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Class Clown Spots a UFO

Por Marcos Gendre 0

Se les echaba de menos. Ocho años desde su disolución, Robert Pollard y su séquito se reúne de nuevo con la formación original que alumbró los imbatibles “Bee Thousand” (1994) y “Alien Lanes” (1995). Regresando a los orígenes del sonido destartalado de aquellas dos obras maestras, a Guided by Voices se les ha dado por parir otro hermano pequeño, menos imponente pero teñido de una reconfortante dulce melancolía.

Precedido de un notable Lp, publicado a comienzos de 2012, estaba claro que los ufólogos más famosos del mundo indie no iban a actuar como el resto de los terrestres cuando apelan al espíritu resurrector del ave Fénix: Tres álbumes anunciados a lo largo del año, “Class Clown Spots a UFO” es el segundo del lote y viene a refrendar la sensación que de que han vuelto en su versión más fidedigna: inspirados, irregulares y con el síndrome de una huelga a la japonesa, sería interesante ver que saldría de hacer un solo disco con lo mejor del trío de lps que habrán publicado cuando se acabe el año. Por ahora, contando con los dos primeros, una obra sobresaliente. Porque “Class Clown Spots a UFO” es otro disco muy recomendable, con un tercio de material de desecho y otros dos preñados de auténticas delicias.

Menos agrestes y crispados que en el anterior, “Let’s Go Eat the Factory”(2012), en esta continuación los Guided by Voices dan siempre en la diana de la emoción cuando muestran su vertiente de pop más encantador. Y es que ante joyas como Forever until it breaks, Starfire, Keep it in motion o Chain to the moon a ver quien es el guapo que les intenta dar pasaporte.

Más momentos a reseñar, vienen del inevitable fragor eléctrico que dejan brotar para dotar de nervio a su enésimo “pequeño gran disco”. Cañonazos como He rises! Our our union bellboy”, Billy Wire, No transmission y su inevitable homenaje a The Who con Blue battleships Bay” no están a la altura de sus clásicos de alcantarilla, pero comparándolas con la media habitual de hoy en día son un bálsamo para los oídos.

Disco irregular como una etapa de montaña del Tour, sus puertos más altos vuelven a recordarnos la enorme vigencia del legado de Robert Pollard y Tobin Sprout, su cada vez más presente mano derecha.

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