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Algunas propuestas para el Sevilla Festival de Cine Europeo (I)

Por Sergio L. Morente 0

Os proponemos algunas películas del Sevilla Festival de Cine Europeo como:

TABU DE MIGUEL GOMES

“¡Señor! ¿Nos puedes pasar la pelota?” Tarde o temprano, cualquiera que ronde los treinta y, queriendo o accidentalmente, frecuente algún parque con chavales jugando al balón, sentirá una punzada en el pecho al advertir que los mocosos se han referido a su persona con tan deleznable término. Poco importa que a esa edad uno sea un gambitero cierrabares y viva con los padres como un adolescente más. Nada, eres un “señor” y como tal te jodes. A los treinta toca replantearse algunas cosas (hacer balance, dicen), y decidir, sí o sí, qué hace uno con su vida. En esa encrucijada, Miguel Gomes decidió hacer una película.

Existe un dicho popular portugués que dice: “Hasta los treinta, tienes la cara que Dios te ha dado; en adelante, tienes la cara que mereces.” Así se inicia A cara que mereces (2004), su debut en el largometraje, que nos pone en la piel de Francisco, un pobre infeliz, maestro de escuela, en su periplo por sobrevivir al triste día de su trigésimo cumpleaños, perseguido cruelmente por la ley de Murphy hasta que, acorralado, sueña una demente y claustrofóbica versión de Blancanieves y los siete enanitos para intentar salvarse a sí mismo.

Ya en este su primer film, vemos la apuesta de Gomes por el acto de fabular, necesario e inherente a la condición humana y, concretamente, su apuesta por el cine y su poder regenerador para afrontar la realidad. Pero la cinta nos habla también del mundo y sus reglas, ya sean propias o impuestas, y la mezcla de miedo, culpa y placer que supone romperlas. Precisamente, dicho cuestionamiento de las reglas del mundo le lleva, unos años después, a cuestionar las mismas reglas del proceso creativo en el cine con la excelente Aquele querido mês de Agosto (2008), la historia de una búsqueda y algunos de sus sorprendentes hallazgos.

También dividida (como la totalidad de su obra hasta la fecha) en dos partes claramente diferenciadas, la película profundiza en la falla que resulta de la colisión entre el documental y la ficción. Tomando como punto de partida el retrato de los habitantes de diferentes localidades de la región portuguesa de Arganil durante sus fiestas de verano y prestando especial atención a las bandas musicales itinerantes que amenizan las veladas nocturnas con canciones populares, la película muta lentamente hasta plantear la ficción de un trío de personajes (padre, hija y primo), integrantes de una de esas bandas.

¿Pero cómo encarar, pues, a partir de aquí, la realización de una tercera película? Tras hacer chocar entre sí los universos de Jacques Rivette y Wes Anderson en su debut y resucitar el espíritu de Jean Rouch en su segundo asalto al largometraje, parece obvio que alguien tan interesado en cuestionar y transgredir las reglas pusiera sus ojos en el Tabu (1931) del maestro Murnau. Salvado, gracias al cine, del síndrome de Peter Pan propio de la crisis de los treinta, Gomes afronta con gran madurez la de los cuarenta con la historia de un amor prohibido.

Sin ser, ni mucho menos, un remake propiamente dicho, Tabu (2012) es una película sobre la soledad y el pasado que nos acecha, a la par que un fascinante y onírico ejercicio de cinefilia con el continente africano como epicentro emocional. Encontramos en ella el gusto del director por las actuaciones musicales, por el cine de género (especialmente aquí el de aventuras exóticas), por el humor absurdo; pero por encima de todo destaca una galería de entrañables personajes al borde del delirio: un explorador que podría ser el primo gañán del Mayor Fatal de Moebius, una anciana ludópata con manía persecutoria que vive con su criada negra o una solitaria mujer de mediana edad entregada a causas sociales que acaba de ser descaradamente plantada por una Erasmus polaca.

Sin duda una de las grandes propuestas que nos esperan en el Sevilla Festival de Cine Europeo de este año (a celebrar entre los días 2 y 10 de noviembre), Tabu viene a demostrar como, a veces, aquellas pequeñas historias, ocultas en lo más profundo de la memoria, que, a priori, a nadie interesan, se encuentran por azar con buenos oyentes. Esperemos que un buen puñado de ellos se den cita próximamente en una sala de cine. Y ahora les dejamos con unos minutos musicales:

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