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Veronica Falls, reyes del pop

Por Ignacio Sánchez 0

por Ignacio Sánchez
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El cuarteto británico sale victorioso de su cita con el público madrileño deseoso de poder bailar los nuevos temas del grupo.

Siempre he defendido el Teatro Lara como recinto para conciertos, no me sirve de excusa que lo tenga a tres minutos, mal contados, de mi casa andando, su acústica es digna de mención, su recogimiento, pero el viernes pasado la sensación no fue la misma en el concierto de Veronica Falls. El motivo, la rigidez del enclave para disfrutar de un concierto de pop, hecho que se vio casi a las primeras de cambio cuando los primeros aventureros decidieron dejar su asiento para ocupar los estrechos pasillos del patio de butacas para poder desfogar sus ganas de disfrutar de la velada.

por Ignacio Sánchez
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Había muchas ganas de disfrutar de la presentación de Waiting for something to happen, un álbum que aunque no haya sido publicado aún lleva ya semanas dando vueltas por la red, cosas de la era moderna. Y es que tras la cancelación de su gira de finales de septiembre, los seguidores habían remarcado con subrayador la fecha del 1 de febrero en el calendario.

El concierto en sí vino a reflejar lo mismo que nos muestran sus trabajos, eficacia y brevedad. Con unos sonidos más luminosos, más pop, Waiting for something to happen compartía casi por igual protagonismo con el homónimo debut de estos cuatro chavales que llevan a la perfección los arquetipos de banda desganada, aunque en más de una ocasión no pudieran dejar escapar una sonrisa al ver la entusiasta reacción del público que en las primeras filas no paraba de bailar y saltar.

Con el pedal pisado a fondo desde el comienzo, también obligados por el horario ya que su concierto comenzó cerca de las doce de la noche, los de Londres hicieron un resumen casi perfecto durante tres cuartos de hora de lo que viene a ser su sonido, intercalando “Bad Feeling”, “Wedding day”, “Found love in a graveyard”, “Beachy Head” con las nuevas “Tell me”, “Teenage” o “Waiting for something to happen”, todo sin apenas levantar la cabeza y dirigirse al respetable que se lo estaba pasando de lo lindo. Y es aquí donde enlanzando con el comienzo del artículo llego a la conclusión que en una sala donde el público hubiera podido moverse a su gusto el grado de satisfacción hubiera sido aún mayor, aún perdiendo en calidad acústica si se diera el caso, tema que no afectaría a la propuesta de unos Veronica Falls que juegan sus bazas no tanto por la técnica como por la efectividad de sus melodías contagiosas, véase una “Come on over” soberbia con la que casi se despiden.

Llegados al final tuvimos la simpática anécdota del descanso más breve jamás vivido ante del bis, y es que casi ni acababan de abandonar el escenario cuando el técnico de sonido los reclamó de nuevo, había prisa, que no eran horas.

Pero antes de que todo esto pasara había sido el turno de Simone White, compositora norteamericana de aspecto dulce como su música, más propicia para el espacio escénico del teatro, que en poco menos de media hora consiguió llamar la atención a un público sumamente respetuoso con su propuesta semi acústica.

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