banner WIR

My Bloody Valentine – m b v: Las profecías eran ciertas

Por Juanjo Rueda 2

9.5

Nota
9.5
95%

Cuando Fray Luis de León volvió a su cátedra en la Universidad de Salamanca después de cinco años de prisión injusta, soltó la ya famosa coletilla: “Decíamos ayer…”. Bien, pues algo parecido se podría aplicar a Kevin Shields y My Bloody Valentine porque como si de Fray Luis de León se tratarán ellos vuelven como si el tiempo no hubiera pasado, como si “Loveless” (1991) se hubiera publicado el año pasado. Porque “m b v” podría ser el “decíamos ayer…” hecho disco demostrando lo incorruptible de esta propuesta al paso del tiempo.

Esta comparación resulta casi lógica sabiendo el laborioso proceso que siempre ha seguido Shields a la hora de configurar sus discos, un proceso cargado de un perfeccionismo que raya lo enfermizo en el que quizá la perspectiva del tiempo opera en un plano distinto al nuestro. Quizá por estos factores -el paso del tiempo (que genera una ineludible expectativa) y el perfeccionismo del autor- ha habido gente que ha cargado contra el resultado final del disco. Que si sigue la senda de “Loveless” y no innova; que si su sonido no está tan logrado como en ese disco; que si no hay temas tan inmediatos como su predecesor; que si… Está claro que el paso del tiempo ha jugado en su contra al generar una expectativa brutal sobre un disco que muchos ya creíamos que jamás se publicaría. Está claro que el peso de “Loveless” es innegable e ineludible y sería una necedad pensar que no fuera a ser así; “Loveless” ha sido un disco que sí supuso un planteamiento nuevo en el panorama musical y no sólo entre el pelotón shoegaze. Es más, My Bloody Valentine yo creo que siempre trascendieron esa etiqueta, de hecho quizá nunca pertenecieron a ella porque sus discos más que rendir pleitesía al pedal de la guitarra -como hacían el resto de bandas de esa corriente- rendían también tributo al estudio de grabación como otro instrumento. En “Isn’t Anything” (1988) la propuesta musical, aún siendo ya mayúscula, todavía era reminiscente de la distorsión guitarrera precedente pero en “Loveless” había ya temas en que la guitarra sonaba a todo menos a guitarra, o al menos a la concepción del sonido que nosotros tenemos de la guitarra. Ampliaron el campo de acción de todo un sonido y del rock en general, ¿cómo escapar a eso?

A pesar de lo comentado el disco plantea algunos nuevos puntos de fuga y supone una continuación o un retorno acorde a la estatura de la banda por mucho que el disco no es un nuevo comienzo ni para la banda ni, sobre todo, para el panorama musical actual. La triada que abre el disco -”She found now”, “Only tomorrow”, y “Who sees you”- es la que en principio más puede recordar a su predecesor e, incluso, a “Isn’t Anything” (“Only tomorrow”), pero por muy deudoras que sean no le restan un ápice de grandeza a unas canciones que sólo hacen que crecer con las escuchas como la masa de un bizcocho en el horno y que dejan en evidencia a notables calcadores del sonido de la banda durante estos años como Fleeting Joys. “Is this and yes” marca una especie de línea de cambio en el disco con su aire de psicodelia planeadora, haciendo de él el tema más deudor a sonidos ajenos y añejos a la banda, pero, a continuación, vienen “If I am” y “New you” que recuperan y ahondan en la magia más pop que estaba presente en temas como “Soon”. Tras ellas encontramos “In another way” que ya revela nuevas perspectivas uniendo unas bases más percusivas e invariables a lo acostumbrado con la  distorsión y los loops guitarreros. Después de esto viene el largo loop casi industrial de “Nothing is” a la que ni la coartada artística y experimental puede librar de ser lo más flojo y prescindible del disco; seguramente servirá de argumento o asidero principal a quienes quieran atacar la vacuidad del disco con respecto a su predecesor. Disco que termina con “Wonder 2”, un tema que uniendo la experimentación guitarrera a unas bases casi de drum’n’bass muestra que Kevin Shields sigue buscando nuevas salidas a la encrucijada que supone haber parido un disco como “Loveless”.

Ante la tesitura de realizar un nuevo disco tras “Loveless” la banda opta por seguir ahondando en ese mismo sonido a sabiendas que no está agotado y más viendo como bandas de jóvenes llevan unos años recuperando algunos sonidos noventeros que, en comparación, pueden estar muchísimo más sobados. Quizá hubiera sido más provechoso para su imagen -que no para su obra- intentar hacer un disco cargado de influencias y hallazgos ajenos presentándolos como propios buscando la sorpresa (¡hola Portishead!) pero la banda -o Shields- es consciente de que encontró oro y todavía puede seguir rebuscando en la mina. La pregunta que realmente deberíamos hacernos a la hora de valorar este nuevo trabajo, sobre todo los que critican que sigue demasiado la estela de su anterior disco, es ¿por qué ninguna banda ha conseguido, en todos estos años, reproducir en toda su magnitud este sonido?

Por cierto, no quería terminar sin comentar dos cosas. Una es que (casi) nadie ha resaltado el tema de la autoedición. Se entiende que en estos días autoeditar un disco no es algo rupturista pero que una banda como My Bloody Valentine, con un disco tan esperado, opte por la autoedición supone la elipsis perfecta de lo que ha sido la evolución de una industria discográfica que cada día le es menos necesaria a muchas grandes bandas. La segunda es lo curioso que resulta el contraste entre una banda que se toma 22 años en sacar un disco y una prensa musical que casi al día siguiente ya tenía -en muchos casos- reseñas del mismo. Creo que un disco como este requiere de tiempo de disfrute o de escucha y de cierta perspectiva pero, como si de una banda ancha se tratara, parece que en el campo musical cada día prima más la velocidad de la opinión más allá del razonamiento calmado de la misma. Se está obligando al consumidor musical a una gula adrenalítica sin dar oportunidad a una digestión lenta. Pero todo esto ya poco tiene que ver con el análisis del disco en sí y sería tema para otro artículo de opinión.


banner WIR