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Scott Walker – Bish Bosch: El viejo está de regreso

Por José Luis López 2

10.0

Nota
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Son muchos años a las espaldas los que el bueno de Walker lleva en esto. El pasado, que a veces es losa, para él no es más que una vieja máscara que quizás jamás vuelva a ponerse. Mucho ha llovido desde que un introvertido chaval cantase esas piezas delicadamente orquestadas al frente de The Walker Brothers, y contando con teloneros de la enjundia de un tal Jimi Hendrix. Mucho ha llovido, y ha sido una fina y continua cortina gris sobre la vieja cabeza de Scott, que ya no está para aquellos menesteres. El paso del tiempo ha ido adornando su cabeza con otros.

The Drift fue un disco solemne y eterno, que nos transportaba a lugares que solo Scott puede reconocer. Ahora, Bish Bosch  se nos planta como un árido paisaje, plagado de piedras y acantilados, de páramos desolados y de anchos mares grises, sobre los que no para de caer esa fina lluvia gris. “Veo un soldado, en pie bajo la lluvia,/ para él no hay un anciano al que seguir,/ consumido por su dolor,/ confundido por las caras que pasan de largo…” cantaba en “The Old Man’s Back Again” allá por 1969, y parece que ese pobre soldado sigue intentando comprender qué le rodea, y está definitivamente consumido por su dolor.

Estamos ante un trabajo mucho más potente en muchos momentos que el anterior, y sus textos son (si cabe) más profundos y retorcidos. “See you don’t bump his head”, el tema que abre esta grabación, se abre paso entre poderosas percusiones, como tambores de guerra. Sonidos afilados pasean sobre ellos como flechas, y la voz de nuestro amigo (¿o enemigo?) nos parece lanzar un mensaje de que todo llega a su fin: Su primer verso, “While plucking feathers from a swan song…” parece referirse a desplumar una última obra (la expresión Swan Song en inglés, se refiere al último legado de alguien, literalmente “Canto de Cisne”). Aunque más bien parece que hablemos del final de un ciclo: Bish Bosch cierra una trilogía que empezó con Tilt (1995) y continuó con The Drift (2006).

Continuando con la obra que nos ocupa, Bish Bosch nos deja muchas joyitas, como la extensísima “SDSS1416+13B (Zercon, A Flagpole Sitter)”, que alcanza los casi 22 minutos de metraje, siendo esta la canción más larga que ha grabado en su extensísima carrera, y en la que se zambulle en varios momentos que te dejarán helada la sangre, llegando a partes verdaderamente agresivas para después pasearte por una belleza tan torcida como la que su solo su voz puede desprender. Estamos ante un disco espeso, profundo, lejano y cercano a la vez, y que se debe degustar poco a poco: Es de aquellos que solo se muestran ante ti si realmente sobrevives a las primeras escuchas. Él mismo nos lo dice en la fabulosa “Dimple”: “if you’re listening to this, you must have survived”… y es que sobrevivir a este disco (que, curiosamente, salió unos pocos días antes del supuesto fin del mundo) es una proeza de las que uno se puede sentir bien orgulloso. Hay otros momentos más cercanos a canciones al uso, como Epizootics! o la ya mencionada primera canción (aunque sorprenda esto, después de recorrer el extenso minutaje de esta obra, uno se percata de que aquella locura sobre cantos de cisne entre tambores de guerra es de lo más parecido a una canción que hay en ella). Honestamente, tras muchas escuchas aún no me creo capaz de valorar este disco en su verdadera medida, y quién crea o diga que puede absorber todo lo que hay dentro de esto en tan poco tiempo miente, porque no hay con qué compararlo. Así de simple. Y es una lástima su edición a tan última hora, pues hubiese copado muchas listas (si uno quiere ser honesto y darse tiempo para analizarlo sin saltar al vacío, claro). Aunque bien pensado, estoy seguro de que eso a Walker le trae sin cuidado.

Hay quién echa de menos al viejo Walker (o más bien al joven Walker) y parece que todo es distinto a aquellos inicios en los que su grupo rivalizaba en fama con The Beatles o The Rolling Stones, parece que aquel hombre se haya ido. La mente de Walker es profunda, y siempre ha estado atrapada en esa melancolía desgarradora que ya hizo las delicias de muchas fans cuando lideraba The Walker Brothers, aunque parezca que la fina lluvia gris ha diluido todo, aunque parezca un hombre nuevo, este hombre siempre ha estado ahí, esperando, observando e intentando comprender qué le rodea, y a esas caras que pasan de largo. La culpa es nuestra por no haberlo visto antes.

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