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Low: Ascetismo musical

Por Juanjo Rueda 0

8.0

Nota
8.0
80%

El título de este disco bien puede hacer referencia -ya sea en cualquiera de las diferentes acepciones de way– a la trayectoria de la banda cuyo debut fue hace casi veinte años y que, en los márgenes del éxito masivo, ha ido llevando poco a poco una progresión que sin hacer excesivo ruido ya se nos antoja esencial en la música de este nuevo siglo.

Los discos de Low siempre han contando con un tono ascético que haría las delicias de San Benito de Nursia pero en este caso han parido un disco -editado de nuevo por Sub Pop- en que vuelven a dejar las canciones casi en los huesos utilizando los elementos básicos. Como digo, no es que no hayan realizado discos caracterizados por el minimalismo y la parquedad -el excelente “Drums and Guns” (Sub Pop, 2007) o el ya clásico “Things We lost in the fire” (Kranky, 2001) son maravillosos ejemplos- ya que ambas son cualidades presentes en su discografía en mayor o menor medida pero en este caso casi todo suena más crudo y simple todavía. Sorprende ligeramente la casi ausencia del bajo -sustituida su función, en ocasiones, por el piano o la guitarra- en el disco, mientras la guitarra eléctrica pierde la fuerza y protagonismo del que gozaba en el anterior y más que notable “C’mon” (2011) en favor de la acústica, aunque todavía hay algún pequeño estallido de ruido al más puro estilo Neil Young (“On My Own”). Apoyándose en piano, guitarra, una percusión más austera que la política social del Partido Popular y las magníficas voces tanto de Alan Sparhawk como, sobre todo, de Mimi Parker (que adquiere un mayor protagonismo vocal en este disco) se las arreglan para volver a construir canciones sencillas pero que, de forma casi invisible, se clavan certeras en una primera escucha y que no hacen más que crecer en las posteriores. Temas como “Amethyst”, “So Blue”, “Holy Ghost”, “Waiting”, “Clarence White”, “Just Make a Stop”, o “To Our Kness” nos revelan que estamos ante un gran disco -otro más- de emoción contenida e íntima, plasmada en canciones que hablan, como ha manifestado Alan en algunas declaraciones previas, de la intimidad, de las diferentes guerras cotidianas (como la guerra de clases), y, como no, del amor. No he comentado hasta ahora que el disco está producido por Jeff Tweedy (Wilco) algo que termina quedándose casi en mera anécdota y que nos muestra que muchas veces tendemos a sobrevalorar la figura del productor ya que en este caso no se nota apenas influencia o cambio significativo en el sonido característico de la banda como pudo suponer en su día su trabajo con Dave Fridmann.

En estos tiempos de música bajada y consumida a golpe de click de ordenador este disco quizá termine en alguna carpeta olvidada de más de un consumidor ávido de más artificio. Los que queden atrapados por este ejercicio de laconismo instrumental, enhorabuena, la música incluida en este disco no se hizo para impacientes guiados por la última moda.


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