banner WIR

The Pains of Being Pure at Heart: apisonadora noise-pop

Por Marcos Gendre 0

Con gran expectación y la sala perfecta para dejarse imbuir en espirales de distorsión acaramelada, la noche del 13 de noviembre se presentaba ideal para olvidar que aún quedaban tres días para el fin de semana. Cartel vampirizado por la presencia de The Pains of Being Pure at Heart, Dulce Pájara de Juventud salían a la palestra con una hora y cuarto de retraso. Se dice que provocado por la pérdida del vuelo de la banda americana, este hecho, precisamente, no ayudaría a prestar la requerida atención a la banda de Barcelona.

Con un sonido más tribal y hardcore en directo, las virtudes melódicas del único Lp de Dulce Pájara de Juventud quedaron un poco solapadas por la brutal batidora rítmica con la que actuaron. Haciendo un repaso exhaustivo a su álbum, la cosa llegó a picos de gran intensidad cuando desparramaban la veta “Pixies” a través de temazos como “Dear Bruno”, se pasaban al post-punk bailable de “Gigalove” – por cierto, título que se parece demasiado al “Gigantic” de los duendecillos de Boston – o tiraban del pop in crescendo de “Feel”. Muy bien rodados por los pastizales del directo, no hay que perder de atención a esta banda que, eso sí, no tuvo nada que hacer ante la que nos vino encima por medio de TPOBPA.

Se notaba que había ganas en el ambiente. De esta manera, para cuando Kip Berman agarró la guitarra y se pegó al micrófono como si fuera una extensión de su cuerpo se dio comienzo a un exorcismo de twee-pop de pegada mortal, para el que recordar a los My Bloody Valentine de sus primeros Ep’s se hace hasta necesario si nos queremos hacer una idea de lo que se vivió. Una hora imparable de electricidad con el punto de mira dirigido milimétricamente al corazón, comenzarón con dos trallazos como “Heavens gonna happen now” y “Belong” entre expansivas capas de ruido inteligente que acompañarían todo el trayecto marcado en doce cortes ejecutados con una contundencia inesperada y agradecida. Incluso con un bestial y acelerado tema inédito para la ocasión, a la actuación de los neoyorkinos lo que la acabó por encumbrar fue la forma tan convincente con la que barnizaron los hits de su primer lp por medio de la regeneradora capa de shoegaze palpitante que tiñe su álbum “Belong”. Temas como “Come Saturday” y “Young adult friction” sonaron como un puñetazo a bocajarro en pleno sistema nervioso que ya alcanzaron niveles antológicos cuando en los bises se despidieron con una versión inclementemente buena de “This love is fucking right”.

Demasiado corto para cierta parte del personal allí reunido, sinceramente, creo que este tipo de conciertos si van en estas dosis cortas, mejor que mejor. Prefiero una hora de intensidad volcánica como la que recibí que no hora y media con parones para respirar un poco. Sin duda. Y si no, que se le pregunten a The Jesus & Mary Chain cuando daban conciertos de media hora y de espaldas al público, allá por 1985 cuando salió un disco de nombre “Psychocandy”

banner WIR