banner WIR

The 2nd Law

Por Ross Gallagher 1

A principios de mes salía el sexto disco de estudio de los ingleses Muse, banda a la que poca presentación le hace falta a estas alturas. Un grupo con un estilo particular, calificados de histriónicos, grandilocuentes y megalómanos, calificativos basados en la personalidad de su líder, cantante y guitarrista Matt Bellamy.

La segunda ley de la termodinámica, también llamada entropía, no es sólo el título del disco, sino también el nexo de unión de los cortes del álbum; la eterna lucha de las entidades que, en su lucha por sobrevivir, lentamente se van consumiendo de un modo inexorable, sea éste nuestro cuerpo, o algo mucho más grande y complejo, como la civilización. La historia que narra avanza desde el optimismo de Supremacy o Survival  a un escenario de profunda desesperanza y final cierto, Unsustainable e Isolated System, y el camino que lleva de un punto a otro, en el que podrían estar Animals o Explorers.

Hay que decir que en “The 2nd Law” toda pretendida uniformidad termina ahí, dando forma a un álbum que abarca muchos estilos diferentes y en en que ya ni siquiera la voz de Matt está siempre presente. No es la primera vez sin embargo que facturan un disco carente de coherencia musical interna, ya que por ejemplo en “Black Holes & Revelations“, la mezcla habida también resultaba completamente chocante a primer golpe, y no por ello deja de ser un muy buen Lp.

Siguen autoproduciéndose, este extremo al menos no ha cambiado, pero en cambio sí que lo ha hecho una cosa; han grabado en Londres, en lugar de “recluidos” en el sur de Francia como solían hacer, y  la nueva vida familiar de Matt, la pérdida al miedo a exteriorizar sentimientos y la convivencia con la familia durante el proceso han dado lugar a que algunos temas versen sobre temas personales (Save Me. Liquid State, versan sobre el problema de adicción de Chris al alcohol, Follow Me tiene registrados los latidos del corazón del primer hijo de Matt) y amor (Madness, Big Freeze).

El disco sin embargo tiene dos principales lacras; la primera, son sus muchas y obvias influencias, todas las canciones recuerdan a algo, y aunque ese algo sea nuevo en un disco de Muse, y novedoso en ese sentido (bueno algunas no tan novedosas como el aire a Queen que ya mostraron en United States of Eurasia), todo resulta conocido, perdiendo mucho de la personalidad propia de la banda.

Así con Supremacy, según entra la orquesta y avanza la canción, parece que Bellamy se postula a suceder a Bono como compositor para una película de James Bond, sensación acrecentada por las cinco notas finales, como si la hubiera compuesto con la cabeza puesta en ella, igual que Survival la compusieron con la cabeza puesta en los juegos olímpicos, haciendo una versión que fusila We are the Champions y Ogre Battle, en lo que para servidor es su canción más sonrojante, y en el que la letra (Race, it’s a race, But I’m gonna win, Yes, I’m gonna win. I will light the fuse, I’ll never lose) no consigue llegar, de lo obvia y carente de profundidad u originalidad que resulta.

Animals se convierte por contra en mi tema favorito. Supongo porque recuerda, y mucho, a Radiohead, y por ende aquella época en la que empezaron con “Showbiz“; Isolated System, instrumental, marca el final y recuerda lejanamente a las progresiones de Tubular Bells, aunque menos elaborado; en Panic Station, Muse se pasa al funk, en el que aseguran hay mucho de Primus, pero suena a una version de Scissor Sisters; Explorers suena a ellos ¡por fin! siguiendo una  progresión parecida a Invincible aunque contiene un tono más negativo y carece del clímax que representaba el estupendo sólo de aquel; en Big Freeze parece que le han robado la guitarra a The Edge, pareciendo que Matt va a arrancar de un momento a otro a cantar a grito pelado Where the Streets Have no Name en un tema sencillo diseñado para sonar en estadios.

Luego tenemos Save Me Liquid State, compuestas y cantadas por Chris. Cuenta el bajista que las escribió cuando estaba hundido por su adicción y se sentía miserable, y que en el momento de entrar al estudio, estando en una situación completamente distinta, feliz, le costaba encontrar el humor adecuado para cantarlas. Pues efectivamente, aunque correctas, suenan bastante edulcoradas, en eso necesita seguir trabajando el bueno de Wolstenholme. La segunda en concreto es la que menos suena a Muse, asemejándose a un cruce entre QOTSA descafeinados y unos Foo Fighters bajo de ánimos. Pero bueno, se deja disfrutar, igual que la inofensiva Save Me se deja oir.

Por último tenemos las canciones cuyo componente principal es electrónico; el single Madness, cuentan que querían hacerlo sonar “minimal”. Doy fé que lo consiguen, quedando demasiado plana al principio, pero llega un momento que milagrosamente y sin esperarlo, la canción consigue despegar y se vuelven a dejar oir esos aires Queen, especialmente en el solo de una canción que recuerda al Faith de George Michael.

Luego tenemos los coqueteos “dubstep”en una Follow Me que se va haciendo progresivamente electrónica – primero parecido a la base de Never Ending Story, y culminando en una base de Nero, que le pegarían más a artistas como Nicki Minaj o Example, mientras que Unsustainable mezcla sinfónica y dubstep al más puro estilo Skillex, pero conseguido a base de guitarras. Es una canción que está lejos de ser redonda, pero en la que sin embargo al menos retoman los “ruiditos” y experimentos que le llevaron a ser comparado con Tom Morello, por su capacidad de obtener sonidos inverosímiles con la guitarra, tanto en estudio como en directo, y al cual sitúa como una de sus mayores influencias.

Este último giro en su sonido es con diferencia el más sorprendente, y el que puede hacer que seguidores de toda la vida terminen de renegar al pasar de un sonido prog-rock a una electrónica de trazo gordo, extremos casi opuestos. Personalmente espero que sean cosas excepcionales, pero lo que está claro es que sólo ellos saben el rumbo que van a tomar.

Lo que sí me preocupa de este disco es por un lado, la falta de temas redondos, no hay ningún hit incontestable, más allá de lo que puedan crecer con las escuchas Animals o Madness. Por otro lado es la absoluta falta de garra que demuestran. Los temas ya no suenan sinceros, apasionados, la locura que una vez tuvo y que llegó a su zenit en algún momento entre “Origin of Symmetry” y “Absolution”, la época del Hullabaloo, ha terminado por desaparecer sin dejar rastro dejando huérfanos los que anhelábamos ese tipo de sensaciones.

Ahora que también tiene elementos buenos; uno es que no se han cansado de experimentar, siguen variando su sonido, lleve a donde les lleve, con lo que se conserva la esperanza de que en algún momento vuelvan a facturar un Time is Running Out o un Knights of Cydonia, algo que resulte sorprendente, y a la vez funcione, sin caer en estereotipos, o fusilar sin compasión temas obvios. El sonido del disco es espléndido, como cabía esperar, y las canciones se pueden escuchar, y en general es agradable, y la verdad es que es lo mejor que se puede decir de él. Lo cual personalmente está lejos de lo que quiero esperar de Muse.

banner WIR