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Nuevas miradas: “Animals” de Marçal Forés

Por Marcos Gendre 0

Hoy en día, solo en Sitges un amante del cine puede sentirse en familia y con un plus de emoción. Con un Auditori a reventar, la expectación a la hora de encarar el momento de la proyección de “Animals”, no hacía sino crecer por el espíritu que siempre genera la visión del debut en largo de uno de esos valores nuevos de los que se espera algo muy grande.

Uno de los directores más prometedores del circo nacional, el primer largo de Marçal Forés , tras cortos tan significativos como “Yeah! Yeah! Yeah!” (2004) y “Friends Forever” (2007), es como una versión extendida de este último, con un escenario similar de instituto rodeado por un desasosegante bosque a su alrededor, desde el que partiendo de la matriz de entremezclar muerte, amistad y adolescencia, propone una continuación sobre sus temas favoritos, entre los que tampoco pueden faltar su sana obsesión por la música y los comics. De entre estas dos últimas influencias, es de recibo comentar el protagonismo que Forés le da al maravilloso grupo Los Claveles por medio de dos cortes suyos, como la genial “Las Inquietudes de Blanca María”, y un comentario algo infortunado sobre la reciente muerte de su batera, y esos momentos de Pol dando vida a un imaginario duo guitarra-batera desde el sótano de su chalet. En lo que se refiere a los comics, “Agujero Negro” de Charles Burns tendrá un protagonismo importantísimo a partir del ecuador del film durante sus momentos más escabrosos, cuando Pol, el personaje principal, empieza a tener sus encuentros con Ikari.

 Centrada en el personaje de Pol, Animals se va vertebrando a partir de su forzada entrada en el mundo adolescente. Partiendo de un universo hecho a su medida con Deerhoof – en honor al interesantísmo grupo indie del mismo nombre -, un peluche de rastrillo que actúa como su amigo imaginario y símbolo de su infancia, y bajo la protección de su hermano, un mosso d’escuadra comprensivo e indie…, Pol va saliendo de su burbuja a raiz de su conocimiento del mundo sexual a través de Laia e Ikari, con el que llega a los terrenos de hacer de la muerte un juego por medio de una atracción fatal por la automutilación en forma de cortes con navajas de bolsillo, en la que es la escena clave de Animals, con ese encuentro entre Pol e Ikari, en medio del bosque, buscando una conexión de sangre que va mucho más allá de la atracción sexual. Y es aquí, y el accidente en coche que sufre con Laia mientras le mete mano debajo de la falda, donde Forés subraya que cualquier acto de descubrimiento sexual por parte de Pol, y como ya apuntó tantas veces Cronenberg a lo largo de su filmografía, irá siempre acompañado de un experiencia cercana a la muerte, lo cual es mostrado también como un símbolo del dolor que implica hacerse adolescente dentro de una sociedad repleta contradictorias ideas formadas.

Historia de miedos, refugios y el nacimiento de deseos escondidos, Animals propone un acercamiento a ese mundo de Agujero Negro, pasando por esa atmósfera y extrañeza que irradiaba “Elephant”, de Gus Van Sant, con una valentía por hacer suyos unos referentes , aún demasiado grandes para él, y que provocan que se queda a medias de todo.

 De encuadres depuradísimos y gran profundidad, Forés demuestre tener un ojo con mira telescópica para escoger el mejor plano posible, y crear ambientes subyugantes, pero aún le queda bastante para poder hilvanar un guion más unitario que le dea más convicción a sus ideas. Guión tejido en torno a la importancia de crear su propio universo, intentado hacer de la “originalidad” una virtud, Forés se pierde, por momentos, en escenas metidas con calzador – el video-clip que se monta con Pol y Deerhoof tocando juntos – y diálogos algo insípidos que, por subrayar el sentimiento de incomunicación que se intenta mostrar entre sus protagonistas, no justifican una sensación de vacuidad en varios momentos de la película. Todo esto, por eliminación, deviene en unas interpretaciones que buscan el gesto y las miradas como mayor valor a la hora de seguir la historia, pero a las que le falta un punto de convicción para dar fuerza a una sucesión de imágenes de gran poder evocador, pero sin nervio en su proyección.

 En absoluto fallida, “Animals” es, en cambio, una película muy interesante que hay que verla como lo que es: La ambiciosa muestra de un Forés que ha intentado dar la primera en la frente con una obra rompedora, con la que, a pesar de no conseguir su propósito, si que da pistas sobre un tremendo potencial a tener muy en cuenta en sus próximos movimientos.

“Animals” se estrenará en salas este próximo 26 de octubre.

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