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Refused en la Riviera

Por José Luis López 0

Había llovido ya desde que los suecos quisieron marcar la pauta a seguir en la música punk y hardcore del nuevo siglo. “The Shape Of Punk To Come” fue un disco del que quedaron muy satisfechos, pero que no pudieron presentar como quisieron por la separación de la banda. Catorce años más tarde, se presentaron en Madrid para tocarlo enterito y regalarnos un concierto enérgico y potente, además de demostrar que siguen en forma.

No pudimos ver a la primera banda anunciada, Buena Esperanza. Una lástima porque tenían muy buena pinta. No obstante, justo antes del plato fuerte, los catalanes Moksha calentaron el ambiente con su potente hardcore y moviendo al poco público que había en ese momento en la sala. Apuntan maneras y esperamos verlos por aquí más a menudo.

Sobre las 21:15, se apagaron las luces. El telón que se había bajado unos minutos antes reflejó el nombre de los suecos. Tras este, pudimos ver como se subían a las tablas y empezó el show con la canción que da título a su celebérrimo último disco en estudio. En los primeros compases del concierto cayeron temas como Liberation Frequency o The Refused Party Program y la cosa empezó a menearse de lo lindo. La banda mostraba estar en muy buena forma y principalmente su frontman, que no paró de moverse en todo el concierto de un lado para otro y de hacer cabriolas con el cable de micrófono que a las primeras de cambio casi se come, dándose un buen leñazo en la boca: Gajes del oficio. El repertorio se basó mayormente en “The Shape Of Punk To Come“, aunque hubo regalos como Rather Be Dead, un himno en toda regla y que fue de los puntos más álgidos de la actuación. En esta, Dennis se subió a un monitor haciendo equilibrios mientras el público coreaba aquello de Rather Be Alive! Rather Be Alive! y ganándose aún más al respetable.

Durante la presentación, hubo varios momentos para los discursos más o menos justificativos de la banda. Desde luego es cierto que los temas de los que hablan tienen vigencia hoy en día, pero quizás su separación fue por motivos que hacen que su regreso (sobre todo por la forma en que empezó) vaya un poco en contra de lo que siempre han defendido y criticado. Para quién quiera verlos en el futuro, mejor que deje aparte estos juicios, ya que ni la banda tiene garantías de salir airosa de esas críticas, ni termina de merecer la pena cuando te gastas el dinero en un concierto. Al fin y al cabo, puede que sea cierto que Refused Are Fucking Dead, pero siguen teniendo un repertorio muy potente y siguen siendo muy capaces de ponerlo en marcha. Y es que la retahíla de temazos en la hora y poco que duró el concierto fue digna de mención.

La actuación avanzaba con más clásicos y parecía que la chispa seguía así. El nivel musical era muy alto, sobre todo en la ejecución. La lástima es que el sonido de la sala hizo que todo sonase un poquito embotado, aunque suficientemente claro para distinguir instrumentos y partes. Uno de los grandes momentos para un servidor fue cuando cayó Summerholidays vs. Punkroutine, que encima se enlazó con Deadly Rythm, en la que los flashes acompañaron perfectamente a una banda que ya estaba caliente y atronadora. Más adelante, ya al final del repertorio, Refused Are Fucking Dead fue otra de las canciones que más hizo disfrutar al respetable. Así sudando llegó el final del show. Como ya hemos dicho, fue escasa la duración, con una hora y diez minutos. Hay quién dice que eso es lo que tiene que durar un concierto de estas características, pero también hay quién dice que una hora escasa en catorce años quizás sabe a poco.

Hubo dos bises para poner el broche a la actuación. Los dos guitarras se presentaron en el escenario con unos e-bow y enlazaron largas notas de guitarra con la ya legendaria intro de New Noise, y aquí se desató la locura absoluta. Si hay un tema que en su día definió a esta banda era este, y la gran mayoría del público lo esperaba con ansia. Tras esta locura, sorprendieron (al menos a mi) con Tanhäuser Derivé, con el sample del violín sonando y sus medios tiempos dejando un final muy distinto al que esperaba. Definitivamente uno de los mejores de toda la noche, perfectamente ejecutada, y relajando un poquito la adrenalina soltada justo antes. Aquí el vocalista se permitió bailarse un zapateado con voltereta para atrás incluida. Seguro que acabó contento de que su única cabriola fallida acabase con el micro estampado en su boca, porque se jugó el tipo más de una vez. La verdad es que el público agradeció la entrega de un frontman que llegó con una camisa negro mate y se fue con una negro satén sin tener que cambiarse en ningún momento.

Refused no están muertos pero no tan vivos como antes, pero desde luego fueron un Deja Vú de los años mozos de muchos en toda regla. Igual les cuesta mucho sostener su discurso, pero a los que vayan a ver un concierto, se van a encontrar con uno magnífico.

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