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Four

Por Ignacio Sánchez 0

Qué tiempos aquellos en los que Bloc Party se llevaban bien, vendían discos como churros y ocupaban portadas por su música. Con la losa siempre presente de su fantástico debut Silent Alarm, los de Kele Okereke vuelven a la carga tras las trifulcas internas, con ganas de rememorar tiempos pasados, tanto por éxito como por composiciones.

Así es como debemos entender este giro en la evolución del sonido del grupo, que tras dos primeros trabajos con un sonido inconfundible de la hornada de bandas británicas que surgieron a mitad de la década del 2000 (Franz Ferdinand, Kaiser Chief, Maxïmo Park…), comenzó a merodear terrenos más bailables como posteriormente se vio en los trabajos en solitario de Kele. Un cambio que dejó frío a más de uno y que supuso casi la desaparición de la banda tal y como la conocíamos.

Pero todo eso es ya cosa del pasado, ahora los cuatro integrantes hacen piña para que este Four se muestre compacto, sin fisuras y consiga dar un poco de aire a la decaída carrera del grupo. La intención no es mala del todo, ya que con las primeras escuchas el álbum se digiere bastante fácil, tiene un punto de enganche bastante importante, con un sonido mucho más guitarrero que de costumbre, como si quisieran hacer todo lo contrario a lo entregado en Intimacy. “So He Begins To Lie” y “3×3” sirven de enérgico comienzo, un toque de atención para los despistadosy escépticos. “Octopus” y “Team A” nos vienen a recordar a esos cuatro jovencitos que querían comerse el mundo con su debut, guitarras afiladas, bajos nerviosos y esa cadencia característica en la batería. Sin embargo Four nos deja otras partes menos emocionantes, cuando Kele se nos quiere poner tierno y cantarnos al oído como en “Day Four” o “The Healing”, u otros cortes, “Real Talk” o “V.A.L.I.S.” que se quedan a medio camino sin llegar a enganchar pero sin provocar el bostezo generalizado.

Pero las canciones que más llaman la atención son las que nos muestran una versión de los londinense en clave de rock band con “Kettling” y su pegada casi metalera que rápidamente se transforma, la sorpresiva mezcla de aires country y stoners de “Coliseum”, desde luego uno de los puntos altos del disco, y el electrizante cierre donde se despiden avisando que “no son buena gente”. No sabemos si lo serán o no pero desde luego que una nueva oportunidad se han ganado a la espera que la lucha de egos vuelva a hacer saltar por los aires una de las bandas que mejores perspectivas tenían cuando saltaron a la luz.

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