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Volver al pasado

Por Juanjo Rueda 2

6.5

Nota
6.5
65%

En los noventa un disco de Suede tenía mucha más repercusión que uno de David Bowie aunque ahora parezca mentira. Ahora al contrario, la vuelta de Bowie tiene el seguimiento masivo que merece y en cambio el retorno de Suede -tras ese amago que fue The Tears y las aventuras en solitario de Brett Anderson- no produce más que tibieza. Probablemente esto también se deba a que nadie espera ya nada realmente trascendente de una banda que de haberse separado tras esa estupenda y genial trilogía inicial (a la que hay que unir la excelente colección de caras B “Sci-Fi Lullabies”) probablemente haría de este retorno algo muchísimo más esperado. También jugaría en su contra porque este “Bloodsports” termina palideciendo en la comparación con esos discos pero como después de ellos vinieron borrones del calibre de “Head Music” (1999) o “A New Morning” (2002) pues es lógico que este disco pueda parecer mucho más de lo que realmente es.

Lo que tiene que quedar claro, si no estaba todavía, es que Suede es el grupo de Brett Anderson y que Bernard Butler es sólo un recuerdo accesorio como Brian Eno lo es en Roxy Music. La banda que vuelve es la que resurgió después de “Dog Man Star” (1994). Oyendo el nuevo disco queda claro que intentan volver a lo que mejor saben hacer, pop-rock de tintes melodrámaticos y una pizca épico que tanto le debía y le debe al mentado Bowie de su época glam. Incluso recuperan a Ed Buller en la producción en un intento de recobrar la magia de esos primeros discos y por momentos parece dar la leve sensación de que algo ha vuelto ya sea en los estribillos y pasajes de “Sabotage”, “Hit Me” e “It Stars And Ends With You” o en algunos medios tiempos (“Sometimes I Feel I’ll Float Away” y “Always”), que siempre fueron un punto fuerte de la banda, y que toman el protagonismo en la segunda parte del disco. Tras la escucha si hay algo que se pone de manifiesto es que no se ha perdido nada de la prestancia vocal de Anderson capaz de dar empaque a temas que en el fondo no son gran cosa como “For The Strangers”, “Faultlines”, “Snowblind” o la inicial “Barriers” (esta última empieza prometedora para luego escorarse hacía una épica más acorde a los U2 más comerciales que a los mejores Suede). Otra sensación tras la escucha es la de cierta sobreproducción, la sensación de canciones algo hinchadas; los grandes discos de Suede siempre contaron con una cuidada producción y algo de exceso pero, al igual que los discos de la etapa glam de Bowie, daban una sensación de suciedad -en sus dos primeros discos sobre todo- con unas guitarras rugosas que aunque en esta vuelta intentan repetir patrones de antaño no acaban de arañar como entonces o de conseguir crear los grandes estribillos de “Coming Up” (1996).

Así su sensación de déjà vu -desde la misma portada- es su mejor baza y a la vez su hándicap, ya que en la comparación -como ya he dicho más arriba- ninguna de las canciones termina de aguantar el pulso con los grandes discos de la banda e incluso da la impresión de que un tema como “She’s in Fashion” sería de lo más resplandeciente en esta hornada de canciones aunque el conjunto del disco gane sobradamente a aquellos últimos y olvidables discos. Un retorno digno sobre todo si se compara con sus últimos discos o con discos recientes de otras bandas noventeras (como el horroroso “Oceania” de Smashing Pumpkins) pero que no creo que pase de ser una obra que sólo contente a fans de antaño de la banda. Un disco que no les hará ganar nuevos adeptos entre las nuevas generaciones a pesar de que su solvencia y lo que ofrecen todavía puede ser tan interesante como lo que pueden ofertar muchas bandas rockeras de jóvenes algo bisoños con más popularidad ahora mismo como, por ejemplo, pueden ser Two Door Cinema Club o The Vaccines.


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