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Ciudadano Cave (parte I)

Por Juanjo Rueda 1

Nick Cave y los Bad Seeds editan este mes de febrero su decimoquinto disco de estudio en la que es una trayectoria que está a punto de hacer treinta años. He creído que es un buen momento para intentar hacer algún tipo de reportaje pero no me apetecía hacer el típico repaso a su historia y su discografía. Finalmente he decidido indagar en un buen puñado de entrevistas que Nick Cave ha ido dando en estos casi treinta años a diferentes medios de nuestro país. He decidido utilizar algunas de sus declaraciones para articular un reportaje que sirva para mostrar un parte de las contradicciones, aristas, y matices de una figura como la de Nick Cave, intentando que sirva también para recuperar la utilidad de estas entrevistas como documento. He pretendido construir un discurso -por tanto no exento de subjetividad- con estas citas que sirva para radiografiar algunas las principales características de la banda y, sobre todo, de su particular e icónico líder.

¿Quién lo iba a decir?

Casi treinta años con los Bad Seeds, quién lo iba a decir en 1984 cuando un joven post-punk de aire gótico y actitud profundamente nihilista decía esto a los compañeros de la Rockdelux: “Birthday Party fue el punto más alto de mi trayectoria. A veces me gustaría creer que el abandonar fue un error, pero no fue así, ya que era consciente de que la creatividad se estaba agotando y no queríamos convertirnos en nuestras propias marionetas. También por eso te puedo decir que el concierto de Madrid va a ser el último, no sólo de The Bad Seeds, sino de mi vida. Creo que ya no tengo nada más que decir en el campo musical, y lo dejo aquí.”(1). Está más que claro que se equivocaba, tenía bastante que decir todavía y tuvimos suerte de que no cumpliera esa promesa. No sólo tuvimos nosotros suerte porque el mismo Cave ha dejado claro, con el paso de los años, que los Bad Seeds es probablemente lo mejor que le ha pasado musicalmente hablando, “Hacer discos con los Bad Seeds sigue siendo lo más grande a lo que puedo aspirar. Es mi principal fuente de satisfacción y de estrés”(2) manifestaba en una entrevista de 2010 en El País. Así pues ni el mismo Cave podía imaginar en sus inicios como esa nueva criatura musical iba a crecer dejando en un segundo plano a The Birthday Party y convirtiéndose en el ente por el que pasará a la historia el australiano.

Sin miedo a los clásicos

Sí, adoro a Leonard Cohen. Creo que estoy impresionado por Gainsbourg y Cohen por idénticas razones: hacen una música individual y sus canciones son de búsqueda de sí mismos. Bob Dylan hace lo mismo en su música, y Tom Waits, y Van Morrison… Eso les hace grandes. Nick Cave también lo hace –sonríe–…”(3). Nick Cave ha cimentado gran parte de su carrera en un tête à tête con algunos clásicos anteriores a los que ha mostrado su respeto pero sin miedo a que su obra pueda ser comparada con ellos, mostrando las influencias, consciente que es imposible huir de ellas pero sabiendo que podía manejarlas a su modo. Ya en su debut había versiones de Leonard Cohen (“Avalanche”) o de el mismísimo Elvis (“In the Ghetto”). En su segundo disco la sombra de Elvis y la historia de su mellizo muerto flotaba por el disco en westerns fantasmales como “Tupelo”. En 1986 el álbum “Kicking Agaisnt The Priest” rendía homenaje a muchas de las influencias del, entonces, joven Cave con versiones de temas de John Lee Hooker, Johnny Cash, la Velvet Underground, además de otros clásicos del blues. Los debes de su obra con gente como Leonard Cohen, Johnny Cash (“Folsom Prisom Blues” podría considerarse una prefiguración de las “Murder Ballads”), Lou Reed y la Velvet, o Tom Waits es indudable y podría ir desde las temáticas en canciones donde igual se trata a personajes desclasados, desarraigados, o psicópatas, y donde la culpa, la religión, o la mujer como musa pero también como fuente de desasosiego son pautas comunes con muchos de los nombres antes citados. También en la música, que puede recorrer el abanico que va desde la reinvención del clasicismo crooner hasta el ruidismo industrial. Ha conseguido que su discografía haya terminado yendo más allá de muchos de estos referentes consiguiendo su propia y particular personalidad, alejada completamente de modas coyunturales.

Más allá de modas

Con tal cantidad de discos ya en su haber y con la cantidad de miembros colaboradores que han pasado por los Bad Seeds se hace algo sorprendente que ninguna de las grandes corrientes coyunturales del momento haya hecho mella en el discurso musical del australiano. Ni el sonido Manchester, ni el grunge, ni el noise, ni el shoegaze, ni el brit-pop, ni el neo-folk, ni el revival rock o el dance-punk de principios de siglo XX, entre otros, le han influido mínimamente. Sí que su música nace de una influencia y coyuntura clara como es el post-punk pero en adelante irá evolucionando tomando como referencia el gran marco del rock, y cuando digo el gran marco me refiero a las grandes líneas, sin entrar en etiquetas, y los grandes nombres (algunos de los apuntados anteriormente). Gran culpa de ello tenga que ver con esa búsqueda de individualidad que se citaba más arriba, la búsqueda una voz personal alejada de toda moda que le hace ser un culo de mal asiento y que intenta no dar a su público lo que de él espera, “Me he pasado casi toda mi carrera alienando a mis fans. Soy buenísimo en ello. Cada vez que saco un disco, la principal intención es hacerles volver a la casilla de salida. Me gustaría pensar que les obligo a replantearse por qué son seguidores de mi música”(4). Este no permanecer igual dentro de sus parámetros le ha hecho configurar una almagama personal que hace que casi cualquier disco suyo pueda ser tanto una obra actual como de hace 30 años. No termina de sonar a ningún momento concreto aunque pueda tener elementos de todas las épocas del rock. Su música puede sonar en momento popular y en otro solemne, solemne como un plegaría eclesiástica.

Y Cave vio al ángel: la religión y Nick Cave

Y si su música está bastante descontextualizada, sus temáticas son inherentes al ser humano de cualquier época: “Dios, sexo y muerte. ¿Hay algo más grande y más interesante que eso? Lo dudo. La ventaja que tiene ser tan pomposo y arrogante al pensar que puedes enfrentarte a estos asuntos es que son tan enormes que jamás los acabas. Siempre hay motivos para retornar a ellos”(5). Nick Cave nunca ha escondido su interés por la figura o el concepto de Dios. Como él ha dicho en más de una ocasión la Biblia le ha servido como fuente de inspiración para sus letras, “La brutalidad del Antiguo Testamento, sus historias y sus grandes gestos, ha sido una gran fuente de inspiración”(6), pero su visión de Dios tiene más de un punto en común con la visión como constructo social y cultural algo parecido a lo que le pasa a Jason Pierce (Spiritualized), la religión supone para Cave un reflejo de la gran dicotomía del humana: bien y mal, ejemplificada en la figura de Jesucristo “Para mí, la vida de Jesucristo ilustra ese conflicto interno que supone ser bueno en un mundo maligno. Es un asunto religioso, sí, aunque la palabra “religión” tiene para mí connotaciones negativas, porque lo relaciono con las iglesias y a mí las iglesias no me interesan. Voy a ellas a veces, pero ni me interesa el ritual ni creo que tenga que haber iglesias para estar en contacto con Dios. El mensaje de Jesucristo no era sobre las iglesias o el Papa: él hablaba de la libertad” (7). Hay en su música una espiritualidad cargada también de cierto tremendismo trágico, lo primero le puede emparentar a Leonard Cohen, una influencia en su música, pero lo segundo le separa de él. Quizá sorprenda tanta religiosidad en alguien como Nick Cave, alguien con una vida no exenta de vicios aunque quizá sea por eso, precisamente, por lo que busca o le atrae algo más supuestamente puro como la fe.

Adicción: hablemos de trabajo y otras drogas

Las drogas fueron un elemento de la primera época de Cave, la del más oscuro y noctámbulo que residía en Berlín. En su caso era la heroína, “no voy a volver a tomar heroína nunca más. Cuando la tomaba tenía sus aspectos positivos: me hacía sentir bien y aislarme de la gente, podía ignorar al resto del mundo. Pero terminó haciéndome terriblemente infeliz; era como inyectarme tristeza a mí mismo. Si todavía me hiciera sentir feliz, seguiría tomándola; pero eso dejó de ocurrir.” (8) comentaba en una entrevista de 1996 en la revista Rockdelux. Cave más de una vez ha desmitificado y desmentido el mito del artista maldito, “Si piensan que es mejor tirarse en una habitación con una jodida aguja y esperar durante tres meses para escribir un verso genial y decir que eso es el arte y el sufrimiento verdaderos, deja que lo piensen y que les den por el culo. Yo quiero crear y quiero hacerlo todo el tiempo. No quiero estar sentado con el dedo en el culo esperando la inspiración. Tal vez piensen que no es sincero, pero sólo la gente que no es artista puede decir eso. Todo artista sabe que si quiere crear y vivir de ello, hay que hacerlo así”(9). Esto último nos pone de manifiesto que la gran droga de Cave ha terminado siendo su propio trabajo, el es de los que, como Picasso, cree que la inspiración debe cogerte trabajando: “Primero digo: voy a escribir un disco y luego me pongo a pensar en las canciones. Lo que hago es ponerme en, digamos, situación creativa. No es que tenga ideas circulándome por la cabeza. A otros les pasa lo contrario: cuando se les ocurre algo ya saben si será una canción o un libro. A mí, no. Pienso en la forma disco y luego llega el contenido. En el fondo soy, fundamentalmente, un trabajador. Me siento y trabajo, trabajo y trabajo”(10). Y en todo este proceso de creación, ¿acaso no tienen nada que decir los Bad Seeds?

Notas

Este reportaje -dividido en dos partes- está formado por declaraciones que Nick Cave ha ido haciendo en entrevistas a lo largo de estos años en diferentes medios de nuestro país. Aquí se recoge a que entrevista pertenece cada fragmento además de detallarse el autor, el medio y el año de la misma:

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