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La sinfonía de Mono en Madrid

Por Ignacio Sánchez 0

Sobriedad y perfecta ejecución marcan la actuación de Mono anoche en Madrid.

Imaginen los tópicos japoneses de respeto, timidez y corrección llevados a la música, así fue como llegaron, estuvieron y se marcharon Mono anoche en su cita con Madrid. Aunque siempre actúen así, es su manera de comportarse ante este mundo caótico y acelerado que nos absorve y nos impide por momentos centrarnos en las cosas importantes de la vida. Nada nuevo para los que ya habíamos podido disfrutar del directo de estos cuatro músicos que anoche volvieron a dejar claro que lo suyo se acerca cada vez más hacia la creación de paisajes bucólicos y de ensueño, aunque su fórmula pueda a llegar a resultar plana en algunos momentos con composiciones que abusan demasiado de delays e increscendos típicos, haciendo que algunos temas suenen bastante parecidos entre sí.

por Diego Romero (My Feet in Flames)
por Diego Romero (My Feet in Flames)

Convertidos en uno de esos grupos de cabecera dentro del género del post-rock, los japoneses consiguieron reunir a una fauna bastante variopinta en la noche de ayer en la Joy Eslava, desde el típico “indie” hasta “emos”. Un público que con su respuesta positiva había conseguido que el grupo se mudara de Moby Dick a una de mayor capacidad como la Joy Eslava. La propuesta pausada y por momentos más propia de una gran orquesta sinfónica pedía a gritos un público que respondiera con un silencio sepulcral y saber estar, cosa que afortunadamente ocurrió, salvo en pequeños flashes cuando algún “simpático” le dio por gritar un par de pamplinas. Y es que si de algo salimos contentos del concierto fue del respeto que se respiró durante toda la noche, tanto del público como de los músicos.

Con su sexto álbum bajo el brazo, For My Parents (2012), Mono salieron al escenario madrileño para ofrecernos durante más de una hora y media lo mejor que tienen en su repertorio, que según ellos actualmente son sus dos últimos lanzamientos, con un Hymn to the Inmortal Wind (2009) que les hizo dar ese salto a un mayor público y que ocupó gran parte de la noche, gracias a composiciones como “Burial at sea”, “Pure as snow” o la inmensa “Ashes in the snow”. Y es que con estas cartas era difícil que la jugada no les saliera bien.

Sentados en sendos taburetes Takaakira Goto y Hideki Suematsu, escondidos tras sus cabellos con las cabezas agachadas, comenzaban esbozando las líneas argumentales de los temas con sus guitarras. Desarrollos largos al ritmo de un inmenso Yasunori Takada a la batería, además de celebrados momentos de gong, y una Tamaki Kunishi, única que se mantenía de pie, que suavemente iba acariciando su bajo para proyectar notas que luchaban por hacerse un hueco entre la maraña creada por las dos guitarras y sus múltiples pedales, cuando no era requerida por los teclados, lo que nos venía a demostrar la importancia relativa que el bajo tiene en las composiciones de Mono.

La buena armonía entre los miembros conseguía encadenar temas sin apenas pausa entre ellos, dando sensaciones de obra conjunta y sin descanso. Entre tanto tema de For My Parents e Hymn to the Inmortal Wind se les escapó un recuerdo a tiempos pasados con “Halcyon (Beautiful Days)” del ya lejano Walking Cloud and Deep Red Sky, Flag Fluttered and the Sun Shined (2004). Explosión de sonido, que sirvió para poner en bandeja el cierre de la noche con la arrebatadora “Everlasting Light”, un broche perfecto para seguir teniendo en consideración a estos cuatro japoneses que se marcharon como entraron, tímidos aunque agradecidos por el calor mostrado.

Una noche que comenzaba con la breve presencia de Dirk Serries Microphonics, que en poco más de veinte minutos se dedicó a crear capas de ruido con su guitarra y pedales, intentando captar la atención de los presentes. Un calentamiento propicio para lo que posteriormente vino, pero que careció de intensidad.

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