010) y el reciente “La Frontera” (2012), que culminan, por el momento, un proceso continuo de aprendizaje a través del que se ha acabado por decantar de forma inmejorable por aquello de lo del “menos es más”.

Ya en su debut en solitario con “El Ritmo de los Acontecimientos” Joaquín daba toda una lección de saber estar a la hora de afrontar una colección de canciones esqueléticas, hogareñas y maravillosamente cotidianas, a través de las que podemos sentir un embriagador espíritu lo-fi derivado de su grabación en apenas cinco días. Tirando de recursos con abrumadora suficiencia, Joaquín da en la diana con 19 recortes de vida, de los que no sobra ni uno, y en los que muestra todas sus estados de ánimo para dar con un disco que pretende, y consigue, buscar una total empatía con el oyente mediante el humor en “De Paseo”; el pesimismo  de “Ese día en que todos me quieran a mí”; o ese fogonazo de vida arrebatador bajo el nombre de “Nos Miramos A Los Ojos”. Una demostración de sencillez desarmante por la que podemos sentir olores añejos en el ambiente provenientes de las partes más calmadas del inolvidable “Hermanos Carnales” (1992) de los Surfin’ – “Nadie Quiere Pensar En Ello” o “Carreteras Secundarias”- , sobredimensionando el alcance emotivo de esta pequeña gran obra maestra de la que, particularmente, me quedo con sus momentos más arrebatados y directos – “Solo te pedí un cigarro”, “Jugando al escondite”, “La Union y la fuerza” y “Colapso temporal” -. Todos, auténticos hits de alcoba.

Tras tan espectacular aterrizaje en vuelo libre, Joaquín decide tomarse su tiempo, pensarse bien su próximo movimiento, decidiendo cambiar la temática y el fondo musical con uno de los Lps más importantes en lo que llevamos de año. Bajo el revelador título de “La Frontera” Joaquín nos muestra, precisamente eso, la barrera que, según sus propias palabras, existe entre él y lo que muestra a los demás a través de letras, más grises de lo habitual, que van hilando historias sobre la soledad que se siente estando acompañado –“No me digáis que no estáis solos, la mayor parte del tiempo estamos solos” en “La perspectiva” -. Expuestas a retazos por medio de imágenes difuminadas que ya forman parte de su particular libro de estilo, Joaquín se cuela en la azotea de la memoria con letras como “Un ritmo caliente para pasear para acompañar nuestro paseo por la mina abandonada” – “Un Ritmo Caliente” – o “Si viajo solo pienso demasiado. Aún con la radio puesta pienso demasiado y pensé que todo esto es fuego cruzado, que soy un cruzado con los cables cruzados y vosotros los protagonistas” – “Los Protagonistas” -.

En lo musical, Joaquín nos recuerda cada día más a Nacho Vegas, sobre todo en la voz, en un toma y daca de influencias que empezó con el innegable rastro a Surfin’ Bichos que tienen todos los discos de Vegas, sobre todo el primero, “Actos inexplicables” (2001) -. Partiendo de este parecido, para nada impostado, reflejo de la evolución sonora de Joaquín hacia pastos cada vez más relajados, y donde la fuerza de la palabra cobra el mayor de los protagonismos, éste aporta su tacto especial para tejer arreglos que van de las cuerdas más coloristas – “Hotel romántico” – a las percusiones oxidadas, a lo Tom Waits, de “Ritmo caliente”, pasando por los aires de Morricone de feria en la instrumental “Señor, señor”.

Como un John Cale de meseta, Joaquín demuestra su enorme talla en “La Frontera”, otra prueba inequívoca de genio que viene a refrendar la posición de privilegio que ocupa al lado de los más grandes de la historia de la música española.

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