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Tame Impala – Lonerism

Por Juanjo Rueda 1

9.0

Nota
9.0
90%

Tame Impala con su primer disco, “Innerspeaker” (2010), fue una de las sorpresas agradables y frescas de ese año. Este primer disco era un chorro de psicodelía rock casi en bruto, sin domesticar, que nos dejó a muchos “picuetos”. Su música parecía una mezcla que picaba entre los Beatles crepusculares, Cream, el tema “In-A-Gadda-Da-Vida” de Iron Butterfly, los primeros Deep Purple, y los Pink Floyd de Syd Barret, conformando un melting pot musical que sonaba añejo, viejo porque no decirlo, pero sin caer en el revival vacío y que se alejaba de la mera copia.

Este segundo disco, “Lonerism“, sigue ahondando en lo anterior, con canciones donde los delaysreverbs, los Moogs, o los pasajes alucinados de guitarras siguen campando a sus anchas; las canciones siguen estallando en quiebros musicales inesperados para el oyente pero aquí con una mayor, todavía, amplitud de miras. Parte de la culpa de esto último quizá la tenga, otra vez, el productor Dave Fridmann aportando amplitud a unas canciones que suenan más expansivas, como si quisieran alcanzar el espacio. Fridmann ha sido productor habitual de los Flaming Lips, una banda que ha sabido revisitar en su discografía la psicodelia y el rock de los setenta desde una personal perspectiva y, parece, que Tame Impala han sabido tomar nota de esto. Así, por ejemplo, los dos temas inicio del disco, con “Be Above It” y “Endors Toi”, recuerdan profundamente a la banda de Oklahoma.

El disco se articula en torno a temas más inmediatos y otros menos previsibles, que requieren de una mayor implicación en la escucha por parte del oyente. Entre los más inmediatos, además del tema inicial, habría que nombrar “Mind Mischief”, “Elephant”, “Why won’t they talk to me”, o “Feels like we only go backwards”. Los dos primeros con unos grooves rock que de puro simple son increiblemente adictivos; mientras que “Feels like we only go backwards” cuenta con un desarrollo de tema y, sobre todo, un estribillo que puede mirar de tú a tú a Beach House o a gran parte del dream-pop actual sin ningún problema; aire ensoñador que también posee “Why won’t they talk to me“. En el otro lado tenemos temas menos previsibles que se traducen en gozosas excursiones psicodélicas sin ruta prefijada como las de “Apocalypse dreams”, “Music to walk home by”, “Keep on lying”, o “Nothing that has happened so far has been anything we could control”. Todo esto mientras las letras tratan en muchos casos de la soledad o la búsqueda de mundos interiores ante un mundo hostil, extraño, o que se teme: “Out of this zone/try to deceive/I’m so alone/I’m just falling/I guess I’ll go home/try to be sane/try to pretend all of it happened” canta Kevin Parker en “Why won’t they talk to me“, por ejemplo.

También hay momentos para lo prescindible, como el interludio que es “She just won’t believe me” o el cierre con “Sun’s coming down”, que comienza, este último tema, como una balada insulsa al piano que no llegaría ni a cara B perdida de John Lennon y que termina en un desarrollo experimental absolutamente vacío e innecesario. Estos pequeños borrones no esconden que estamos ante un gran disco, que confirma todo lo bueno que la banda apuntaba en su gran debut.

Ahora que, desgraciadamente, parece que la tónica es bajar a Animal Collective de ese pedestal -jamás buscado por ellos- de adalides de la psicodelia pop/rock en nuestros días, es posible que miles de publicaciones de tendencias conviertan a Tame Impala en moda -pasajera, como toda moda- pero eso no debería distraernos de lo esencial, estamos ante una gran banda, ante un gran disco, que seguirá dando que hablar a los que sigamos atentos a ellos. Sean moda o no.



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