banner WIR

El rock se hace así

Por Jose A. Rueda 2

Hace unos años existía un anuncio de televisión de la hipermultinacional marca de refrescos de cola en el cual unos chavales jugaban al fútbol en un patio hasta que eran expulsados de allí por un grupo de futbolistas profesionales de entonces (Luis Figo entre ellos). Luego, mientras Figo y compañía hacían virguerías con el balón ante las miradas boquiabertas de los chicos, aparecía una panda de jubilados liderada por Luis Aragonés que echaba al portugués y a sus colegas al grito de “¡Ey, chavalotes! ¡Fuera, que vamos a jugar al fútbol!”.

Pues bien, imaginaos ahora ese mismo anuncio, pero en lugar de niños futboleros pongamos a un solitario Jack White intentando reinventar su rock-blues post-White Stripes. Entonces se acercan The Black Keys y le dicen “¡Ey, tú! ¡Largo de aquí!”. El pobre de Jack se sienta en la escalera de un portal desde donde observa, lleno de impotencia, como el dúo de Ohio toca un rocanrol contemporáneo inspirado en los progresos que el mismo Jack avanzó en sus discos con The White Stripes. Pero entonces aparecen ellos, The Jon Spencer Blues Explosion, y gritan “¡Chavalotes! ¡Fuera, que vamos a tocar un poco de rock’n’roll!”.

Y aquí lo tenemos: “Meat & Bone”: el disco que necesitaba esta generación. Porque, aunque estemos en la era de las redes sociales y los teléfonos con internet, hay cosas que no cambian: la MTV sigue alienando a millones de jóvenes que, luciendo ropas pseudo-vintage compradas en H&M, escuchan el repetitivo “Lonely Boy” de los Black Keys en sus I-Pods  mientras piensan “¡joder tío! ¡Esto es lo más!”.

Por eso, este era el momento en el que necesitábamos a The Jon Spencer Blues Explosion. Porque era ahora, más que nunca, cuando el rock pedía a gritos “Meat & Bone”.

Ocho años después de “Damage!” -álbum señalado por muchos críticos como el del declive de la banda- y tras cinco años desde que se publicó la colección de rarezas “Jukebox Explosion”, el grupo de Jon Spencer regresa con su undécimo disco. Un trabajo que cierra bocas, quita sombreros y enseña cómo hacer rocanrol en el tercer milenio.

Porque “Meat & Bone” es un disco instructivo: un manual de rock’n’roll moderno. Son doce canciones ordenadas a conciencia de forma casi didáctica, pues arranca con ese rock contemporáneo que tanto han popularizado The Black Keys, para adentrarnos paso a paso en la pureza del rock-blues norteamericano. Todo ello cumpliendo con la ley no escrita del indie; esa que reza:  “hay que descubrir el pasado para inventar el futuro”.

Ese futuro (o mejor dicho, presente) suena en forma de líneas de bajo falsamente saturadas y electrónicamente filtradas, como en la pegadiza “Black Mold”. Esta canción se encarga de inaugurar un disco que enseguida demuestra no tener ninguna intención de subirse al carro del rock revival en el que viajan grupos tipo The Hives. Los ritmos invitan al baile, pero sin rozar el “dance”, pese al bombo 4×4 de “Bag Of Bones” o los coqueteos con la electrónica de “Boot Cut”. En la mitad del álbum, “Get Your Pants Off” y su ramalazo funk dan cuenta de que algo va a cambiar. El medio tiempo “Ice Cream Killer”confirma el regreso al pasado. Y sin despeinarse.

Y este pasado se presenta haciendo honor al nombre del grupo, pues “Meat & Bone” contiene intensas explosiones de blues (“Danger”) y unos riffs que enganchan cual droga dura (“Bottle Baby”, “Strange Baby”). Todo ello sin aferrarse a ningún patrón estructural, ya que el rollo “free-rock” (o “free-blues”) impera en todo el álbum (quizá a excepción de “Black Thoughts”, donde sí que hay una intención melódica más seria). Cierran el disco tres temas que no sabían donde colocarse: “Unclear” -un blues puro despojado de la recarga sonora predominante en el disco-, y dos canciones que se debaten entre la experimentación y la psicodelia: “Bear Trap” y “Zimgar”.

Por lo general, el nuevo disco de la Blues Explosion escupe subidas y paradas imprevisibles, berridos rocanroleros y una visceralidad más propia del punk. Y es que “Meat & Bone” es rock’n’roll que sale de las tripas, pero consiguiendo a su vez recrear lugares de tradición norteamericana, como esos bares de madera en cuyas paredes cuelgan guitarras, letreros de la Ruta 66 y guardabarros de Cadillac. Un álbum en el que no solo hay “carne y hueso”, como apunta su título, sino que también distingue dermis, epidermis, nervios, venas, músculos,… En definitiva, las canciones de “Meat & Bone” están construidas a base de numerosas capas sonoras, reverbs interminables y sofisticados juegos de estéreo.

Desde que Jon Spencer Blues Explosion firmó el sobresaliente “Orange” en 1994, los estadounidenses no han dejado de ser una banda que ha convencido tanto a puristas como a modernos. Un reto que ahora se antojaba difícil, pues la vuelta de Jon Spencer en el mismo año en que despunta el nuevo rock contemporáneo podría interpretarse como oportunista. Pero la Blues Explosion es mucha Blues Explosion, y como ya hicieran otras bandas veteranas en distintas épocas de modas retro (véase la pasada década, con el regreso de Portishead en plena efervescencia del downtempo; o de Depeche Mode durante la sobredosis de electropop), The Jon Spencer Blues Explosion han firmado su particular “Third”, o su equivalente al “Playing The Angel”. Esto es; un disco con el que miran a los ojos de los nuevos grupos y les dicen “aquí estamos nosotros y así es como se hacen las cosas”. Y con dos cojones.

banner WIR